en otros mundos

19 Octubre 2020

Deja un poco más de cuerda en tu cometa.
Alan Cohen

Mi madre le daba de comer al humo
hojas de hierbabuena y madera de bosque artúrico.
Humo a cambio nos dejaba tocar su cuerpo insumiso y delicado.
Junto a él nos elevábamos hacia mundos etéreos
donde el tiempo y el miedo no existían.
Tampoco el odio o el hambre
allí el verbo sospechar estaba desterrado del diccionario
y la muerte escribía manuales de supervivencia
para los vivos que querían seguir siéndolo.
En aquellos mundos,
la luna era dueña de una parte de la noche,
el resto pertenecía a los músicos,
poetas y camareros.
Cuando volvíamos a la tierra,
el sabor de la guerra nos invadía de nuevo,
hasta hacernos sus prisioneros.
Esta noche
la tempestad
no encuentra escenario
donde actuar

Autor: Marta Navarro

Fotografía de Oleg Videnin


la bañista de Valpinçon (Ingres, 1808)

18 Octubre 2020


En 1806 Ingres se trasladó a Italia para continuar con su aprendizaje. Como pensionado que era debía enviar anualmente una serie de obras a la Academia, que evaluaba sus progresos. Una de ellas es la Bañista de Valpinçon, en la que exhibe su ideal de belleza femenina.

Ingres cultivó el orientalismo sobre todo a través de sus desnudos femeninos. Son pinturas dominadas por un sentido irreal de exotismo, curvas sinuosas y exquisita belleza.

La composición está dominada por la figura de la mujer desnuda, siendo mínima la escenificación: una cama cubierta por una sábana blanca y una cortina de color verde a la izquierda.

El torso femenino está realizado con un gran refinamiento de contornos y de colores. La mujer está iluminada por los reflejos difusos de la toalla y del turbante que limita con líneas arabescas. La luz se concentra en la espalda de la mujer.

La gran figura está representada de espaldas, con un cuerpo bastante voluminoso, siendo casi un cilindro representado en un espacio cúbico, limitado por los tonos fríos de las paredes. No tiene rostro, ya que lo poco que se ve de él, está velado por la sombra. Pero junto a esta parte oscura, destaca una nota de luminosidad, la que pone la tela que le envuelve la cabeza, de color blanco que se torna cálido al contacto con los rojos del bordado. Este turbante que recoge el pelo de la protagonista trae reminiscencias orientales, justo en una época que asistirá al interés por todo lo que suene a exotismo.

El atractivo radica sobre todo en la monumentalidad de la figura individual. Presenta el ideal de belleza femenina de Ingres, a pesar de apreciarse algunas incorrecciones anatómicas, como la planta del pie hinchada, la excesiva delgadez de las piernas y la ausencia de caderas.

En cuanto al cromatismo, predominan los tonos cálidos de la piel de la mujer, que contrastan con el blanco puro de la sábana y el verde oscuro de la cortina.

Algunas personas sostienen una interpretación simbólica de esta pintura, dado que las sábanas, la cama, y la piel de la mujer son inmaculadamente blancas, mientras que la cortina que da privacidad al baño, a la izquierda de la obra, se encuentra en tonos oscuros. El acto de bañarse implica una limpieza, no solo corporal, sino del alma. Este símbolo es heredado del concepto cristiano del bautismo, donde se sumerge al creyente en agua para que sea lavado de pecado y convertido en una nueva persona.

O puede que sea sólo una mujer, una cama y una cortina.


a la deriva

17 Octubre 2020


Vierte
en el mar el exiliado
un costal con tierra.

Y Judas
las treinta monedas de plata.

En las aguas,
a la deriva,
Ellos.

Los Muertos.

Los Niños.

Los Apátridas.

Tú mismo.

Todos. Nosotros.

Autor: Javier Solé

Ilustraciones: Claude Monet, “Acantilados de Etretat, atardecer” (1885) y “El acantilado de Étretat. Puesta de sol” (1883)


Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (Pissarro, 1897)

16 Octubre 2020


Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia pertenece a una serie de quince obras que Camille Pissarro pintó en París desde la ventana de su hotel situado en la place du Théâtre Français, durante el invierno de 1897 y 1898. Pissarro, que había vivido casi siempre en el campo y era básicamente un pintor de paisajes —y uno de los primeros en practicar con convicción la pintura al aire libre—, al final de su vida tuvo que trasladarse a la ciudad, por motivos de salud. Fue entonces cuando comenzó a pintar vistas urbanas asomado a las ventanas, captando la actividad cambiante de las calles de ciudades como Ruán o París. Estilísticamente, esta última década de su vida coincide con su vuelta a una pintura de factura impresionista, tras haber experimentado durante un corto periodo de tiempo la influencia de Seurat. La técnica puntillista, que abandonó por excesivamente rígida, le ayudó a aligerar su paleta y a componer sus últimos cuadros de forma menos rigurosa.

Pissarro trabajó afanosamente en este ciclo sobre las calles de París, animado sin duda por la promesa de Durand-Ruel de exponerlo en su sala. Eligió uno de los nuevos escenarios urbanos creados durante el Segundo Imperio (1852-1870) por el barón Georges-Eugène Haussmann, quien no sin despertar grandes polémicas, había convertido París en una ciudad moderna, atravesada por grandes avenidas que permitían ver lejanas perspectivas a través de las diferentes axiales. En esta serie, el pintor no sólo cubrió todo el campo de visión que tenía desde su habitación —la rue Saint-Honoré, la avenue de l’Opera y la propia plaza situada junto al hotel—, sino que reelaboró las mismas composiciones con luces cambiantes.

El modelo pictórico de vistas urbanas tomadas desde una posición alta había quedado establecido por Monet en su famoso lienzo del Boulevard des Capucines, presentado en la Primera Exposición Impresionista, de 1874. Pintado un año antes desde la ventana del estudio de Nadar, Monet dejó una imperecedera imagen del nuevo ajetreo de la ciudad.

En las tres pinturas que realizó de la rue Saint-Honoré, Pissarro nos ofrece una visión en perspectiva de esta calle con la esquina de la place du Théâtre Français en primer término. Utiliza, como Monet, un punto de vista alto, aprovechando así los ángulos visuales en escorzo. Establece un juego de formas circulares y rectangulares; de verticales, formadas por los árboles y las farolas, cruzadas por la diagonal de la alargada calle, que en su parte final se convierte en una especie de espejismo. En las tres imágenes muestra la belleza y la poesía de la ciudad.

En esta obra la escena está captada a primera hora de la tarde. Por la calle circulan varios coches de caballos y los peatones, que pertenecen a todos los estratos sociales, están individualizados y no tratados como masa. Ha llovido y todavía caen algunas gotas, lo que hace que algunos viandantes lleven abiertos sus paraguas. En otra versión, la escena está iluminada por la fuerte luz del sol de la mañana y en la tercera de las versiones, la ciudad está ensombrecida por la apagada luz del atardecer.

El punto de vista alto era también un recurso del que se valía el pintor para distanciarse de la escena. Este encuadre, utilizado por Pissarro para los temas urbanos, difiere del de los paisajes o las escenas rurales, pintados con un punto de vista más próximo, para expresar el contraste entre la vida del campo y la vida de la ciudad. No hay que olvidar que las últimas obras de Pissarro coinciden con la radicalización de su ideología, que se fue acercando paulatinamente al movimiento anarquista. Fiel a estas ideas políticas, el mundo rural era mostrado como modelo de un estilo de vida armonioso, como representación idílica de una nueva Arcadia.


sombras chinescas

15 Octubre 2020


Hostigada la alborada
por la sombra que nunca fui.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)


tus manos

14 Octubre 2020


“Hay que buscar refugio
para los días que vienen.
Ningún paraguas salva
de la melancolía”

(Ana Belén Martín Vázquez)

Tu no ser
lanza piedras a los cuervos
desvanece el reflejo
del fantasma en los charcos
vierte risas ingrávidas
a las pavesas del lago.

