Roma (A. Aristarain, 2004)


Sinopsis: La irrupción del periodista Manuel Cueto en la vida del escritor Joaquín Góñez, a instancias de la editorial para la que Joaquín está escribiendo su último libro, provocará un desasosiego en la solitaria vida del escritor, aislado del mundo y huidizo de sus propios recuerdos. Acostumbrado a la soledad de los últimos años, el encuentro con el joven periodista le despertará emociones olvidadas que le transportarán a las décadas de los cincuenta y sesenta, en pos de su niñez y sus locos años de juventud vividos en Buenos Aires. Los errores propios de quien comienza a experimentarlo todo en la vida; el recuerdo de los amigos; la importancia de la lealtad; la influencia del cine y el jazz; el sabor del primer amor y la experiencia de otros muchos; y la íntima relación que guardó con sus padres y, en especial, con su madre, Roma), una mujer inteligente, fuerte, comprensiva y comprometida con los ideales de juventud de su hijo le llevarán a reflexionar sobre la influencia de la confianza que su madre depositó en él en su juventud. A ella, sin duda, Joaquín le debe el haber sido siempre un espíritu libre, bohemio, fiel a sí mismo y a los ideales que juntos, un día, al calor de la memoria del padre, soñaron. Y es precisamente el recuerdo imborrable de Roma el que despertará en Joaquín el deseo y la impaciencia por recuperar todo lo que hasta ese momento creía perdido.

Roma son dos películas con un ensamble lógico pero no del todo armónico.

Por un lado un amargo escritor diseñando su salida de escena, en contrapunto con un asistente que esta empezando su carrera. En este juego se ponen de manifiesto los puntos en común que unen a dos separaciones diferentes y recelosas por distintos motivos una de la otra.
Por el otro lado, la infancia y juventud del escritor en proceso de retiro, recordadas con la excusa de la publicación de una autobiografía.

Igualmente, la historia transcurre en dos tiempos bien diferenciados (el presente y el pasado), casi como si se tratara de dos películas distintas: el hoy del escritor envejecido, en el que prevalecen la discursividad y la desazón, y el ayer emotivo y de tintes autobiográficos simbolizado en la conflictiva y tierna relación con su madre.

“Si por algo destaca el último cine de Aristarain es por la predominancia del diálogo: los personajes se atreven a emitir grandes parrafadas en las que sentencian, expresan dogmas vitales y muestran sus respectivos modos de entender el mundo, pero todo ello de la manera más ágil y entretenida. Los diálogos son extensos pero sencillos, y las ideas quedan claramente explicadas. Aristarain tiene la rara capacidad de proyectar en palabras pensamientos que todos compartimos en algún rincón de nuestra mente, e integrarlos en la narración de una forma natural, en la que resulta creíble que todos los personajes parloteen como si fueran filósofos en un foro de la Atenas clásica. Pero no es mero teatro filmado: Aristarain abandona ese feísmo naturalista de sus últimas puestas en escena y, acompañado de una cuidada ambientación artística y de una espléndida fotografía en scope de José Luis Alcaine, consigue la película más estéticamente elaborada de su más reciente filmografía”. (Juan Beiro Martínez)

No obstante, la autoría de Aristarain debiera quedar parcialmente matizada por la aportación indiscutible de Mario Camus en el guión; cine literario, pretencioso e intelectual, obsesivamente apegado a la evocación del pasado. Nostalgia, melancolía y tristeza en una mirada que descubre el primer amor, el sexo sin prejuicios, la importancia de la lealtad, la traición a los amigos y el compromiso con los ideales. Cine ético y sentimental en la mejor y más auténtica acepción.

Es probable que esta obra no quede a la altura de otras películas anteriores del director (Martin -Hache-, 1997), (Un lugar en el mundo, 1991) pero es de una intensidad apabulladora.

“Con una estructura coral que suma temerariamente personajes y situaciones, la película (que dura dos horas y media) no siempre parece poder sostener el mismo nivel de interés, de tensión narrativa o de compromiso emocional. Pero llama la atención el grado de verdad que en general consigue el film, una verdad que va más allá de la cuidada reconstrucción de época y que parece provenir del interior profundo de Roma, la auténtica protagonista de la película, su objeto de adoración, su razón de ser”. (Leonardo Moledo)

“… Ahora que puedo hablar no tengo nada… la tristeza… pero ya es una parte mía. No tengo otra cosa… tanta vida y tan poco… sólo me queda tu recuerdo, mamá.
Tan convencido de que valía para algo, como me protegiste y me enseñaste, como me quisiste…
No hay otra cosa en mi vida que valga la pena recordar”

(Este texto corresponde al último plano de la película)

Els comentaris estan tancats.

%d bloggers like this: