yo me moriré

25 Març 2019


Yo me moriré, y la noche
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.

Autor: Juan Ramón Jiménez

Ilustración: Charles Demuth, “Marcher Receives His Revelation at May Bartram’s Tomb” (1919)


el caballo azul (Franz Marc, 1911)

24 Març 2019


Caballo azul (1911) I es uno de los cuadros más famosos de Franz Marc y del “Jinete Azul “. Tanto el caballo como el paisaje están resueltos a base de formas geométricas: cubos, cuadrados, triángulos y rombos, que contribuyen a la fusión formal de unos y otro.

En el cuadro se puede visualizar un monte con plantas de color verde fijadas en el suelo; fiables a la realidad y hojas de palmeras rojas y azules un tanto surrealista. En el centro de la composición se encuentra un esbelto caballo con la cabeza boca abajo en una actitud como si estuviera pensando. El cuerpo está claramente estilizado, y éste aparece sin herraduras en las patas. La cabeza, sustentada por un poderoso cuello, era alargada y de rasgos afilados, en ella destacaban los ojos negros que contrastaban con el resto de colores vivos. El autor quería reflejar la libertad; por eso plasma al caballo sin ataduras. El color predominante en la obra es el azul que representa la austeridad masculina y lo espiritual.

Las primeras pinturas de Franz Marc fueron de estilo naturalista, pero en su viaje a París en 1903 descubre el impresionismo y, sobre todo, la obra de Vincent Van Gogh. En 1910, hizo amistad con los pintores August Macke y Wassily Kandinsky, con quienes fundó, junto a otros pintores, el movimiento artístico Der Blaue Reiter (El Jinete azul). Cada vez se acercó más al futurismo y al cubismo. Su obra evolucionará con el tiempo hacia una mayor abstracción y sobriedad, hasta culminar en la abstracción expresiva.

El tema principal de las obras de Marc es el mundo animal. Los animales le parecían más bellos y más puros que los humanos. Los colores fueron un elemento principal de su expresión. Franz Marc se convirtió en uno de los representantes más significativos del movimiento expresionista. Acabó su obra con pinturas muy abstractas.


«El azul representa el principio masculino, seco y cerebral. Amarillo el principio femenino, suave, alegre y sensual. El Rojo la materia, brutal y pesada, siempre combatida y vencida por los dos otros! Si mezclas el azul, serio e intelectual con el rojo, mientras aumentas el azul hasta una pena insufrible, y el amarillo que sosiega, complementario del violeta, será indispensable. […] Si mezclas rojo y amarillo para obtener naranja, aumentas la violencia sensual del amarillo, pasivo y femenino de forma que el azul, el varón frío y cerebral, será nuevamente necesario; es cierto que el azul se fija inmediata y automáticamente al lado del naranja, estos colores se aman. Azul y naranja dan un sonido festivo. Si ahora mezclas azul y amarillo con verde, entonces despiertas el rojo, la materia y la tierra, a la vida…» (Franz Marc)

En “la torre de los caballos azules” (1913) representa un grupo de cuatro caballos de perfil en tonos azules. Sus cabezas se orientan hacia su derecha, sus cuerpos son robustos, “casi de anchura real”. El lado izquierdo se ocupa con un paisaje rocoso abstracto en tonos amarillos, marrones y rojos dominado por un arcoíris estriado de naranja en un cielo ambarino. El arcoíris se cruza con luna y cruz sobre el cuerpo del primer caballo, ilustrando quizá, la voluntad del artista de representar la unidad de cosmos y naturaleza.

En relación con el aspecto cuasi religioso de las representaciones de Marc de los animales, se puede hacer una comparación entre sus pinturas de animales y los iconos bizantinos y del Renacimiento temprano de santos o personas religiosas. Además de su calidad decorativa, tales iconos tenían la función de ayudar a la oración y la veneración. Se caracterizan por imágenes estilizadas, figuras pasivas, composiciones centralizadas y fondos lisos, por lo que no se puede evitar la identificación de similitudes entre las pinturas de animales y los íconos religiosos de Marc. Además, los íconos religiosos a menudo incluían áreas cubiertas de pan de oro, que habrían reflejado la luz cuando se colocaban junto a las velas, como era común. La paleta de Marc es en general muy cálida, con una sensación de luminosidad que se aplica con frecuencia al tema principal de una pintura.

Little Yellow Horses (1912) es un buen ejemplo de este tratamiento del color con los caballos representados en un amarillo dorado cálido que crea el efecto de brillar desde el lienzo. En este sentido, pueden compararse con las áreas de la hoja de oro en pinturas de iconos religiosos.

En “caballo en un paisaje” (1910) compartimos la perspectiva de un caballo rojo con una melena azul mientras mira el ondulado paisaje amarillo.

Marc, que era una persona profundamente religiosa, sintió que los animales y su relación armoniosa con la naturaleza eran sagrados; la única cosa en el mundo que era más igual a Dios.

Si bien Franz Marc no era el tipo de pintor para comunicar declaraciones sociales o políticas con su trabajo, era un artista que aspiraba a evocar emociones profundas y alcanzar una calidad más espiritual en su arte.

