Las señoritas de Avignon (Picasso, 1905)

15 Març 2012

Picasso pinta “Las señoritas de Aviñón” entre la primavera y el verano de 1907 (el artista contaba entonces con 25 años), en un momento de crisis sentimental ya que estaba a punto de separarse de Fernande Olivier, que venía siendo la compañera sentimental del malagueño desde hacía unos años. Antes de llegar a realizar la pintura que hoy conocemos, Picasso hizo cientos de dibujos preparatorios, en los que aparecen multitud de figuras femeninas que presentan rasgos que las emparentan con modelos africanos y oceánicos, además de con la escultura íbera (“Así como el artista africano tallaba sus máscaras y estatuas, expresando sus temores ante los espíritus malignos, enfermedades y desgracias, Picasso pintaba sus propias figuras hechizadas, anhelando desviar el riesgo de la enfermedad venérea“).

Un primer boceto a lápiz negro y pastel sobre papel, en formato horizontal da a conocer la primera idea que tuvo Picasso para la realización de este cuadro. Las medidas del lienzo iban a ser más pequeñas, con siete protagonistas, cinco mujeres y dos hombres. Los hombres serían un estudiante (se supone que de medicina) entrando en escena por el lado izquierdo y llevando en la mano un libro (en otros dibujos es una calavera, en clara alusión a Hamlet), y un marinero sentado en medio de la habitación, delante de una mesa redonda donde hay pintado un bodegón con tres trozos de sandía, un porrón de vino y una jarra con flores, todo ello con su simbología correspondiente. La distribución de las mujeres iba a ser: una a la derecha, entrando y corriendo la cortina, una de espaldas y sentada, otra sentada junto al marinero y dos detrás y de pie.
Los críticos e historiadores han visto en este boceto una clara escena de burdel. El título evocaría los prostíbulos que el poeta había frecuentado durante su estancia en Barcelona, en la calle Avinyó.

El segundo boceto es una acuarela sobre papel, muy próxima al cuadro final. En él desaparecen las figuras masculinas y quedan las cinco femeninas. Mantiene el formato horizontal pero con unas medidas más pequeñas. La mujer sentada sigue casi igual, sólo que ahora vuelve ligeramente la cabeza hacia el espectador. La mujer de la derecha sigue en posición de correr la cortina. El estudiante de la izquierda es sustituido por una mujer muy parecida a la pintura definitiva. El bodegón del centro queda adelantado a primer término y la jarra con flores desaparece. En este segundo boceto se muestra ya un ensayo de los colores de la obra terminada. La escena de burdel ya no está tan clara como en el boceto anterior y cada figura femenina toma protagonismo por sí misma; las figuras masculinas han desaparecido a favor de las cinco mujeres que muestran con total desinhibición sus cuerpos a los posibles clientes.

Cinco prostitutas desnudas en un burdel, dos de ellas apartan cortinas en torno al espacio donde las otras adoptan poses eróticas y seductoras; cuerpos angulados y torturados. Pechos puntiagudos, extremidades gruesas y pesadas. Sus figuras no son volúmenes redondeados, sino planos chatos y rotos, sus ojos son torcidos e hipnóticos y las cabezas de  las dos de la derecha son máscaras amenazadoras.

La verdadera revolución de Picasso se advierte en la deformación y fragmentación del espacio circundante y de los cuerpos -en especial las posturas, torsiones y escorzos de las figuras-, y la incorporación del espectador-cómplice a la escena como un “voyeur” ante el cual la ‘señorita’ de la izquierda levanta el pesado cortinaje que oculta este “aterrador espectáculo“, en el que encontramos dos ‘señoritas’ de pie, otra que se encuentra sentada de espaldas hacia nosotros y que a la vez nos mira de frente a los ojos en un giro totalmente imposible, y una última que está entrando en escena por el costado derecho del cuadro mientras aparta el cortinaje con ambas manos. 

El Cubismo tuvo como centro neurálgico la Ciudad de París, y como maestros del movimiento figuraban Pablo Picasso, Juan Gris,  Georges Braque y Fernand Léger. El movimiento efectivamente se inicia con el cuadro “Las Señoritas de Avignon”. Como elementos precursores del cubismo debemos destacar la influencia de las esculturas africanas y las exposiciones retrospectivas de Georges Seurat (1905) y de Paul Cézanne (1907). Es una tendencia esencial pues da pie al resto de las vanguardias europeas del siglo XX. No se trata de un ismo más, sino de la ruptura definitiva con la pintura tradicional.

El Cubismo es un arte mental, se desliga completamente de la interpretación o semejanza con la naturaleza, la obra de arte tiene valor en sí misma, como medio de expresión de ideas. La desvinculación con la naturaleza se consigue a través de la descomposición de la figura en sus partes mínimas, en planos, que serán estudiados en sí mismos y no en la visión global de volumen. Así un objeto puede ser visto desde diferentes puntos de vista, rompiendo con la perspectiva convencional y con la línea de contorno.

Siete años más tarde Kirchner, en  “Cinco mujeres en la calle” representa a cinco inquietantes mujeres encerradas en abrigos largos, estiradas y geometrizadas por influjo combinado del cubismo y del futurismo, y que se mueven aceleradas por las calles de un mundo tenso a punto de estallar.

Estas mujeres, vestidas a la moda y con trajes caros, están frente a un escaparate mirando otros objetos de lujo. No es un tema siniestro, y sin embargo la atmósfera global de la pintura lo es. Las mujeres parecen congeladas en posturas erizadas. La actividad está concentrada en la pincelada seca y dura. Quizás sean prostitutas caras, o quizás el pintor quiso que unas ricas esposas pareciesen caras prostitutas. Sus extremidades, los zapatos y los adornos del sombrero se afilan ofreciendo un aspecto erizado y vicioso, y este efecto se refleja en las caras con el carmín de sus labios y sus duras expresiones. Las ropas y sombreros oscuros, al contrastar con sus caras pálidas, pueden producir un efecto de fragilidad. Las sombras verdes del fondo se reflejan en los tonos de la carne; todo contribuye a crear una atmósfera de decadencia.


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