Visión de Toledo (El Greco, 1597)

5 Abril 2012

Es uno de los primeros paisajes de la historia de la pintura, ya que no era un género que, por sí mismo, se cultivara en el Renacimiento. Se desconoce lo que el pintor pretendía con este cuadro. Junto a La noche estrellada (Van Gogh) y algunos paisajes de Joseph Turner se encuentra entre las mejores representaciones del cielo.

Toledo fue la capital religiosa de España y es ésta una pintura de paisaje con una dimensión espiritual. Él elige para representar la escena justo el momento antes de que una tormenta estalla. Los cielos están en guerra; el ambiente es eléctrico. La torre de la catedral de Toledo parece traspasar esta energía a los edificios de los alrededores; en ese momento la voz portentosa de Dios habla a través de las fuerzas de la naturaleza.

Es un paisaje de poder sobrenatural a pesar de partir de la realidad. El Greco centra su atención en los edificios emblemáticos: el Alcázar, el puente de Alcántara, el castillo de San Servando y la catedral, situándose en un punto de vista frontal a la ciudad para mostrar el río Tajo. La aridez del terreno ha sido sustituida por un acentuado verdor más característico del norte de España. Unas nubes grisáceas amenazan tormenta. La silueta de los edificios se recorta sobre esas nubes, iluminándose por efecto de la tormenta. Las tonalidades verdes, azules y grises dan un aspecto dramático a la escena y ponen de relieve la grandeza de la ciudad.

El significado exacto de la imagen nos resulta desconocido, planteándose que podría tratarse de una exaltación de la Ciudad Imperial, capital oficiosa del estado en los últimos tiempos hasta que en 1567 Felipe II decidió trasladar la capitalidad a Madrid.

La fama de El Greco se desvaneció después de su muerte hasta que fue “redescubierto” a finales del siglo XIX. Esta obra se había anticipado tanto al impresionismo como al expresionismo y su testigo fue recogido hábilmente por los surrealistas. Es, por tanto, una obra en fondo y forma premonitoria.


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