el eclipse de los ausentes

24 Octubre 2021

“Allí siguen los que se han ido
sin decirme adiós”

(Gabriel A. Jacovkis)

Fue la cicatriz herida
y la indolencia será
albergue de la memoria.

Mientras ampare la lumbre
el eclipse de los ausentes.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Mariamne Photo

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)


la voz del niño

22 Octubre 2021

ignorando que el hombre del saco
es quien le besa
cada mañana
en la cancela de una devota escuela.”
(Javier Solé)

Cuando sea grande
escribiré poemas
en revistas que se llamen “Proa”,
o “Combate” o “Adalid”.
Podaré un cerezo
y haré caminatas con mi perro
por una montaña
que albergó esperanzas.
Buscaré el nombre perdido
entre los restos de la historia.
Cuando sea grande
soñaré con una infancia verdadera.
Pero entonces será tarde.
Demasiado tarde.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Fuente original:

https://paramiuncortado.wordpress.com/2021/09/09/la-voz-del-nino/

Ilustración: Courbet, “Autorretrato con perro” (1842)

Un joven que lleva un sombrero de ala ancha y redonda está sentado en la tierra, flanqueado por un perro negro. La figura, apoyada contra una gran roca, mira al espectador mientras sostiene una pipa. Detrás de él, contra la piedra y sobre la hierba un libro y un bastón. A lo lejos, se observa un paisaje: un valle, árboles y colinas, dominados por cielos azules y nubosos.


la fábrica dormida (Daniel Vázquez Díaz, 1925)

21 Octubre 2021


Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) está considerado un artista entre el realismo y el cubismo. Fue un retratista y paisajista sobresaliente.

La fábrica dormida – de la que existe una versión previa bajo el título La fábrica bajo la niebla– es un buen ejemplo del cubismo del artista. El cuadro, pintado durante una de sus regulares estancias en el País Vasco, recoge una vista de la península de Capuchinos en Rentería (Gipuzkoa) y de las instalaciones fabriles que allí tenía la Real Compañía Asturiana de Minas. La obra guarda relación con los paisajes de Cézanne y, sobre todo, con los pintados por Picasso en Horta de Ebro en 1909. Vázquez Díaz ha tratado de captar la estructura arquitectónica del paisaje, redu¬ciendo todos los elementos –montañas, edificios, chimeneas, montículos de carbón, construidos a partir de grandes planos– a formas geométricas puras. El color, limitado a la gama de los grises, blancos y azules, trata de recrear la atmósfera húmeda y brumosa característica del norte. Tonos contrastados pero sobrios para una factoría reducida a formas geométricas simples, bajo líneas curvas y suaves.


En “Los monjes blancos” (1925) la relación con la obra de Zurbarán es evidente, tanto en la elección del tema –la representación del refectorio en el momento en que los cartujos bendicen la mesa, en la que ha situado un bodegón– como en la importancia concedida a la descripción de los luminosos hábitos blancos. Las distorsiones de la perspectiva tradicional y el recogimiento silencioso de los monjes refuerzan esta relación.

En esta obra, “Los hermanos Baroja” (1925), ligada al entorno intelectual y literario, el pintor supera con su arte el retrato cortesano burgués que el siglo XIX había puesto de moda. Es un cuadro que refleja la amistad de Vázquez Díaz con los hermanos Baroja, iniciada años atrás, cuando acababa de llegar a Madrid. En un interior, con grandes vigas entre las que se filtra la luz, los dos personajes están sentados. A la izquierda, el pintor y grabador Ricardo fumando en pipa, con la estampa del retrato de Fernando VII a caballo, óleo pintado por Goya por encargo de la Academia, sobre sus rodillas. Junto a él, el escritor Pío, con aspecto descuidado, tocado con boina, evoca una apariencia entrañable, a pesar de su fama de hombre huraño. Don Pío apoya su mano derecha sobre un libro mientras sostiene unas cuartillas escritas en la izquierda. En la obra predominan las tonalidades frías. La geometrización y la plasticidad son características del autor, que denotan su paso por París y su contacto con el cubismo.


te harás llamar Alejandra

20 Octubre 2021

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”

(Julio Cortázar)

De nuestro próximo encuentro,
haremos un algo casual, para nada casual,
en que el azar, tendrá poco o nada de azaroso.

Será un atardecer, en París, sobre el Pont des Arts.
Irás vestida de amarillo estrella
reclamando para tu talle un universo
y apoyada en la baranda,
prenderás un Gitanes, sólo para la ocasión.

Bajo mi entusiasmada gabardina de poesía y niebla,
te estaré observando desde la orilla cobriza del Sena.
Iré a tu encuentro, con la prisa de la última luz y la vida nuestra.

Mi nombre será Julio, te harás llamar Alejandra.

Autor: Txema Anguera


la merienda (Evaristo Valle, 1905)

19 Octubre 2021


La obra representa la merienda campestre -sidra, algunas manzanas, tal vez dulces o bollos preñaos envueltos sobre el mantel- de un grupo de aldeanos acomodados, en un paisaje costero que recuerda al del concejo de Carreño. A ellos se acerca, apoyado en una muleta y con su hato al hombro, un pedigüeño que extiende el sombrero. Al fondo, una ermita con su pórtico, según el tipo frecuente en el concejo, y un tejo a su lado, como es costumbre en Asturias. En torno a él, se aprecia una multitud de pequeñas figuras, pabellones de feria, entoldados y barracas que llegan a la linde de un bosquecillo cercano.

La intención satírica del grupo humano y la poesía del paisaje forman un contraste artístico intenso; todas las figuras viven, pero sobre todas el viejo alegre y decidor, la comadre y el mendigo. En el paisaje, la nota alegre de la ermita destacándose sobre la ladera de la montaña iluminada en la cumbre, el mar que muere en ondas suaves en la playa, evocan todas las bellezas del paisaje asturiano.

Un grupo familiar a la salida de un bautizo o una misa de ofrecimiento de un recién nacido, con motivo de alguna festividad religiosa, es el protagonista de esta romería. Al fondo, a la izquierda, se sitúa la iglesia. En primer término, los distintos grupos de figuras, excelentemente caracterizadas en sus movimientos, gestos y actitudes, se recortan sobre el paisaje de colinas. Como La merienda La romería (1909) forma parte de una serie de lienzos en los que Valle plasmó una auténtica colección de frescos de la sociedad rural asturiana, que recuerdan algunas de las representaciones de las tradiciones piadosas de Bretaña del academicismo francés, posteriormente traducidas por Paul Gauguin (1848-1903) al lenguaje postimpresionista. Los personajes, dispuestos como en un friso, se constituyen en estudios psicológicos de cada individuo, como en El niño de las cerezas, El paseo de la marquesa o Romería. En numerosas ocasiones, uno de ellos interpela directamente al espectador con su mirada, encarnando la opinión del artista con respecto a temas diversos: los contrastes entre la mendicidad y la burguesía acomodada, las relaciones familiares o la religiosidad primitiva. En este caso, es el joven del extremo derecho de la composición, que podría ser el padre del niño; en el extremo opuesto, la madre del pequeño, con vestido rosa y toquilla negra sobre los hombros. Recibe los parabienes de una campesina, sentada junto a dos mozos y otra mujer de perfil perdido que puede ser su hermana. En el centro está la abuela, flanqueada por otras dos nietas. La mayor mira al recién nacido, a quien sostiene la madrina, tal vez la otra abuela. En el eje de la escena, la niña más pequeña se lleva la mano a la boca en un gesto infantil, y se destaca del conjunto con su vestido anaranjado con toques o lunares más claros.

Evaristo Valle (1873-1951) es uno de los grandes nombres del arte de entre siglos y que, sin embargo, permanece sepultado bajo el peso de la historia. A la altura de otros ilustres pintores como Regoyos o Beruete, Valle no alcanzó en vida el reconocimiento que sin duda merecía. Su carácter introvertido y su dificultad en las relaciones personales supusieron un obstáculo importante en el impulso definitivo de su obra.

Su estilo pictórico se caracteriza por unos efectos lumínicos a medio camino entre lo experimentado por algunos impresionistas y el sistema cromático fauvista.

Con todo ello, aplicado a su mundo costumbrista, consiguió en su momento efectos verdaderamente sorprendentes, y adquirió un creciente prestigio artístico tanto en su país como en el extranjero. Sus series costumbristas vinieron a ser complementadas a partir de 1927 con cuadros de escenas populares caribeñas de encendido colorido, similares, al menos en lo superficial, a los célebres cuadros isleños de Gauguin.

Simultáneamente, desarrolló el motivo de la máscara y el carnaval, ámbito en el que consiguió algunas de sus mejores series pictóricas. Las escenas carnavalescas de Evaristo Valle se asocian de manera inmediata con las de su contemporáneo Solana aunque en ocasiones parezcan inspiradas en algunos de los Caprichos de Goya.

El conjunto de su obra, dedicada en su mayor parte a la representación de temas populares asturianos y paisajes de su tierra, puede en general enmarcarse dentro de un expresionismo figurativo de línea regionalista. Además de sus Carnavaladas y cuadros de tema caribeño, debe destacarse su atención a mineros, pescadores, marinos y a las clases trabajadoras tradicionales, tipos que responden a una intención no sólo estética, sino también testimonial.

Otras ilustraciones: “En el malecón” (1929), “Carnavalada de Oviedo” (1929) y “En la cuenca carbonera” (1929)


cuenta pendiente

18 Octubre 2021

Todo lo escribí para mí,
para acercarme a mí
y saber medir la distancia
entre la carne y sus noches.

Todo lo que deshice:
tropezar,
acoger la tormenta
en renglones de aire
fue para llegar temprano
a los otros.

Ahora tomo el fruto
de la rama inasible
que se agita en silencio
a un lado de mi voz.
Caída,
callada,
insignificante.

Todo te pertenece ya a ti,
paisaje. Todo lo que escribí
sin más rastros de mí.

Así salda su cuenta el verde.

Autor: Joan de la Vega

Ilustración: Guy Rose, “Carmel Hills” (1914)

 


dos viajes

17 Octubre 2021

La chica del tren se seca las lágrimas
con la manga de la rebeca
al pasar la última página
de un libro.
Después mira por la ventana
y sonríe.
Lo que daría yo por llegar,
pronto,
a la última página.
Lo que yo daría
por un final feliz.

Autor: Begoña Moreno Rueda

Fuente original:

http://elarpadener.blogspot.com/2014/02/dos-viajes.html


las hijas de Edward Darley (John Singer Sargent, 1882)

16 Octubre 2021

En “Las Hijas de Edward Darley Boit” (originalmente Retratos de niñas) Sargent pinta a cuatro niñas, las hijas de Edward Darley Boit y Mary Louisa Darley, en el recibidor de su lujoso apartamento de París, decorado con una elegante alfombra en tonos azules y dos gigantescos jarrones japoneses. Las cuatro llevan un delantal blanco encima de sus vestidos, una prenda que solían utilizar las niñas para no mancharse mientras jugaban.

Probablemente, este sea uno de los retratos de grupo más raros que se hayan pintado nunca. La composición es inusual para un retrato de grupo. Cuando a un artista le encargan hacer un retrato familiar de este tipo, lo normal es que coloque a todas las figuras en un mismo plano, procurando que ninguna destaque demasiado sobre el resto. La composición de esta obra de Sargent desconcertó a sus contemporáneos y sigue descolocándonos a día de hoy.

Sargent coloca a las niñas por orden de edad: la más pequeña delante y las mayores al fondo.

Vestidas con blancos delantales, las niñas están dispuestas de modo que la más joven, Julia de cuatro años, se sienta en el piso, Mary Louisa de ocho años se encuentra de pie a la izquierda, y las dos mayores, Jane, de doce, y Florence, con catorce, están al fondo, parcialmente ocultado en sombra.​

La crítica moderna ha reconocido las cualidades inquietantes de la pintura, que es tanto un cuadro bellamente pintado como psicológicamente desconcertante, en que las niñas parecen verse en fases sucesivas de la infancia, retrocediendo hacia la alienación y pérdida de la inocencia a medida que crecen.

La historiadora del arte Barbara Gallati ha sugerido que la ubicación de las dos chicas mayores, al borde de una entrada oscurecida y ambigua, simboliza su maduración hacia un futuro desconocido.

Tal vez Sargent intentaba representar las diferentes fases de la niñez. Las dos hermanas pequeñas, de cuatro y ocho años, están en el recibidor, más próximas al espectador y fuertemente iluminadas por la luz que entra por la ventana de la izquierda (que no vemos). Las dos mayores, de doce y catorce años, están en el umbral que lleva a la habitación del fondo, una sala oscura que simbolizaría el mundo desconocido de la adolescencia. De hecho, la de doce, a medio camino entre la infancia y la adolescencia, está mirando al espectador, igual que sus dos hermanas menores, mientras que el rostro de la mayor queda casi oculto por las sombras.

Este cuadro se ha comparado muchas veces con “Las meninas” de Velázquez. Es probable que Sargent se inspirase en el pintor barroco porque las dos obras tienen muchos elementos en común: la temática infantil, la complejidad del tema representado, la profundidad de la estancia, que se pierde en la lejanía (espejo incluido), el tamaño y el formato del lienzo y esas pinceladas grandes y rápidas, que vistas de cerca no son más que borrones y que de lejos se convierten en figuras y objetos perfectamente definidos.


Simone Weil medita sobre la transparencia

15 Octubre 2021

Encara que plogui de nit
l’aigua no es torna negra.

Autor: Gemma Gorga

Ilustración: Jozef Israëls, “A lo largo de campos y caminos” (1892)

Una mujer vieja, probablemente una pescadería, ayuda a empujar un perro carreta un desolado camino campestre. En el fondo los prados o campos. La mujer tiene un sombrero en la cabeza y una cesta en el brazo izquierdo.


consuelo

14 Octubre 2021

 

“Feliz
como cola de perro”

(Anna Świrszczyńska)


Hay un perro imaginario
lamiéndote las heridas.

Autor: Javier Solé

Fotografía Trostski y Esther, enero 2017

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)


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