Te mofas con ternura
de mi sombra encorvada.
Me despojas del sombrero
y en el cuello te anudas
tu última bufanda.
Con un conjuro ahuyentas
el quebranto de la tarde.

Este escalofrío
son tus manos
inertes y fuertes
que me abrazan.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Charles Corbet, “Melancolía” (1910)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


lo fatal

13 Octubre 2020


He nacido entre muertos y mi vida
es tan sólo el recuerdo de sus almas
que, lentas van soñando entre mi sangre
y sobre el mundo ciego la levantan.

Quedó lejos la tierra, mis raíces
no saben del frescor que en ella canta.
De invisibles cenizas es mi cuerpo.
Los muertos de la tierra me separan.

Quisiera ser yo mismo, luz distinta
brillando cada día con el alba,
estrella de la noche, siempre joven,
que fulge de sí misma solitaria

Pero ya no estoy solo, mi se vivo
lleva siempre los muertos en su entraña.
Moriré como todos y mi vida
será oscura memoria en otras almas.

Autor: José Luis Hidalgo

Ilustración: Viktor Popkov, “Old man”


fe

12 Octubre 2020


La incertidumbre también cabe
en el campo de la física:
una partícula puede estar
en dos lugares al mismo tiempo.

Nuestra fe es pasmosa;
el valor de un misterio
depende de la confianza
de los que intercambian algo
a costa de él.

No existe correspondencia ya
con la materia prima o su pureza.

Lo mismo pasa con la niebla.
Lo mismo, con el amor.

Autor: Sara Medina

Ilustración: Friedrich, “Niebla en la montaña” (1808)


canto de campanas

11 Octubre 2020


Un canto de campanas
En la hondonada del valle
Sube como una humareda oscura
Atraviesa la montaña
Se mezcla con las nubes
Da la vuelta al mundo
Herida mi alma adormecida
En un pliegue del sueño

Autor: Anne Hébert

Ilustración: Rockwell Kent, “in the adirondacks”


la tentación de San Antonio (Dali, 1946)

10 Octubre 2020


Vemos en este cuadro un gigantesco caballo seguido de inmensos elefantes de delgadas patas alargadas. En un primer plano San Antonio Abad en un desierto, arrodillado y desnudo protegiéndose de las tentaciones del demonio con una cruz. Delante de él hay una calavera.

El caballo encabritado debe interpretarse como una alegoría de la fuerza y la lujuria. Los elefantes portan sobre sus lomos atributos sexuales en forma de una mujer desnuda y elementos fálicos. Si observamos detenidamente la perversa escena podemos apreciar una sucesión de tentaciones en forma de sexo, oro y riquezas representados por la mujer, la pirámide y una casa dorada con una hembra mostrando sus senos.

El cuadro describe literalmente las tentaciones a las que el hombre normalmente cae:

Triunfo, representado con el caballo, el cual tiene sus pezuñas desgastadas y llenas de polvo. Este animal recuerda a los jumentos esqueléticos de los primeros cuadros surrealistas del autor.
Sexo, representado por la mujer sobre el primer elefante.
Oro y riquezas, representados por los dos elefantes sobre los que hay una pirámide y una casa de oro y dentro de esta última, un busto de mujer lo aguarda.

Un caballo encabritado, elefantes y mujeres desnudas.

Sin embargo, aún hay mucho más. El último paquidermo carga un monolito sobre sus lomos. Y a su lado, sobre las nubes, se adivina un castillo escondido, promesa de ocultas riquezas. También repasando más minuciosamente la escena podemos descubrir algunos pequeños detalles que inicialmente pudieran pasar desapercibidos. Como ese ángel blanco misterioso que sobrevuela el desierto. Dos personajes desconocidos que parecen discutir acaloradamente, y más lejos aún, un hombre lleva de la mano a su hijo, probablemente el joven Dalí.


%d bloggers like this: