La muerte de Marat (David, 1793)

13 Juliol 2012

La muerte de Marat es una pintura de estilo neoclásico y una de las imágenes más famosas de la Revolución francesa.

La pintura representa el fallecimiento en 1793 de Marat, el escritor del periódico radical L’ami du peuple (El amigo del pueblo) y muy relacionado con la facción jacobina. Marat fue apuñalado el 13 de julio de 1793, mientras escribía en su bañera por Carlota Corday, que apoyaba a la facción girondina, más moderada.

Marat padecía una extraña enfermedad de la piel que se decía que había contraído al esconderse de sus enemigos en las cloacas de París. Sufría violentos picores y buscaba a menudo el consuelo de un baño frío. Sobre el baño improvisaba un pupitre para escribir sus listas de nombres de gente que debía ser ejecutada por crímenes contra el estado.

David era un amigo íntimo de Marat, así como un firme partidario de Robespierre y los jacobinos. Pintó a Marat en un estilo que recordaba al de un mártir cristiano, con la cara y el cuerpo bañados en una luz suave y brillante. La disposición de los elementos es tan sobria como la de un cuadro religioso. Toda la estructura se basa en verticales y horizontales. En el suelo se ve el puñal caído. La mitad superior del cuadro está completamente vacía, transmite un agobiante silencio y frío.

David pinta a Marat en el momento de la muerte, apenas ha sangrado aún. El brazo con el que estaba escribiendo ha caído pesadamente al suelo y la cabeza se desplaza hacia atrás. Los labios entreabiertos expiran el último suspiro mientras su rostro pasa suavemente del dolor a la paz. En la mano sostiene aún el papel donde está escrito el nombre de la asesina.

El cuadro ofrece una visión idílica del personaje y tuvieron que transcurrir más de 60 años para que Baudry reflejará una visión más realista. Al comparar ambos cuadros se observa que, efectivamente, Marat, en la composición de David, es un mártir que exhala su último suspiro con grandeza; de su piel han desaparcido las marcas de la enfermedad y se enfatiza su figura al figurar sólo él. Pero su asesina no se movió de su lado, quedó esperando. David la quita de la escena. El que importa es Marat. Y pinta una figura idealizada. El arte ha estado prácticamente siempre al servicio de quien lo sufraga y los jacobinos que lo encargaron no esperaban una visión crítica o desapasionada del ídolo abatido.

En enero de 1793, Luis XVI fue condenado a muerte en la guillotina. Marat fue implacable con Luis XVI, símbolo de la aristocracia francesa. Seis meses después, el 13 de julio de 1783, la girondina Charlotte Corday mató al jacobino Marat. Apenas pasados cuatro días, el 17 de julio, le cortaron la cabeza.

Auguste Raffet hace de ella un grabado. Charlotte va en el carro rumbo a la guillotina. Su cara está limpia y fresca. Sus pechos resaltan. Parece estar tranquila.

Por su parte, Munch realizaría dos versiones sobre este mismo tema en 1907. En ellas, el pintor atrae a la asesina del héroe de la revolución francesa a sus propias obsesiones y a su visión del sexo; los trazos violentos y la desolación marcan especialmente la segunda versión donde los cuerpos aparecen desnudos y en la cama como si de un crimen pasional se tratara. El rojo intenso de la sangre en la sabana blanca intensifica esta visión agónica.

Ilustraciones complementarias: Baudry, “Charlotte Corday después del asesinato de marat” (1860),  August Raffet, “Charlotte Corday” y Munch, “la muerte de Marat” (1907)..


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