Sin pan y sin trabajo (Ernesto de la Cárcova, 1892)


“Aquel que no haya estado al alcance de la terrible serpiente de la miseria jamás llegará a conocer sus fauces ponzoñosas”.

(Ernesto de la Cárcova)

Sin pan y sin trabajo es uno de los hitos principales de la historia del arte de los argentinos. Esta exquisita pintura pertenece a la escuela realista; ese movimiento tuvo su origen en la revolución industrial y las profundas mutaciones económicas y sociales que nacieron a su luz en el siglo XIX. El arte necesitó entonces dejar detrás las fantasías románticas, tanto como la exaltación del pasado clásico griego y romano. El tema de la marginación y la pobreza se hacen presente en este cuadro,

Sin pan y sin trabajo parece nacida de las manos de un pintor que pasea hoy por nuestras calles, no tal vez en su forma o en su estilo, que responde a cánones que ya se han dejado de soslayo, sino por lo que nos dice, por la situación que plantea, por la coyuntura social que demarca claramente.

La escena, cargada de dramatismo, representa el interior de una vivienda miserable en la que un hombre en paro descorre la ajada cortina con un gesto de rabia e impotencia. Mira a través del cristal a los obreros entrando en la fábrica mientras él se queda en casa sin trabajo y sin salario que aportar a su familia. Su puño apretado sobre la mesa, sus rudas manos de trabajador manual, su postura en equilibrio inestable sobre la silla inclinada… todo muestra una situación desesperada. Por si fuera poco, su mujer intenta amamantar a un bebé pero su extrema delgadez la ha dejado sin leche. Sus grandes manos también muestran la situación límite y se aferran entre protectoras y crispadas a su hijito. Podemos rastrear una sucesión de miradas muy expresivas y clarificadoras de la terrible situación: la madre mira a su marido mostrando la angustia y esperando en vano una solución a la pobreza, el hambre y el futuro incierto de su bebé. El marido mira por la ventana con furia a los trabajadores que acuden a su trabajo y lamenta, junto a sus herramientas de trabajo sobre la mesa, estar sin hacer nada cuando es un hombre fuerte en plena capacidad de trabajo.

La miseria de la estancia, muebles rotos, paredes desconchadas, ausencia de casi todo, acentúa lo dramático de sus vidas.

Mirando más allá del cuadro, subyace una denuncia de la crueldad y la injusticia inherentes al sistema capitalista, especialmente durante la Revolución industrial, cuando las condiciones de trabajo y los salarios eran vergonzosos.

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