Vieja friendo huevos (Velázquez, 1618)


Diego Velázquez (1599-1660) es el mejor pintor del Barroco en España y una cumbre del arte universal. Este cuadro es de 1618.

La escena se desarrolla en el interior de una cocina poco profunda, iluminada con fuertes contrastes de luz y sombra. En primer plano vemos a una anciana cocinando unos huevos en un hornillo de barro cocido, junto a un muchacho que porta un melón de invierno y una frasca de vino. Ambas figuras se recortan sobre un fondo neutro, empleado para destacar aun más los contrastes entre la luz y la sombra, una de las características que le sitúan en la órbita del naturalismo tenebrista. Con una cuchara de madera en la mano derecha y un huevo que se dispone a cascar contra el borde de la cazuela en la mano izquierda, la anciana suspende la acción y alza la cabeza ante la llegada de un muchacho con un melón de invierno bajo el brazo y un frasco de cristal. Al fondo cuelga una esportilla y en el suelo vemos un caldero de cobre. A la derecha, en una mesita, hay una naturaleza muerta sencilla y ordenada: un mortero, plato con cuchillo, cebolla, jarras de cerámica.

El realismo de los personajes es digno de mención; la suciedad del paño con el que se cubre la cabeza la anciana o el corte del pelo del muchacho nos trasladan al mundo popular que contemplaba a menudo Velázquez. Incluso se piensa que la anciana podría ser el retrato de su suegra, María del Páramo, mientras que el muchacho sería un ayudante de su taller, posiblemente Diego Melgar. Los tonos empleados indican el conocimiento de obras de Caravaggio, bien a través de copias bien de grabados; así destaca el uso de los tonos ocres y pardos que contrasta con el blanco, reafirmando ese contraste la utilización de tonalidades negras.

La composición es sencilla, de pocos personajes pero está muy lograda. La escena carece de movimiento, hay una gran quietud, como si hubieran sido sorprendidos en un instante. La luz utiliza la técnica tenebrista, por influencia indirecta del pintor italiano Caravaggio. El color es austero, con predominio de los tonos ocres y pardos.
El estilo, en resumen, es deudor del Barroco, con una composición con predominio de líneas diagonales y curvas, colorido variado, contrastes de luces y sombras; poca importancia de la línea; naturalismo y gusto por los detalles

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