El hombre de al lado (M. Cohn/G. Duprat, 2009)

Sinopsis:“El hombre de al lado” narra un conflicto entre vecinos que parece no tener fin. Una simple pared puede dividir dos mundos, dos maneras de vestir, de comer, de vivir. De un lado, Leonardo, fino y prestigioso diseñador que vive en una casa realizada por Le Corbusier. Del otro lado Víctor, vendedor de coches usados, vulgar, rústico y avasallador. Víctor decide hacer una ventana para tener más luz, y ahí empieza el problema: cada uno toma conciencia de la existencia del otro. La mirada del extraño corroe y pone en entredicho una vida aparentemente normal, y abre la puerta a los miedos, a las miserias y a las actitudes más viles.

“El hombre de al lado” es una tragicomedia entretenida e inteligente, cuya acción se desarrolla en la Casa Curutchet,  construida entre 1949 y 1953 en La Plata por encargo del médico Pedro Antonio Curutchet.

En ella habita con su familia un joven diseñador y profesor universitario a punto de ahogarse en su aparente éxito. Ha ganado premios internacionales, habla varios idiomas, imparte conferencias en universidades de todo el mundo y es reverenciado por sus alumnos; pero, en realidad, es un tipo insatisfecho, acobardado y patético dominado por su  severa esposa. En el interior de esta casa objeto de culto, todo es puro diseño, todo hueco, completamente vacío.


 
Para este presunto triunfador todo cambia cuando un nuevo vecino, un tipo rústico e impredecible, se instala en el piso de un edificio colindante. Abre un hueco en la pared contigua para construir una ventana ilegal y “atrapar unos rayitos de sol”. Entre ambos surge una contradictoria relación que expone con crudeza pero sutilidad algo más que un mero conflicto de intereses, es una metáfora de un conflicto social con mucho mayor empaque. La película depara giros imprevisibles y un prodigioso duelo entre los dos protagonistas y un final sorprendente extraordinariamente brillante y consecuente.

La película muestra que bajo nimios conflictos domésticos fluye un verdadero conflicto de clases y que el miedo a lo diferente o a lo perturbador esconde no sólo desconcierto sino nuestras más profundas miserias y que, bajo el brillo social, se oculta la más abyecta podredumbre ética. Nunca la riqueza material estuvo más cerca de la mezquindad moral.

En este sentido, la película conecta en clave irónica con la filosófica “El quimérico inquilino (Roman Polanki), si bien en la obra del realizador polaco el infierno son los otros y en la de los argentinos el infierno es uno mismo.

En definitiva, lecciones de vecindad que conviene tener bien aprendidas ya que, parafraseando a A. Huxley, los vecinos que uno nunca ve pueden ser los vecinos ideales y perfectos.

“Un simple tabique puede convertirse en motivo de discordia entre vecinos, y también en reflejo de una distancia social que queda minimizada cuando se impone la igualdad de la condición humana. No importa que la diferencia sociocultural entre Leonardo y Víctor sea grande o que su sensibilidad sea muy distinta porque, a la postre, en el film cada cual queda retratado con todas sus grietas y fisuras, con su mezquindad o prepotencia, y de poco le habrán servido a uno su formación y al otro su carácter decidido. Mariano Cohn y Gastón Duprat dirigen una estupenda comedia de trama mínima pero repleta de inteligentes gags, donde el brillante duelo interpretativo de los actores protagonistas refleja el que se da entre los propios vecinos del inmueble.

Todo sucede entre cuatro paredes, aunque se traten de las paredes del edificio Curutchet, construido por Le Corbusier en Argentina. En él vive Leonardo, un diseñador snob y altivo que un día ve alterada su paz doméstica cuando unos golpes le alertan sobre obras en la casa de enfrente. El responsable es Víctor, vendedor de coches usados y hombre de aspecto algo zafio que quiere “unos rayitos de sol” para su vivienda, por lo que no duda en abrir una ventana caiga quien caiga. La sofisticación y el sarcasmo frente a la vulgaridad y la amenaza directa, distintas estrategias y formas pero iguales sentimientos de cobardía, avasallamiento y ruindad moral, como si las dos caras del muro fueran eso, una única pared de la condición humana que Leonardo y Víctor comparten, muy a su pesar.” (Julio Rodríguez)

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