los pobres de la iglesia

7 Desembre 2016

Otto Modersohn - A la iglesia-study
Acorralados en bancos de roble, en los rincones
de la iglesia que entibia su aliento, con los ojos
clavados en el coro dorado, mientras brama
la escolanía cánticos piadosos por sus fauces,
aspirando la cera como un olor de hogaza,
dichosos, humillados, cual perros que apalean,
los pobres del Buen Dios , el patrón y el señor,
ofrecen sus Oremus, irrisorios y obtusos.

¡Está bien ofrecerle bancos lisos a la hembra
después de los seis días en que Dios la maltrata!
pues acuna, revuelto en extrañas pellizas,
algo parejo a un niño que llora sin cesar.
Con las tetas mugrientas al aire, estas sopistas ,
con la oración prendida en ojos que no rezan,
miran a las golfillas de triste pavoneo,
busconas bajo el ala del sombrero deforme.

Fuera, el frío y el hambre y el hombre con su juerga:
¡pues, vale! una hora más; después males a miles.
––Mientras, en torno a ellas, gime, ganguea, charla
un grupito de viejas con enormes papadas.
Y están los epilépticos y esos despavoridos
que todo el mundo huye en las encrucijadas;
y husmeando gozosos en los viejos misales
esos ciegos que un perro introduce en los patios.

Babeando una fe pordiosera y estúpida,
todos dicen su queja infinita a Jesús
que sueña en lo alto, lívido, por la luz amarilla,
lejos de flacos malos y de malos panzudos,
del olor de la carne y las telas mohosas:
farsa humilde y sombría de gestos asquerosos.
––Y la oración florece con frases escogidas,
y el misticismo adopta matices apremiantes ,
cuando en la nave el sol muere, y pliegues de seda
sosos y verdes risas, las damas de los barrios
distinguidos, ––¡Jesús!–– las enfermas de hígado,
dan a besar sus dedos, en el agua bendita.

Autor: Arthur Rimbaud

Ilustración: Otto Modersohn, ” A la iglesia”


la fiesta de San Nicolás (Jan Steen, 1668)

6 Desembre 2016

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Este cuadro de Jan Steen, La fiesta de San Nicolás, pintado entre 1665 y 1668, nos muestra que algunas cosas son durante siglos las mismas. Esta fiesta se ha celebrado desde tiempos atrás por millones de holandeses, y sigue siendo así. De esta manera el cuadro es algo más que una obra artística; es cultura e identidad de un pueblo.

Este artista holandés es conocido por la representación de escenas costumbristas con un toque de humor. En su estilo destaca la composición. Pintaba situaciones reconocibles y familiares.

La escena es en el interior de una casa. Los niños acaban de recibir la visita de San Nicolás. Podemos observar que no todos han tenido su regalo. No hay regalos para todos.

La niña rubia del centro lleva entre los brazos un muñeco de San Juan Bautista, que protegía de las enfermedades infantiles, y un cubo lleno de juguetes. El niño de la izquierda no ha tenido tanta suerte y llora desconsolado, mientras sus hermanos se burlan de lo que le ha dejado san Nicolás dentro del zapato: unas ramitas de abedul, símbolo de una buena zurra. Pero la abuela le mira con cara cómplice y corre la cortina del fondo. Seguro que ha escondido el regalo y sólo pretenden con este susto darle una reprimenda.

Tanto la cesta de la izquierda, como la mesa de la derecha están llenas de deliciosos dulces navideños: panes de jengibre, waffles, bollos, frutas y nueces. El enorme pan en forma de rombo que está apoyado en la mesa es un duivekater, un postre holandés típico de esta festividad.

Al fondo, el hermano mayor, con un bebé en brazos, señala hacia la chimenea explicándole a uno de los pequeños por dónde ha bajado el señor de los regalos. La cara de asombro del chaval, con la bocaza abierta, es fiel reflejo de la incredulidad. El bebé sujeta entre sus manos una galleta con la forma del santo.


cuéntame como vives

5 Desembre 2016

zuloaga-dibujo-1894

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.
Cuéntame cómo vives.
Ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).
Cuéntame cómo mueres.
Nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.
Cuéntame cómo mueres,
cómo renuncias —sabio—,
cómo —frívolo— brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.

Autor: Gabriel Celaya

Ilustración: Zuloaga, “dibujo” (1894)


talismán

4 Desembre 2016

Montserrat Gudiol - 01

un pañuelo flameante, un pañuelo enjoyado que tengo desde la infancia

un cordón protector, una cuerda para
estrangular, un refugio

una manta
una tienda
un abrigo de muchos colores

Me concentro en el paño:
es una mortaja
es robada, es una falda
es un escondite, no es fácil
es sangrienta
es para una boda
ha sido usada antes
tapiz violento, cubre la cara
lo llevo me lo pongo para ti
te lo pongo, lo pongo en la mesa
ocupa espacio, te violaría si te lo pusieras
te asfixiaría
podríamos hacer el amor debajo de él
Es un mantel
hecho por manos de esclavas indias
Así que te lo doy y me lo pongo, para ti
para atraerte
con su abrazo de muerte.

Autor: Amne Waldman

Ilustración de Montserrat Gudiol


la princesa Tarakanova (Konstantin Flavistsky, 1864)

3 Desembre 2016

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En 1867, el pintor Flavitsky, expuso en París un cuadro dramático.

Representaba a la princesa Aurora Tarakanova suntuosamente ataviada, de pie sobre un catre medio deshecho y junto al muro de una celda, mientras las aguas del Neva, desbordado, invadían el suelo de la prisión. La crecida inexorable del río y la imposibilidad de que sus carceleros se apiadasen de la suerte que le esperaba, daban al rostro de la prisionera una expresión de trágica resignación.

La luz del sol se filtra por la ventana e ilumina la figura de la princesa. La falda blanca resalta el cuerpo de la mujer y al dramatismo de su rostro se superpone un escote que confiere a la escena una sensualidad perversa.

Para reconstruir este hecho, acaecido bajo Catalina II y en el que la realidad y la leyenda se aliaron, es preciso remontarse a 1772, cuando una tal Aly Emeté Vlodomirskaya hizo su primera y sensacional aparición en París. Era una bellísima mujer de unos veinte años, con cabellos de un rubio ceniza y ojos de oscuro color azul. Cada gesto y cada palabra de la bella extranjera revelaban una educación, una cultura y unos gustos refinados, en tanto que el lujo de que le gustaba rodearse evidenciaban un origen noble, así como un patrimonio inagotable. Se expresaba correctamente en francés y alemán y afirmaba que en el transcurso de sus numerosos viajes había tenido ocasión de aprender también el italiano, el inglés, el árabe y el persa.

La aparición de la Princesa Tarakanova sacude los cimientos del trono de la emperatriz rusa Catalina II la Grande. La odisea vivida por la princesa pretendiente al trono encierra un misterio que es prácticamente desconocido en nuestros días.

En 1772 aparece en París una hermosa y misteriosa joven que se presenta entonces en sociedad con el título de Princesa Vlodomir, posteriormente conocida como Princesa Tarakanova. De ella nada se sabe apenas, sólo que afirma haber sido raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer, en Ispahan un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar el trono que le pertenece. Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que es hija de la difunta emperatriz Isabel I de Rusia, muerta diez años atrás, y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto.

Cuando la princesa impostora huyó súbitamente de París y apareció en Roma en 1775, la emperatriz Catalina, envió al Conde Alexei Orlov con la orden de llevarla de nuevo a Rusia. Orlov tuvo éxito en su misión, la sedujo y cuando la mujer subió al barco le anunció estaba arrestada.

Llegó a San Petersburgo en mayo de 1775. Fue encarcelada e interrogada pero su salud era muy frágil y fue diagnosticada de tuberculosis. Según la leyenda que el pintor reproduce falleció por una crecida del río, sola en su celda.


fotografía digital

2 Desembre 2016

iglesia
Sentada en un banco en la sombra,

en la plaza empedrada de la iglesia de San Demetrio,
en Sliven, mi сiudad, mi paisaje genético,
siento el sol y el aguacero
de lo que ya ha pasado, de lo que pasará.
Aunque nunca pudo ser pronunciado mi amor,
y tampoco mi amargura,
las nubes, los árboles, las blancas paredes de las casas
de antaño,
los nuevos edificios de cristal y plásticos inteligentes,
las pequeñas flores que burlan el pavimento,
los sobresaltados pájaros del horizonte,
los transeúntes y los ausentes
silabean su fervor sin darse cuenta.
Solo que la piel de la vida y de la muerte se eriza.
Y entonces, el aire sopla levemente

y apacigua el paisaje.

Autor: Zhivka Baltadznieva


los caballos de Dios (Nabil Ayouch, 2012)

1 Desembre 2016

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Sinopsis: Yachine tiene diez años y vive con su familia en Sidi Moumen, un poblado de chabolas de Casablanca. Su madre, Yemma, hace lo que puede por sacar adelante a la familia. Su padre se encuentra en un estado depresivo y de sus tres hermanos uno está en el ejército, otro es prácticamente autista y el tercero, que tiene trece años y se llama Hamid, es el cabecilla del barrio y el protector de Yachine. Cuando Hamid es encarcelado, Yachine se ocupa de varios trabajillos que le ayudan a escapar del marasmo provocado por la violencia, la miseria y la drogadicción que la rodean. Cuando Hamid sale de la cárcel se ha convertido en un islamista radical y convence a Yachine y a sus amigos para que se unan a sus ‘hermanos’. El líder espiritual del grupo, el imán Abou Zoubeir, se encarga de dirigir el prolongado entrenamiento físico y mental de los muchachos, antes de anunciarles que han sido elegidos para convertirse en mártires. Interpretación libre de los atentados terroristas que tuvieron lugar el 16 de mayo de 2003 en Casablanca.

“Poblado de Sidi Mouden, Casablanca. Chabolas, miseria, delincuencia juvenil, falta de aspiraciones. Un polvorín en el que la tensión se palpa en cada rincón y también un lugar idóneo para que fructifique la semilla del odio y se implante el germen del fundamentalismo islámico.

El director francés de origen marroquí Nabil Ayouch nos introduce en ese feroz hervidero a través de la mirada de dos hermanos, desde su no tan tierna infancia, en la que aprenden a regirse irremediablemente por los códigos morales que impone la ley de la calle, hasta el proceso de despojamiento de sus emociones, sentimientos y personalidad que sufren en su madurez, después de caer en las garras yidahistas. Un relato sobre la pérdida de la inocencia y la manipulación religiosa lleno de fuerza poética y simbólica que funciona mejor a un nivel íntimo que como metáfora social con voluntad aleccionadora” (Beatriz Martínez)

“Nabil Ayouch no da ningún trato especial a los personajes principales de Los Caballos de Dios. Nada los exime de sus gamberradas, ni siquiera de algunos actos que bien podrían considerarse vandalismo. No se espera que empaticemos con ellos por su bondad, sino por solidaridad respecto a la trágica situación en que se encuentran. Lo que el director francés (de raíces marroquíes) se propone es plasmar con la mayor veracidad posible un contexto, un espacio maltratado por el sector occidental. Y sobretodo, dar testimonio del germen del terrorismo yihadista, que como se nos muestra en la película, no responde tanto a un orgullo patriótico (como en ocasiones se nos hace creer) como a una respuesta desesperada al mal estado de una sociedad maltratada. De ahí que no sea necesario maquillar a los personajes que protagonizan la película: desde el minuto cero entendemos que su conducta caótica (e incluso violenta) es el resultado de una dura represión” (http://www.cinemaldito.com/los-caballos-de-dios-nabil-ayouch/)

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“Ayouch, a través de una cámara nerviosa y  sin juzgar, nos va enseñando el desarrollo de la vida en una comunidad del extrarradio de una ciudad marroquí, en donde la pobreza lo caracteriza todo, desde las míseras chabolas en donde se habita, prácticamente sostenidas por piedras y fijadas con simples telas, hasta las casi harapientas vestimentas que llevan los niños y los adultos; desde los vehículos de transporte, que se limitan a auténticos cacharros o a motocicletas casi desguazadas, hasta los alimentos que se venden en el mercado, en condiciones de calidad, diríamos, poco atrayentes… Los niños juegan al fútbol, se pelean, corren, se divierten, pero son conscientes de que les espera un futuro poco halagüeño, abocado prácticamente al trapicheo, la droga, la violencia, la cárcel o el trabajo en contextos míseros y de explotación. No parece existir esperanza alguna en que el desarrollo económico y social vaya siquiera a rozarles mínimamente, y la única fábrica que se atreve a instalarse en las cercanías contrata a mano de obra foránea para su desarrollo. En esa coctelera de penuria e ignorancia, se imponen los más fuertes, quienes a través de la violencia propia y la humillación ajena consiguen ser obedecidos, respetados y tratados como los líderes de la manada. Las únicas salidas se vislumbran en ese hipotético e improbable salto a la élite del fútbol, en la incierta y tenebrosa aventura de una emigración ilegal a tierras más prósperas, y por último, en el aterrizaje en el fanatismo religioso, que con promesas de paraísos eternos, consigue llevar a su terreno a mentes propensas para acumular consignas y odios, mediante ambientes que saben rodear a aquellos desfavorecidos por la vida de cierto compañerismo, amistad, dedicación, admiración y camaradería.”(Pilar Roldán)


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