el patio

26 Juny 2019


sabrás que lo que queda
es tan sólo una ausencia compartida
un otoño más lento que este otoño

han brotado sin ti
un par de rosas nuevas en el patio

han nacido sin ti
tú ya no puedes
pedirle a alguien que te las acerque
que las coloque en un vaso con agua

ahí frente a tus ojos
ya no puedes mirar
ni las rosas del patio
ni la grieta del muro
que se abre sin ti

sin que tus manos puedan hacer nada
para cerrar la herida
no hay silencio más rígido
que el de este patio ahora
sin ti
muda soledad que no cobija
que se impone como luz desconchada
que olvidara la cal de donde nace
como ese óxido
que arraiga para siempre en el desagüe

va cayendo la tarde desatenta
ajena a la derrota
que crece desde ti confusamente
y ajena también a la quietud de los geranios
que tus manos podaban
a la desolación

sabrás que lo que queda es el fulgor
de la presencia tuya en las dos rosas
marchitas en el vaso

Autor: Ángel Campos Pámpano

Ilustración: Anna Ancher, “Interior” (1913)


ceremonia pictórica

25 Juny 2019


Desata la galerna, William Turner.
Retrata el equilibrio, Botticelli.
Viérteme en los pinceles, Claude Monet.
Llora con mi pupila, Miguel Ángel.
Evapora este instante, Fragonard.
Avanza entre las sombras, Caravaggio.
Descúbreme la línea, Piotr Mondrian.
Congela los silencios, Edward Hopper.
Regálame oro y sangre, Gustav Klimt,

dame la luz del mundo, Jan Vermeer.

Autor: Francisco José Martínez Morán

Ilustración: Zuloaga, “Retrato del pintor Balenciaga” (1930)


a propósito de Richard Learoyd

24 Juny 2019


En la mirada de Agnés
se agita un álamo.
Es torrente de tristeza,
el estanque del silencio.

Desde una claraboya
el zorzal la está mirando.
Ese exclusivo canto
la elegía enarbola.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Richard Learoyd, “Agnes in black dress with my table” (2008)


habitación en Nueva York (E. Hopper, 1932)

23 Juny 2019


Con “Habitación de Nueva York” (1932) experimentamos el placer del voyeur que contempla la intimidad de una pareja absorta en su salón. La vida se congela en las teclas de un piano.

Esta escena refleja es una sencilla y doméstica imagen cotidiana, donde a través de una ventana abierta a la noche de Nueva York, contemplamos a una pareja, que aparentemente no tiene nada de peculiar.

Hay un hombre rubio en mangas de camisa leyendo el periódico en un sillón tapizado de rojo y la pantalla también tiene el mismo color, la mujer -que se supone que es su esposa -teclea con desgana las teclas de un piano, lleva un vestido de un color rojo intenso y la cabeza y hombros están girados hacia el piano, tocando las teclas con un solo dedo. 

Él lee el periódico y ella teclea desganadamente el piano, aparentemente todo es anodino y sencillo. Pero observemos con más detalle la escena. Es un matrimonio, él expresa una gran tensión leyendo la prensa, literalmente se vuelca en el periódico que tiene entre manos, no está en este mundo, lee con atención algo que centra su interés, y hace caso omiso a su esposa. Su mujer, se siente abandonada, está acostumbrada a estar aburrida, teclea con desgana el piano y es poseedora de un secreto.

De un momento a otro le dará una noticia a su esposo, solo está esperando el mejor momento. El cuerpo de la esposa está relajado, por lo que suponemos que la noticia no será negativa, es posible que sea una buena nueva, quizás un posible embarazo. El marido, lee con avidez una página de deportes o quizás sea el estado de la bolsa después del descalabro del año 1929. Es un matrimonio acomodado, tienen un piano y la decoración denota sofisticación; es decir se trata de un matrimonio burgués, de clase media alta.

