el paseante

25 Juny 2017


Apoyaba su oído en la negrura
de todas las fachadas más viejas de mi pueblo.
Caminaba despacio y se miraba
en los charcos de lodo del Parque del Retiro.
Y siempre que podía hacía una pausa
en los puestos de fruta al aire libre.
En los días de lluvia sonreía
y contaba las gotas de todos los cristales.
No quería mirar al sol de frente
en las tardes de agosto: le bastaba
con el ardor sediento del asfalto.
Le daba miedo el mar: como los niños,
quería tocarlo todo y se inquietaba
al ver el horizonte siempre lejos.
Le faltaba la luz y el aire y el sonido.
Buscaba a Dios por todas las esquinas.

Autor: Carlos Javier Morales

Ilustración de Catrin Welz-Stein


in memoriam

23 Juny 2017


La alegría es la sombra
de dos cipreses ciegos:
el que se suicidó por si la muerte,
el que aceptó el cuchillo por abrazar la vida.

Autor: Amaia Villa

Ilustración: Van Gogh, “Cipreses” (1889)


balada del soldado conocido

22 Juny 2017


Es el soldado conocido.
Era muy conocido.
Le conocían muy bien
los que le habían perdido.
Qué significan
todos los monumentos
al soldado desconocido.
Era muy conocido.
Todos
eran muy conocidos.
Dejad de enviarle flores
los mismos
que le habéis destruido.
Vosotros lo convertisteis
en soldado y en desconocido.
!Es el soldado conocido!

Autor: Jesús Lizano

Ilustración: Maximilien Luce, “Militares”


rebelde

21 Juny 2017


Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.

Autor: Juana Ibarbourou

Ilustración: Spencer Stanhope, “Caronte y Psique” (1883)


junto al mar

20 Juny 2017


Si muero, que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar.
Serán las aguas grises mi escudo
y no habrá que luchar.

Si muero que me dejen a solas.
El mar es mi jardín.
No puede, quien amaba las olas,
desear otro fin.

Oiré la melodía del viento,
la misteriosa voz.
Será por fin vencido el momento
que siega como hoz.

Que siega pesadumbres. Y cuando
la noche empiece a arder,
Soñando, sollozando, cantando,
yo volveré a nacer.

Autor: José Hierro

Ilustración: Kitty Kielland, “Losstasjon”


naves

19 Juny 2017


He abierto el balcón.
No te asustes,
no es esto el vértigo que anuncia la caída
sino permanecer inmóvil, dentro, tras los muros.
El vértigo es no saltar.
Es mi gesto de todas las mañanas; abrir el balcón,
leer el periódico, escuchar las noticias
y reunirme, quizá no del todo, conmigo misma
en esta elección diaria de permanecer aquí, todavía.
La realidad, a primera hora, ya está sellada.
Con el balcón libre y despejado,
asomada a un abismo que siento dentro
me pregunto cómo puede esta calma
formar parte del naufragio.
Es el tiempo del temblor,
del canto en este borde difuso al mediodía
donde la luz no vence y es la lluvia
la que dicta su palabra sin pausa:
lo malo es lo que anuncia.
Este es el equilibrio
en el que sostengo no sólo mi taza
sino el mundo golpeando
una y otra vez en los cristales.
He abierto el balcón.
Pero yo… miro hacia arriba.
Imagino el peso del espacio.
Estoy sosteniendo el aire.
Miro hacia arriba.
Estoy esperando, siempre,
a que vengan a buscarme.

Autor: Tulia Guisado

Fotografía de Noell S. Oszvald


antepasados huéspedes

18 Juny 2017


Todos los caminos
han conducido a mí.
El idilio de las abuelas
y las lluvias sobre los estanques
en las lejanas mañanas perezosas.
Las indiferentes ruecas
de pasadas primaveras marchitas
y el viento entre colinas
golpeando el atardecer.
Las anchas fauces olvidadas
exhaustas ya de tierra madre
desorbitadas total
exangües de silencio y espera.
Aquel que preguntó
el otro que no fue bien amado
ese que rudamente habló a Dios
y todos estos que en legión
más cercana y antigua
sorbieron la humilde gota misteriosa
que nos es ofrecida
por incumplidos cauces de promesa y de sangre.
Estáis allí
atónitos huéspedes
de cada primavera
en desvanecimiento convertidos ya
absorbidos en el puro eco
sin respuesta de mis manos
contemplando el mundo
y los enamorados de abril.
¡Ah hermanos…
hermanos míos en la muerte…!
Sagrados emigrantes hacia la orilla de los Cielos
sobre mi corazón resbaláis hondamente
como los ciervos moribundos al caer en la nieve.
Millones de días como éste
sin sentido reposan en ceniza
y mis sueños sonríen quedamente
deslizados por vuestros ríos secos.
Los pinceles del sol han esponjado tierra
y de vuestra savia una sabiduría extraña
su zumo ha cimentado
para nuevas mañanas con cuello de muchacha
y flores de gacela.
Habéis conducido a mí…
mas yo soy el que canta
yo sólo… sí… yo sólo…
que contengo un otoño bajo mis suelas rotas
de vagabundo dios de las bodegas.
Han desaparecido las nubes
y diviso las primeras estrellas
de los rojos equinoccios de marzo.

Autor: Miguel Labordeta

Ilustración de Albert Bertelsen


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