nocturno

26 Juliol 2021

Hijas, esposa, amigos:

En las noches de invierno
también cantan los pájaros.

Autor: Javier Solé

Ilustración de Daria Petrilli

Del libro de poemas “En el umbral del eclipse” (ISBN 978-84-1398-333-2)


la tarde en Barbizon (Charles-François Daubigny, 1852)

25 Juliol 2021

Charles-François Daubigny (1817-1878) fue uno de los pintores de la Escuela de Barbizon y es considerado un importante precursor del impresionismo.

La tarde presenta un paisaje tranquilo que ilustra la caída del día. Dos mujeres, casi invisibles en una naturaleza ordenada, han venido a lavar algunas prendas antes de que se haga de noche. Las copas de los árboles parecen contemplarlas; unas barcazas alineadas sobre el agua tranquila. Todo es equilibrio. Pese a los nubarrones grises, el cielo no es amenazador. Es el epílogo de una jornada que muta en crepúsculo en una infinita claridad. Daubigny emplea una pincelada nerviosa para pintar un cielo en movimiento

Una poesía casi romántica se desprende de esta simplicidad…


añoranza

24 Juliol 2021

A Laia


Tarde de cielo sereno.

Pienso en preguntas baldías.
En el tedio de la vida.
En los fuegos extinguidos.
En promesas postergadas.

Contemplo durante horas
esa belleza oculta
en el vuelo del vencejo.
Bálsamo para la pena.

¡Y qué lejos y qué alto!
pernocta el errabundo.
Útero y sarcófago.
Paraíso del prófugo.

Autor: Javier Solé


les dues nevades

23 Juliol 2021

LES DUES NEVADES

En veure nevar tant pertot arreu,
tu i jo hem recordar, sense moure’ns de casa,
La neu on vam trobar el nostre amor.
Feia poc que ens havíem conegut
i vam passar aquell dia fins a la matinada
passejant pels carrers il·luminats
per una càlida llum blanca i freda.
Vam descobrir una nova intimitat
que per als dos encara era desconeguda.
La teva mà, enguantada dins la meva,
havia començat a salvar-me la vida.
Lluminosos i foscos han passat seixanta anys:
fins i tot al més durs hi ha hagut l’escalf
d’aquells carrers nevats.
També aquest últim, quan debilitat
pel limfoma i la químio que no em cura,
t’he tingut al costat amb el mateix somriure,
ajudant-me a compondre aquestes poemes.
Te’ls ofereixo. Per a mi és un any
dels més feliços de la meva vida.

Autor: Joan Margarit

Fotografía: Barcelona, Las Ramblas, nevada año 1962

LAS DOS NEVADAS

Viendo como nevaba en todos partes,
sin moverme de casa, tú y yo
hemos ido evocando
la nieve donde hallamos nuestro amor.
Hacía poco que nos conocíamos
y ese día estuvimos los dos juntos,
hasta la madrugada, por las calles
que iluminaba aquella luz
cálida, blanca y fría.
Descubrimos así una intimidad
desconocida aún para nosotros.
Tu mano enguantada y dentro de mi mano
había comenzado a salvarme la vida.
Luminosos y oscuros, transcurrieron
sesenta años: incluso en los más duros
tuvimos el calor de las calles nevadas.
También en este último: cuando debilitado
por una quimio que no me ha `podido
curar este linfoma, te he tenido a mi lado
con la misma sonrisa, y ayudándome
a componer estos poemas.
Te los ofrezco hoy, acabado este año
que para mí ya está entre los que fueron
Los más felices de mi vida.

Autor: Joan Margarit

Ilustración de Frits Thaulow


aldeanita del clavel rojo (Adolfo Guiard, 1903)

22 Juliol 2021


Es una niña de unos once años. Desde el punto de vista cromático, en el cuadro destaca por contraste el clavel rojo entre el azul que domina el cuadro. Rojo y azul son colores complementarios; evidentemente, cuando no simbolizan tendencias políticas. Pero llama también la atención el cántaro de leche que lleva sobre la cabeza que lleva del caserío a las casas de la ciudad.

Ya mujer trabajadora sin haber sido niña ni adolescente. Así la vemos, vestida de mujer mayor y trabajando como una persona mayor. Sin poder jugar como juegan las otras niñas que aparecen en el cuadro, vestidas como correspondía a su edad en aquellos años.

Me transmites paz, calma y una sensación de perene leve melancolía. Me atrevo a preguntarte: ¿Cuál es tu secreto para que, a pesar de tu fatigosa e injusta vida de trabajo prematuro, muestres esa contagiosa serenidad y equilibrio, que no es indiferencia ni impasibilidad? ¿Cómo encuentras sentido a tu vida, tan monótona? Pero no me respondes con palabras, sino con tu mirada que mira mi mirada. Siempre tu mirada serena y misteriosa. Me miras fijo y adivino que me quieres decir algo así: «Busca en tu interior, mira dentro de ti, y da tu propia respuesta». Sencilla y magnífica lección de una niña trabajadora.

El cho y La aldeanita del clavel rojo, aunque son cuadros realizados con una diferencia de dieciséis años, tienen semejanzas entre sí. Ambos reflejan el mundo del trabajo infantil, lo que les proporciona su dramática ternura, a través de la figura principal, a la que el pintor concede un especial énfasis y convierte en icono de un particular proleta¬riado. En los dos casos, las figuras aparecen rodeadas de un paisaje en cambio, expresado por la convivencia de los aún supervivientes veleros con los barcos de vapor. Además, en La aldeanita del clavel rojo se recoge un enclave rural que pronto sería absorbido por el Ensanche de Bilbao.

En El cho (1887), un cuadro en el que sirvió de modelo Teófilo Guiard, hermano más joven de Adolfo que llegaría a ser un conocido historiador y archivero, el interés por el dibujo es más manifiesto, pues la figura, sorprendida en un gesto instantáneo, se recorta con claridad sobre el fondo. El personaje es un perezoso grumete perdido en el desarraigo de la vida marina.

En La aldeanita del clavel rojo (1903), aunque pervive la expresividad de los perfiles, no existe un dibujo manifiesto que encierre la figura y su plasticidad es más pictórica. El color azul preponderante crea en ella una atmósfera envolvente en la que estalla el rojo del clavel, produciendo un extraño efecto de sensualidad en el corazón de la inocente miseria, dignificada por la presencia de cariátide de la figura –que no puede borrar la infinita tristeza de sus ojos y de su situación–.

Si en El cho está presente la idea de la nostalgia del viaje, en La aldeanita del clavel rojo prevalece la del arraigo en la tierra cercana, que tanto poder tuvo sobre el pintor.


amor i por

21 Juliol 2021

Joves, al primer pis que vam tenir,
quina seguretat hi havia en aquell gest
de mai no tancar amb clau.
Així, transcorregueren gairebé quaranta anys.
però quan començàvem a sentir
a prop la senectut, vam patir una pèrdua
que ens va deixar per sempre un desconsol.
Des del primer moment, tot sols tu i jo,
sense haver-ne parlat ni una vegada,
vam tancar amb clau la casa cada nit.
A quin record abrupte hem d’enfrontar-nos?
Passat ja tant de temps, ¿a quin o a què
substitueix encara el gest, suau,
poderós. De girar la clau al pany?
El fonament més ferm i més profund
de la nostra alegria és la ignorància.
No saber cap a quin nou infortuni
ens estem dirigint.

Autor: Joan Margarit

Ilustración de Montserrat Gudiol, “Pareja” (1990)

AMOR Y DOLOR 

En aquel primer piso que tuvimos
cuando éramos tan jóvenes.
de qué seguridad procedía ese gesto
de no cerrar nunca con llave.
Transcurrieron así casi cuarenta años.
Pero, acercándose la senectud,
llegó una pérdida que nos dejó
un desconsuelo interminable.
Solos tú y yo desde el primer momento
y sin haberlo hablado ni una vez,
cerramos cada noche nuestra casa con llave.
¿A qué abrupto recelo nos hemos de enfrentar?
Pasado tanto tiempo, ¿aún a quién o a qué
sustituye ese gesto, tan suave y a la vez
tan poderoso, de girar la llave?
El cimiento más firme y más profundo
en el que sustentamos la alegría
es la ignorancia. No saber cuál es
este nuevo infortunio al que nos dirigimos.

Autor: Joan Margarit

Ilustración de Montserrat Gudiol, “Pareja” (1985)


trabajos forzados

20 Juliol 2021

TRABAJOS FORZADOS

Y cada amanecer
alguien que no soy yo se incorpora en la cama
y sujeta la cuerda con la que arrastra el día
su torpe circular de azar y horas.
Cansinamente, obligatoriamente,
tirando con las manos desolladas del día.

Autor: Pilar Blanco Díaz

Ilustración: Sasha Hartslief, “morning routines”


los veranos

19 Juliol 2021

¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.

Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos solo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.

Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!

Autor: Francisco Brines

Ilustración: Sorolla, “Al agua!” (1908)


la siesta en el jardín (Sorolla, 1904)

17 Juliol 2021


La Siesta es un retrato intimista de las hijas del pintor, María y Elena, donde posan adormiladas por el calor de una tarde estival en unas hamacas a la sombra del emparrado de un patio florido. El cuadro es sorprendente por la riqueza de matices de color y por recrear a la perfección la atmósfera perezosa de una tarde de verano en las que se busca la sombra para pasar el sopor en el que se entra tras la comida.

Es un apunte natural en el que sus hijas han sido captadas como en una fotografía. De hecho, el encuadre escogido recorta las piernas de María y valora mucho más el contexto del jardín, que a las propias niñas. María tiene la mirada perdida y cuelga sus brazos por encima de la cabeza insinuándonos una personalidad soñadora e inteligente, muy apasionada. María seguirá a su padre y con el paso del tiempo se convertirá en pintora. Elena todavía es muy niña, pero resulta graciosa, y de nuevo apoya su cabeza en el brazo mientras cierra los ojos. También será artista, pero optará por la escultura.

La Siesta ofrece una visión encantadora y elocuente de un estilo que no encaja exactamente en el impresionismo y, a su vez, desde el punto de vista temático de varios géneros de Sorolla: el paisaje, el tema de jardín, el retrato al aire libre, el retrato de sus hijos y la captación de un momento de la vida cotidiana e íntima de la bucólica infancia de la burguesía. Desde que participó en la Exposición Universal de París de 1900 parece que su estilo se separa del realismo académico con un toque social y se decanta por un impresionismo tardío.


zarzagán

16 Juliol 2021

Cerrado.
Oscuro.
Sellado.
Hermético.

¿Con qué lumbre sofocar
el tormento del tuétano?

Que precinte la oscuridad
el embrujo de las velas.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Vilhelm Hammershoi, “interior con dos candelas”

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)


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