El caminante sobre el mar de nubes (Friedrich, 1818)

 El caminante sobre el mar de nubes es una pintura del romanticismo alemán.

La obra representa a un viajero, al que se ha identificado con el propio Friedrich, que se encuentra de pie en lo alto de una montaña elevada, mirando un mar de nubes que queda debajo. El viajero se encuentra de espaldas. Viste de negro. Adelanta una pierna y se apoya en un bastón. Se pueden ver los picos de otras montañas saliendo entre la niebla, mientras que una cadena de enormes montañas ocupa el fondo. La gran extensión de cielo por encima de las alturas de las montañas del fondo cubre gran parte del cuadro.

Utiliza una gama cromática más bien fría: negro de la figura central, marrón oscuro en las rocas y el gris y el blanco de la niebla y el cielo. Los únicos colores cálidos aparecen en el primer plano.

El hecho de que el viajero se encuentre de espaldas y no pueda vérsele la cara, ha sido objeto de análisis e interpretaciones.

De esta forma el autor impide que la fisonomía del personaje anónimo distraiga la atención del paisaje. Al mismo tiempo, el no tener rostro transmite mejor la idea de la disolución del individuo en el «todo» cósmico.

El hecho de que el viajero se encuentre en el centro de la pintura, además, indica que está en posición de dominación. Sin embargo, el llevar un bastón, quizá para facilitarle la ascensión, apunta a cierta debilidad.

El viajero se encuentra solo. Todo indica que no hay otra presencia humana. Se percibe en el individuo aislamiento y soledad.

El caminante simbolizaría, en fin, al ser humano que concibe su vida terrena como un preludio a la vida eterna.

La postura del caminante, con una pierna delante de otra, indicaría que domina la vida de este mundo y mira al más allá con admiración

Las rocas entre la montaña en la que está el viajero y el fondo simbolizarían la fe del ser humano. Las montañas del fondo representan la vida eterna futura en el Paraíso.

El mar de nubes en sí se ha entendido también como alusión a la divinidad, estando el ser humano entre la naturaleza (la montaña del primer plano) y Dios (el mar de nubes).

Otras interpretaciones aluden a que el mar de nubes representaría la inmensidad del universo. La naturaleza se regenera, pero el ser humano es mortal. Se pretende transmitir el sentimiento de lo sublime, la impresión de magnificencia y sobrecogimiento que produce la naturaleza en toda su grandeza.

“A finales del s. XVIII, en Alemania, el arte adquiere, para la estética, una connotación metafísica: para los románticos alemanes,  éste deviene la puesta en escena de lo suprasensible, el acontecer de la verdad. En la belleza artística lo infinito se manifiesta a través de lo finito; el absoluto se hace presente, se realiza; en el arte se lleva a cabo el retorno de los dioses, ocultos desde la Antigüedad. Pero para ello hace falta descender al fondo del abismo, al fondo mismo de las escisiones que separan al hombre de lo divino. Allí, en el silencio, en la contemplación de la eterna escisión, en la aceptación de la finitud humana frente a la infinitud de la naturaleza, los dioses vuelven a hacerse presentes: allí se da el acontecimiento de la verdad. La verdad es aquello que acontece a través pero por fuera de la imagen, la palabra, el sonido. Sólo a través de la intuición estética, alejada de todo pensamiento discursivo, se le revela al hombre, en las profundidades de la distancia, en la separación radical, la unidad primigenia, el absoluto en todo su esplendor. El anhelo del regreso, la nostalgia por la unidad perdida, se resuelve en el callar y esperar pacientemente el retorno, en medio del vacío, del espectáculo infinito de la verdad.

El cuadro describe, como muchos otros de Friedrich, las dos caras de la experiencia romántica; aquello que Rafael Argullol ha llamado la “contradictoria visión del infinito” y que románticos como Friedrich y Turner representan de manera magistral en sus pinturas. Por un lado está la atracción por lo infinito, por lo inabarcable: el placer indescriptible que produce la contemplación de la naturaleza en todo su esplendor, en toda su grandeza, en todo su poder. Podemos imaginarnos el placer del caminante que, tras una larga y difícil subida, llega a la cima y contempla el espectáculo de la totalidad que se abre ante sus ojos. Por el otro está, sin embargo, la angustia que produce lo inabarcable, la inmensidad de lo contemplado. Más allá de cualquier sentimiento de superioridad, lo que se produce en el espectador es la angustia frente a la inmensidad: una naturaleza que se le presenta como completamente ajena, inabarcable, oculta por la niebla. El caminante descubre que sólo ha subido una montaña, se descubre en su insignificancia frente a la inmensidad del paisaje que se abre ante sus ojos”.

2 respostes a El caminante sobre el mar de nubes (Friedrich, 1818)

  1. Lydia ha dit:

    Estoy hasta las narices de tantos críticos meapilas que intentan dar explicaciones a cuadros como este, joe esa sensación la he tenido yo paseando por el monte llegando a un punto parecido a este. El pintor plasmo lo que vio y quedó impresionado por lo majestuoso del paisaje en uno de sus paseos.
    No hay más, lo demás es invención pura y dura

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