Muerte en la habitación (Munch, 1895)

“Sin el miedo y la enfermedad mi vida sería como un bote sin remos”  (E. Munch)

Pocos artistas como Munch ofrecen una relación tan estrecha entre vida y obra: los avatares personales ejercerán una influencia decisiva en la orientación de su actividad artística. Edvard Munch nace en Noruega (1863), hijo de un médico castrense. Cuando aún no ha cumplido los cinco años, su madre muere víctima de la tuberculosis. Se inicia de esta forma tan temprana una relación con la muerte que habría de obsesionar al pintor durante toda su vida, pues nueve años más tarde fallecería, a causa de esta misma enfermedad, su hermana Sophie, apenas dos años mayor que él. En un entorno que el artista definió como un lugar “opresivo y triste” transcurre su infancia.

Su relación, prematura e incesante, con la enfermedad y la muerte es patente en su obra. Su madre y después su hermana Sophie sucumbieron a la tuberculosis. Perdió buenos amigos de manera trágica. Su padre, médico militar, se tornó taciturno con los años. Su hermana Laura murió en un centro para enfermos mentales.

La pintura le sirvió a Munch como medio para expresar su angustia vital y desesperación la transformó en creación. Su pintura constituye la transición entre el simbolismo y el expresionismo.

Munch rememoró en muchas ocasiones el trágico final de su hermana Sohie, que era su favorita y murió con quince años de edad, en 1877.

En “Muerte en la habitación” (1895) no necesita representar de manera explícita la figura de la Muerte pues ésta presente de manera inquietante en todos los rincones de la habitación. Este espacio interior es una prisión, un estrecho habitáculo aislado del exterior, la jaula donde la familia Munch vela a la hermana muerta que yace en la cama. La desesperación se palpa; el alto respaldo del sillón de mimbre oculta al enfermo que acaba de morir pero las hermanas son fáciles de reconocer y, al fondo, el artista vuelve la espalda a la escena. En torno al sillón se encuentra el padre y tía Karen. Hay otra figura masculina que podría ser un hermano de Munch, tal vez Andreas. El padre reza en silencio, es casi una súplica. El  foco dramático del cuadro se centra en la figura que simboliza al propio Munch, cabizbajo y apoyado en la pared, infinitamente derrotado.

Bajo el título de “La niña enferma”, el artista realizó una serie de hasta seis pinturas y varias litografías entre 1885 y 1926. Munch regreso una y otra vez a este trágico evento por espacio de cuarenta años. La primera versión, entre 1885-1886 fue presentada a concurso; crítica y público podían soportar la crudeza del tema pero no la forma deliberadamente inacabada del cuadro, la superficie del lienzo arañada y restregada con trapos. Lo que causó indignación fue la impertinencia de exponer un cuadro en cuyos elementos principales sólo se ha trabajado como si de un esbozo se tratara y donde los retoques sucesivos son bien visibles. Todas las numerosas capas de pintura ponen de manifiesto la agitación nerviosa con que se ejecutaron los trazos. Pero el tema, aunque convencional, suponía un punto de inflexión estilístico.

En todas las versiones pintadas Sophie está acostada en su lecho de muerte, sufriendo de dolor, apoyada en una almohada blanca grande y mirando hacia una cortina. Está pálida y consumida por la enfermedad. Le acompaña una mujer mayor, morena, desconsolada, afligida; es su tía Karen que agarra con desesperación la mano de la sobrina.

Reproduzco aquí la primera versión pues en ella son más visibles las huellas del intencionado deslucimiento de la pintura en un intento por captar el temblor y la palidez de la muerte.

Cuatro años después de esta primera versión, en 1889, el pintor recupera el mismo tema de la muerte de Sophie pero con un tratamiento mucho más convencional, con una emotividad blanda casi remilgada. Ahora el estilo acaba por rebajar la intensidad y emotividad y termina la pintura siendo más asequible al gusto acomodado de la época. El mismo título, “Primavera”, implica ya una alteración y ahora el moribundo podría ser, tan solo, un convaleciente.

Una resposta a Muerte en la habitación (Munch, 1895)

  1. Anònim ha dit:

    Excelente, voy a escribir una obra de teatro sobre esta historia, me encantó

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