En “Sunlights in Cafeteria” (1940) vemos a un hombre y una mujer sentados en mesas separadas en una cafetería soleada. Ellos son los únicos clientes. Lo que le interesa al artista es el momento de suspenso antes de que se establezca un primer contacto. En cierto sentido, la luz del sol en una cafetería representa una inversión de la situación en Nighthawks. En lugar de un restaurante con camarero, vemos una cafetería sin nadie que espere a los clientes. En lugar de una escena nocturna con luz fluorescente, tenemos luz brillante. En lugar de mirar hacia adentro desde afuera, estamos adentro mirando hacia afuera. En lugar de una esquina de la gran ciudad aparentemente prominente, estamos en una calle lateral tranquila. Pero la diferencia más importante radica en el hecho de que, aunque aparentemente los noctámbulos han venido al restaurante juntos, los dos invitados a la cafetería son extraños. Ella se sienta a plena luz del sol, él en la semi sombra. Se vuelve hacia ella, pero oculta su interés mirando por la ventana. Ella no puede mostrar su interés incluso en este punto, ni siquiera intenta llamar su atención como por accidente. Podría dirigirse discretamente hacia él, pero duda y se mira las manos. Esto no va a funcionar. La dura línea de sombra entre el hombre y la mujer no se superará a menos que uno de ellos tome la iniciativa.


el temps de les cireres

20 Juny 2019


“el cordó umbilical no es talla mai”

(Montserrat Roig)

Escolto una cançó en francès
que parla del temps de les cireres.

La mare de la meva mare
minyona a una bona casa de la Bonanova.
No sabia ni llegir ni escriure.
La teva àvia
modista a una Fàbrica del Poblenou
compra llibres a l’home del Círculo de Lectores.
Jo
treballs en feines discretes i mal pagades
a mitja jornada i moltes vegades aturada
De jove a la biblioteca de la Universitat.
Tu
sentint aquesta lletania
des del lloc on l’exili és etern
sense acabar la secundària.

No vaig aprendre francès
però escolto la cançó
que parla del temps de les cireres.

El que mai tornarà.
Ni per la mare de la meva mare
que ja és morta.
Ni per la teva àvia
que ja és morta.
Ni per a tu.

Escolto
reconfortada en la meva tristesa
aquesta cançó francesa
que parla del temps de les cireres.

Homes i dones de la teva edat
lluiten als carrers.

No és ara, per fi,
temps de pensar en la derrota.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Frederick Cayley Robinson, “Mother and Child”

ELS TEMPS DE LES CIRERES

Escucho una canción francesa
Habla del tiempo de las cerezas.

La madre de mi madre
sirvienta en un palacio de la Bonanova.
No sabía ni leer ni escribir.
Tu abuela
modista en una fábrica del Poble Nou
compra libros al hombre del Círculo de Lectores.
Yo
trabajo en oficios discretos y mal pagados
a media jornada y muchas temporadas desempleada.
de joven en la biblioteca de la Universidad.

oyendo esta letanía
desde el lugar donde el exilio es eterno
Sin acabar la secundaria.

No aprendí francés
pero escucho la canción
que habla del tiempo de las cerezas.

El que no regresará
ni para la madre de mi madre
que está ya muerta
ni para tu abuela
que está ya muerta
Ni para ti.

Escucho
reconfortada en mi tristeza
esta canción francesa
que habla del tiempo de las cerezas

Mujeres y hombres de tu generación
luchan en las calles.

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


Alfama

19 Juny 2019


1
Los niños del verano calle arriba

2

El barrio tiene
el aire de una aldea
cuando amanece.

En la mañana
un olor a pescado
sube del río.
La brisa seca
tanta ropa tendida
bajo el alero.

3

Tejados pardos.
Y el encalado sucio
de las fachadas.

Al mediodía,
detrás de los visillos,
un gato negro.

En el alféizar
de la ventana verde,
unos geranios.

4

Cuando oscurezca,
os hablarán del mar
en las tabernas.

La luna asume
los tonos desvaídos
de un azulejo.

La noche blanca
por estos callejones
en laberinto.

5

Di que tú amas
la tibia arquitectura
de estas calles.

Del aire aprendes
el estrecho perfil
de sus esquinas.

Autor: Ángel Campos Pámpano

Fotografías de Rui Palha


peaje

18 Juny 2019


Di hola.
Pon las largas.
Acelera.
Di adiós.
Nunca se sabe.

Autor: Ernesto Frattarola

Fotografía de Jimmy Liao


%d bloggers like this: