Olvídate de mi (Michael Gondry, 2004)

1 Juliol 2012

Sinopsis: Se cuenta la historia de Joel, un hombre tímido, retraído y depresivo que un buen día decide improvisar su jornada escapándose en un tren que no le llevará a su trabajo, sino a un pueblecito ribereño. En una solitaria playa, camina y reflexiona, ahogando su melancólica existencia en sus propios pensamientos. En el camino de vuelta conoce a la extraña e hiperactiva Clementine; sus miradas se cruzan y de inmediato surge una conexión entre ellos, aunque no parezcan tener nada que ver. Él es tímido, inseguro e introvertido, y escribe nervioso en un libro de notas y le cuesta articular dos palabras coherentes. Ella parece todo lo contrario, es extrovertida, impulsiva, toma la iniciativa, su comportamiento es cuanto menos extravagante, cuando no neurótico. Pero ambos conectan. Quizás más rápida y más fácilmente de lo que deberían.

De repente, tras observar sus primeros ratos juntos, Gondry usa un plano de un río como transición y, a los sones de la desoladora “Everybody’s got to learn sometimes”, nos encontramos a un Joel destrozado porque su novia le ha dejado, mientras los títulos de crédito comienzan a aparecer en pantalla. Lo ideal se transforma en insoportable y las diferencias que atraían a la pareja se rompen. Han pasado unos cuantos años, poco a poco comenzamos a saber algunos datos sobre esa relación y que, pese a los malos momentos vividos, Joel siente que debe intentarlo de nuevo. Pero cuando Joel va a buscar a Clementine al trabajo se encuentra con que ésta no sólo tiene una nueva pareja sino que actúa como si no le conociera de nada. Es natural, ya que, como Joel pronto averiguará, Clementine ha tomado la drástica resolución de borrar todo rastro de él de su cabeza, imposibilitando cualquier reconciliación. Llevado por el despecho y el dolor, Joel decide tomar la misma resolución y acude a la clínica del Dr. Mierzwiak  para que le someta al mismo procedimiento, pero a medida que ella desaparece de su geodesia emocional, vuelve a enamorarse de ella en un laberinto de recuerdos que indican que, a pesar del triste final de su relación, ha sido la mujer de su vida.

Se trata de una comedia oscura y triste fundamentada en el olvido como sentimiento del amor perdido y muchas veces añorado. Una historia de corazones rotos que interpela sobre la vida, el amor, la memoria y el olvido, entendiendo que el amor es lo único por lo que vale la pena haber vivido. Bella, sincera y melancólica historia de amor filmada con un apabullante ingenio visual y resolviendo las escenas con  recursos técnicos e informáticos virtuosos y novedosos en su momento.

Por otra parte, la intrincada historia es narrada utilizando deliberados saltos temporales pero con escenas que son verdaderas piezas sabiamente desestructuradas de un puzzle cuyo armazón sugiere un bucle sutil de historias pretéritas reiteradamente repetidas. Además, la historia se “alimenta” de historias paralelas que la enriquecen con una pléyade de secundarios relevantes.

La historia está perfectamente explicada en orden estrictamente cronológico en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Eternal_Sunshine_of_the_Spotless_Mind

“Kaufman sumerge al público en sus laberínticos paisajes ficticios, pesimistas y psicológicos, pero ampliando el recorrido al sugerir una historia teñida de intelectualismo existencial y emocional que obliga al espectador a cuestionarse acerca de la vida, del pasado, del presente y el futuro en un viaje de recuerdos que atormentan, pero sin los cuales la felicidad, en casi todos los casos fugaz y frágil, no tendría sentido”  (M. A. Refoyo).

La compleja estructura de su guión exige del espectador paciencia y la complicidad de entrar en un juego en el que se rompen las coordenadas espaciales y, sobre todo, las temporales, con un viaje al pasado y unos intentos por reconstruirlo desde el presente. En esa alambicada trama, entre mágica y onírica, el espectador continuamente se verá obligado a reescribir la historia, a ir de lo real a lo imaginario (a lo que se supone que son recuerdos que pronto se borrarán), a pasar de un dramático presen-te a la dulce infancia, y de ésta al inmediato pasado en el que la pareja se conoció y decidió romper relaciones. Pero aunque ese ritmo vertiginoso exige una actitud activa, quien mantenga la atención descubrirá unos sugerentes planteamientos acerca de la vida, el amor y el arrepentimiento, a la vez que se conmoverá ante bellas y poéticas escenas como la del estanque helado o la casa que se va derrumbando”.  (Julio Rodríguez Chico)


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