las palabras y las cosas

15 gener 2018


Yo no lo recuerdo
pero mi madre me cargaba en brazos
cogía entre las suyas
mis dos pequeñas manos
que no eran manos todavía
que eran ruiseñores mudos y ni eso
que eran cabos sueltos
y me hacía tocar los objetos de la casa
uno a uno.
Me presentaba el mundo,
consciente supongo,
de que el mundo se conquista con las manos.
Naranja, cuchara, libro, nariz, hermana,
inaugurando los sonidos
me ofrecía sus texturas y sus formas,
para que yo ensamblara mentalmente
las palabras y las cosas,
para que yo tendiera esa cuerda necesaria
entre vivir y pensar,
para enseñarme en fin…
la piel de las palabras.
Mi madre, al final nunca lo supo,
logró lo que quería
yo terminé más o menos
llamando a las naranjas por su nombre.
Pero aunque el mundo hasta hoy
me siga pareciendo incomprensible
y aquella cuerda se deshaga con la lluvia
lo que de verdad le agradezco
en noches inflamadas como ésta
desde aquí
desde el oro azul de sus palabras
es este afán incorregible
por tocarlo
todo

Autor: Miguel Martínez López

Ilustración: Osip Braz, “Mother and Child”


la vicaría (Marià Fortuny, 1870)

14 gener 2018

fortuny-la-vicaria-1870

“El matrimonio acaba muchas locuras cortas con una larga estupidez” (Friedrich Nietzsche)

Marià Fortuny fue el artista español más importante de su época, después de Goya, y gozó en vida de reconocimiento internacional. Fortuny se hizo especialmente famoso por sus pinturas de género preciosista –la llamada «pintura de casacas»– realizadas con una habilidad técnica prodigiosa, propia de un virtuoso, que representan temas ambientados en el siglo XVIII.

La vicaría es una pintura cumbre del denominado estilo preciosista, encuadrado en la pintura realista y que alcanzó gran éxito en toda Europa como expresión de un realismo burgués exento de la crítica social habitual en este estilo.

La vicaría representa el momento en que los testigos de una boda firman en la sacristía, separada del templo por una magnífica reja que el pintor localizó en una iglesia romana, siendo el elemento culminante del trabajo. El artista pone gran atención en los detalles de los trajes, la decoración de la sala y el ambiente. Todos los invitados a la ceremonia están pendientes del acto mientras en la zona derecha unos majos y un torero están ausentes del protocolo, al igual que los dos hombres de la izquierda. La escena está ambientada en el siglo XVIII como los cuadros de “casacón” que tanto éxito cosechaban en Europa, sirviendo como modelo la esposa del artista, Cecilia, para la mujer que habla con la novia, la mujer rubia y la señora de espaldas; Arlechino sirvió para el torero y Nicolina para la mujer que se abanica, siendo los demás personajes modelos profesionales que Fortuny utilizaba en variadas ocasiones.

La imagen es un perfecto retrato de la sociedad española del siglo XVIII con su clérigo, su torero, sus damas encopetadas, sus majas, el militar, hasta el demandadero de las ánimas del purgatorio, la extraña figura que con el torso desnudo, la cabeza encapuchada y una bandeja en las manos otorga a la escena un aspecto fantasmal.

El pintor plantea la obra con una amplia concepción espacial, distribuyendo las pequeñas figuras en los diferentes episodios que aparentemente están aislados pero forman un excepcional conjunto, descentrando la escena principal.

Las principales características de la obra de Fortuny se resumen en esta obra: cuidado dibujo; minuciosidad y preciosismo; delicadeza y verosimilitud en los detalles; amplitud espacial; gran sentido del color y estupendo estudio lumínico; perfecta captación de los distintos tipos de telas y sus calidades descriptivas; interés por las expresiones de los personajes que se convierten en auténticos retratos; pincelada rápida y fluida a la par que precisa; interés por el estudio de los reflejos que provoca la luz blanca.


a veces sopla el viento

12 gener 2018


A veces sopla viento
y notas en la piel
una arruga perfecta
que marca un horizonte
sereno como el agua.
A veces sopla arena
se levanta una sombra
en la edad de tus ingles
y cual hombre que empieza
te notas más descalzo
incluso desde adentro.
Y a veces si te nombran
los lugares, los orígenes,
nace en ti un nudo sensato
que va atando tu memoria
al recuerdo terso de la carne.
Que no quede nada de ti
será la recompensa del pasado.

Autor: Tomás Rivero

Fotografía: joan vilatoba, “desnudo con calavera” (1915)


el cuarto oscuro

11 gener 2018


Cuando el cuarto está oscuro
encendemos la luz.

Podríamos subir la persiana
invitar a las nubes entren por las ventanas
curiosear en la vida de nuestros vecinos
o, sencillamente,
fantasear.

Como hacíamos antaño los domingos
cuando las hijas eran pequeñas
los cuatro en la cama más grande
espiando a las gaviotas en los tejados
hablando de nuestras cosas
o planificando la jornada.

Y jugando entre risas
a dilatar el tiempo.

Cuando el cuarto está oscuro
encendemos la luz.

Casi no hablamos ninguno de los tres
hemos dejado de espiar a las personas
tienen las nubes prohibidas las visitas
sólo nos gustan las gaviotas en vuelo.

A veces,
cuando el cuarto está oscuro
ni siquiera encendemos la luz.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Andrew Wyeth, “Master Bedroom” (1965)

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)


el suicida

10 gener 2018


No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.

Autor: Jorge Luis Borges

Ilustración: Maurice Chabas, “L’tang au clair de lune”


desierto

9 gener 2018


Camino
sobre antorchas
de silencio.

Oigo sombras:

son los pasos del sol.

Autor: Ángel Guinda

Ilustración: Felix Vallotton, “Low Tide at Villerville” (1922)


la primera vez

8 gener 2018


La primera vez que desnudas por dinero
tu frágil cuerpo en una habitación
sucia y fría de la Calle Montera,
la primera vez que escribes un mal poema
y juegas ante todos a ser Baudelaire,
la primera vez que en aquella casa abandonada,
entre escombros y ruinas clavas la aguja
en la piel aún tan blanquecina y joven,
la primera vez que mezclas cocacola con ginebra
a los dieciséis y crees que el tiempo no existe,
la primera vez que estás solo en la oscuridad
de una celda de viejas paredes desconchadas
y rezas una oración que apenas recuerdas,
la primera vez que sentado en una silla vencida
por el peso de los cuerpos de tantos otros,
aguardas turno en el pabellón de psiquiatría,
la primera vez que en mitad de una madrugada
de noviembre, piensas en anudar una soga a tu cuello,
la primera vez que con tu primer hijo haces cola
una soleada mañana de enero en el comedor social
del barrio donde una vez fuiste niño,
todas esas veces que en un solo instante,
cambiaron para siempre nuestras vidas.

Autor: Ismael Cabezas

Ilustración de Aida Sabic


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