el espíritu de la madera

20 Abril 2021


“El sol quedó varado
en la copa del roble centenario”

(Aleš Šteger)

En algún tiempo la madera resistió
la mordedura de la nieve, los embates del viento,
las puñaladas de un sol cruel, altivo
como un rey que desconoce la memoria de la clemencia,
la flecha que regresa al corazón
del hombre que fue sombra de su sombra.

En algún tiempo el establo guardó la semilla
de un esfuerzo que no exige recompensas,
que se alimenta con la llama del amanecer
cruzando un ángulo de la ventana; que se nutre
con acallar la herida del frío y del hambre.

En algún tiempo la madera señoreó sobre los campos
y recogió las huellas del trigo bajo los peldaños
de una escalera que conduce al silencio, que sube
hacia el tejado donde las estrellas acuden
a llorar por cada hombre que camina sin rumbo.

En algún tiempo la madera defendió la tierra
que ahora piso. Pero bajo mis pies crujen
las astillas que reparten las tablas desvencijadas,
sujetas a las vigas por los clavos de una guerra
que siempre se dio por perdida.

En algún tiempo la madera fue ley de resistencia,
alma noble para el rigor del invierno,
bastión donde fortificar el fuego de la vida,
cobijo para el destino incierto de los hombres
que protegían el alma secreta de los bosques.

En algún tiempo la madera nos enseñó
la virtud de la existencia,
el poder de la muerte.

Autor: José Luis García Herrera

Ilustración de Vladimir Davydenko


primavera

19 Abril 2021


Cuando todo huele a pólvora, el café
del desayuno, las plantas del jardín,
la alfombra donde pongo los pies cada mañana,
el mes de marzo, el sueño entrecortado
de las madres en el refugio oscuro,
busco entre los rescoldos un resquicio
de luz, el calor de una palabra que nos salve.
El esfuerzo es inútil: no quedan en el libro
sílabas con aliento, ni siquiera rescoldos.
Si acaso, con las luces que estallan irreales,
signos indescifrables en la noche cerrada.
Entrego a los que lloran una lágrima seca.
Asisto junto a ellos al enésimo entierro
de la vida. Con el humo en los ojos
y el corazón enfermo de tristeza.
Han huido los pájaros del cielo de Bagdad.
Ni siquiera el silencio me consuela. Está muerto.
No existe.
También ha sucumbido al bombardeo.

Autor: Alfredo Buxán

Ilustración: Abuzaydun Hanoos, “Bagdad” (2008)


transparent

18 Abril 2021


La nit i la llum del cigarret
brillaven a la seva mà.
I jo, com una puta enamorada,
m’anava tornant transparent
al seu costat. Sense cabells.
Sense dits tacats de tinta.
Sense Chanel a l’escot.
Sense soroll.
Transparent
com l’ombra del primer gat
que vaig perdre.

Autor: Raquel Casas i Agusti

Ilustración: Lita Cabellut, “Coco Chanel”


el Triunfo de Baco o los borrachos (Velázquez, 1629)

17 Abril 2021


El triunfo de Baco o Los borrachos fue pintada para Felipe IV entre 1628-1629, y describe una escena donde aparece el dios Baco que corona con hojas de hiedra, a uno de los siete borrachos que lo rodean; podría tratarse de un poeta inspirado por el vino. Uno de los personajes que acompañan al dios miran al espectador mientras sonríen.

El artista quiso representar a Baco como el dios que obsequia al hombre con el vino, que lo libera, al menos de forma temporal, de sus problemas cotidianos, por lo que Baco se convierte en uno de los borrachos que participan en la fiesta, diferenciándose de los demás por su piel más clara.

El asunto ha sido tratado como una escena realista y popular, del mismo modo que si estuviésemos ante una merienda de amigos en el campo.

La escena puede dividirse en dos mitades; la de la izquierda, con la figura de Baco muy iluminada está cercana al estilo italiano inspirado en Caravaggio. Baco y el personaje que queda detrás aluden al mito clásico y están representados de la manera tradicional. Destaca la idealización en el rostro del dios, la luz declara que lo ilumina y el estilo más bien clasicista. La parte de la derecha, en cambio, presenta a unos borrachines, hombres de la calle que nos invitan a participar en su fiesta, con un aire muy español similar a Ribera. No hay en ellos ninguna idealización, sino que presentan rostros avejentados y desgastados. Tampoco se mantiene en este lado la clara luz que ilumina a Baco, sino que estas figuras están sumidas en un claroscuro evidente. Además, lo trata con una pincelada más impresionista.

En Baco (Caravaggio, 1598) la pintura representa a un joven dios Baco, reclinado a la manera clásica con uvas y hojas de parra en el pelo, manoseando el cordel de la floja toga que le cubre. Sobre una mesa de piedra enfrente de él hay un cuenco de fruta y una jarra grande de cristal con vino tinto; con su mano izquierda ofrece al espectador un cáliz o copa de vino llana y ancha, aparentemente invitando al espectador a unirse a él.

El vino se ha servido hace poco, como indican la espumilla en la jarra, mientras que Baco sostiene en la mano el cáliz con poca seguridad como muestran las vibraciones; las mejillas, como las manos, están sonrojadas y contrastan con la palidez de la piel, indicando un estado de ligera ebriedad.


teletipo

16 Abril 2021


Al amanecer
frente al firmamento,
la melancolía
ha sido fusilada
por un batallón de mirlos.
Los cilicios y la pena juran venganza.

Autor: Nicolás Corraliza

Ilustración: Carmen Moreno, “mirlos en invierno” (2017)


la silla de la bahía

15 Abril 2021


A Paco de Lucía, in memoriam

En la bahía
la silla vacía
mira la cuerda del horizonte.
La arena evoca las pisadas
que remontaron cometas
y el caracol
cambia por silencios
el canto de las olas.
Palma y quejío esperan
al hombre que añoraba el mar
y ven partir la barquita del puerto.

En la bahía
la silla vacía
mira la cuerda del horizonte
y presiente que en la playa
también la guitarra ha muerto.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Fuente original:

https://paramiuncortado.wordpress.com/2014/02/28/la-silla-de-la-bahia/

Ilustración de Andrew King


el ocaso de los piratas

14 Abril 2021


A Soledad Soler

Por el páramo de la tarde
se malogran los recuerdos.

Mientras se extingue la luz
sublime sombra la coda.

Autor: Javier Solé

Fotografía de Soledad Soler


lugar de paso

13 Abril 2021


Sé que el amor es un lugar de paso,
una pausa de lumbre en medio de la nieve,
un segundo de gloria.
Sé que estaremos en mitad del frío
con una mariposa de aceite y una excusa
para seguir velando.
Y que te miraré como si fueran
para siempre los ojos, para siempre las ganas,
el amor para siempre.
Aunque es tan breve la ascua de los cuerpos,
si alguna vez la huella dura más que el camino,
aún merece la pena.

Autor: Josefa Parra

Ilustración: John Singer Sargent, “Chica de Capri en el tejado” (1878)


la autómata

12 Abril 2021


El resplandor, dentro y lo perfecto, fuera.
Armonía por empeño.
Esfuerzo en la luz.
Palabras a punto del labio y flores para sembrar en un campo sin tierra fértil,
en la ausencia de oídos.
Lo peor de la soledad no es estar sola.
Lo peor es que te obliguen a gritarlo.

Autor: Sonia San Román

Ilustración: Edward Hopper, “autómata” (1927)

La pintura retrata a una mujer solitaria mirando fijamente una taza de café en un autómata por la noche. Estos locales eran muy frecuentes en las ciudades norteamericanas; no había camareros para servir: unas monedas en una máquina y el cliente retiraba su consumición sin tener que mediar comunicación con nadie.

Como suele ocurrir en las pinturas de Hopper, tanto las circunstancias de la mujer como su estado de ánimo son ambiguas. No sabemos lo que le pasa; somos nosotros quienes tenemos que imaginarnos su historia.

Está bien vestida y está usando maquillaje, lo que podría indicar que está en camino hacia o desde el trabajo en un trabajo donde la apariencia personal es importante, o que está en camino hacia o desde una ocasión social.

Solo se ha quitado un guante, lo que puede indicar que está distraída, que tiene prisa y solo puede detenerse por un momento, o simplemente que acaba de entrar de afuera y aún no ha calentado. Pero la última posibilidad parece poco probable, porque hay un pequeño plato vacío en la mesa, frente a su taza y su platillo, lo que sugiere que pudo haber comido un bocadillo y estado sentada en este lugar durante algún tiempo.

La época del año (finales de otoño o invierno) es evidente por el hecho de que la mujer está bien vestida. Pero la hora del día no está clara, ya que los días son cortos en esta época del año. Es posible, por ejemplo, que sea justo después de la puesta del sol, y lo suficientemente temprano en la noche para que el autómata sea el lugar en el que ella ha acordado encontrarse con un amigo. O podría ser tarde en la noche, después de que la mujer haya completado un turno en el trabajo. O nuevamente, podría ser temprano en la mañana, antes del amanecer, cuando un turno está a punto de comenzar.

Sea cual sea la hora, el restaurante parece estar prácticamente vacío y no hay señales de actividad (o de vida) en la calle. Esto se suma a la sensación de soledad y ha provocado que la pintura se asocie popularmente con el concepto de alienación urbana.

La chica no se ve muy contenta. Mira a su café en actitud melancólica. Va arreglada y quizás tiene una cita o quizás va o viene de trabajar o quizás es sólo una clienta habitual del local, un autómata ella también, siempre en el mismo sitio a la misma hora.

La mirada de la joven que carece de detalle y expone a una mujer ensimismada, entre reflexiva y ausente y, por otra parte, la amplia ventana que deja ver el reflejo de las luces, en lo que parece una noche fría.

El juego de la luz blanca que abraza una parte significativa del cuadro y descubre las piernas de la protagonista, así como, la geometría que ubica a la mujer junto a una gran ventana, al interior de una cafetería, nos presenta lo que sería una metáfora de la propia introspección de la mujer; el espacio físico como espacio emocional.
Hopper nos está hablando del silencio que esconde el grito de sus personajes. Mujeres y hombres que habitan una ciudad de una quietud angustiosa, una sociedad ensimismada, aislada. Somos entonces voyeristas de pequeñas historias y momentos íntimos de lo cotidiano.


arco iris en un paisaje de montañas (Friedrich, 1809)

11 Abril 2021


La obra presenta unas pocas montañas cubiertas por la oscuridad de la noche, la cual es cortada por un brillante arco iris de color blanco. En la parte baja un viajero complementa el cuadro.

A pesar de tratarse de un paisaje nocturno, cubierto por densas nubes, entre las que asoma a lo lejos algo de luz lunar, el primer plano se halla intensamente iluminado por una luz directa. Pero el centro de la composición, de cuidado equilibrio geométrico, es el arcoíris que cruza el lienzo de extremo a extremo, en una regular curva sobre el eje del horizonte.

En el centro se alza, en forma piramidal, el Rosenberg. Es una alegoría de Dios, de su presencia en la tierra, ciertamente remota, contemplada por el hombre incapaz de adentrarse más allá del valle. Es ésta una idea que, procedente del pietismo protestante del siglo XVIII, había calado hondamente en la concepción romántica del paisaje, que veía a Dios a través del templo de la naturaleza.

En la montaña se unen lo terreno y lo divino; este significado está realzado por la presencia del arcoíris. Calificado de forma unánime como “lunar”, lo cual es imposible, parece tratarse de un añadido del propio pintor sobre la versión acabada previa, un paisaje lunar.

En la tradición cristiana, el arcoíris representa a Cristo en la iconografía del Juicio Final o Cristo en Majestad. Es, además, el símbolo de la Alianza de Dios con el hombre tras el Diluvio. De este modo se representaba en la iconografía bajomedieval alemana, en que Cristo aparecía sentado sobre un arcoíris. Las contradicciones visuales de esta obra, de inexplicable luminosidad, con un imposible arcoíris, han sido consideradas precursoras del surrealismo.


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