Compartir esta perspectiva con el animal nos recuerda la asombrosa empatía de Marc por sus queridos sujetos animales. Los parches de verde y rojo dan a la tierra de barrido frente al caballo una definición vívida. El guapo caballo rojo casi parece estar contemplando mientras mira hacia abajo sobre el paisaje amarillo que tiene ante él.

Con lo que sabemos del uso cuidadoso del color de Franz Marc en sus pinturas, donde el amarillo representa la alegría femenina, el rojo simboliza los sonidos de la violencia y el azul, el principio masculino, sabemos que hay un significado oculto en esta pieza.

 

 

 


cinema (Joan Brossa, 1988)

23 Març 2019


yo quería tus ojos claros

22 Març 2019


Yo quería tus ojos claros para prenderlos en mi pelo negro con un alfiler de oro.
Yo quería tus ojos claros para sembrarlos en mi jardín y recoger en la primavera próxima, una cosecha de estrellas.
Yo quería tus ojos claros para tirarlos y cogerlos en el aire como hacen los malabaristas del circo con sus bolas de cristal.
Pero tú te pusiste serio y me hablaste de algo seguramente muy triste, que yo no entendí bien.
Luego cayó la tarde y los dos elegimos el mar.

Autor: Dulce María Loynaz

Ilustración: Gloria Cañado, “El fons marí ens envolta”


tapefobia

21 Març 2019

“Es cierto
busco con empeño
la muerte
aquella que dure
más allá de la vida”

(Joan de La Vega)

Temí
siempre
que llegara
este momento.

Nada en el día
Nada en la noche.

Ni sol,
ni nubes,
ni viento,
ni agua,
ni risas ni abrazos,
ni besos ni gritos

Sólo tierra húmeda.

El silencio de antaño, la soledad inmortal.

Y tú,
viejo inútil,
golpeando la puerta
con los nudillos en carne viva,
con la Muerte
exigiendo
aceptes su victoria.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Antoine Wierz, “el entierro prematuro” (1854)

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)


la Verbena (Cecilio Pla Gallardo, 1905)

20 Març 2019

cecilio-pla-gallardo-la-verbena-1905
Cecilio Plá y Gallardo (1860-1934), pintor dotado de una extraordinaria capacidad para reflejar la vida contemporánea con un costumbrismo que atiende tanto a las clases medias y populares como a la burguesía si bien es la descripción del Madrid más castizo obtiene sus mejores resultados.

Sus protagonistas pueden ser costureras, niñeras, lavanderas, floristas… y los ambientes en que se desenvuelven son tanto el hogar como la calle, los cafés, los paseos, las verbenas, la corrala… Es el costumbrismo del Madrid chulapón, urbano y popular que prima en buena parte del género chico, con mujeres honestas y alegres que acuden a las verbenas y fiestas ataviadas con coloristas mantones de Manila y de hombres de todo tipo de condición social que se desenvuelven con espontaneidad en esos ambientes.

La escena gira refleja el encuentro fortuito entre la joven del pueblo, cubierta con mantón de Manila, y un joven dandi que pasea por la calle. A la izquierda aparece de perfil otra joven, de cabellos más claros, cubierta con un mantón azul, que parece ajena al suceso; casi oculta queda la tercera que se sitúa más al fondo mirando con curiosidad el encuentro de la pareja. El joven tiene una imagen muy cuidada, va vestido con chaqueta, chaleco, pajarita y un sombrero, ligeramente echado hacia delante, que ensombrece parte del rostro y le da un aire más seductor; lleva el bigote bien atusado y sus manos son delicadas y finas. La muchacha está delante de varias macetas de claveles del puesto de una florista donde quizás ha comprado la planta que lleva.Pero la anécdota del cuadro es que el fleco del mantón de la muchacha se ha enganchado en el botón de la chaqueta del hombre y este simple accidente puede dar pie a un cambio en el rumbo de la fiesta y hasta en la vida de ambos. La joven gira la cabeza esbozando una dulce sonrisa y el joven, en vez de mirar el botón que está desenredando, dirige la vista hacia la cabeza de la chica buscando sus ojos. Puede que ese cruce de miradas ya se hubiese producido antes pero el azar ha facilitado facilita ahora el flirteo.

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El argumento dulce y sentimental está tratado con gracia, pero la resolución plástica del conjunto deja ver la maestría con que están plasmados detalles como la perspectiva urbana nocturna, dominada por el fondo luminoso de un edificio público engalanado. Pla emplea una pincelada suelta, muy segura, que se hace un tanto impresionista en los detalles del paisaje y las flores, la cual también le resulta muy eficaz para sugerir de manera sintética el bullicio y dinamismo de la fiesta. El colorido está armonizado y equilibrado; el rosado del mantón y el verdoso de la chaqueta se complementan y armonizan de manera simbólica.


el despertar

19 Març 2019


Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

Autor: Alejandra Pizarnik

Ilustración: Manuel López Villaseñor, “Mujer que escucha el canto de un pájaro” (1987)


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