Requiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000)

1 gener 2013

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Sinopsis: La película gira en torno a dos historias: una mujer viuda, sola, a quien no queda más ilusión que la felicidad de su hijo, y cuya existencia da un vuelco cuando recibe una llamada de la televisión anunciándole que pronto aparecerá en uno de los programas estrella, a partir de ese instante su vida estará dedicada a la preparación de ese gran momento, que cualquiera de sus adorables vecinas querría tener. Su joven hijo es un chaval de la calle que se las ingenia de diversas maneras para conseguir la pasta que necesita para su dosis diaria de varias drogas, tarea que comparte con su desesperada novia, cuyos diseños de ropa son la base del negocio que quieren montar; cuentan para ello con la ayuda de un fiel amigo.

Ambas historias se complementan perfectamente en una narración portentosa, angustiosa, llena de ritmo y que equipara las drogas institucionalizadas con las ilegales, mostrando la capacidad de adicción de todas ellas.

Cuatro seres humanos, perdidos e irrecuperables, se sumen en fantasías mientras desesperan hasta que, finalmente, sus sueños se tornan pesadillas.

El vitalismo inicial, el optimismo y las ilusiones se tiñen a medida que la película avanza. Aronofsky consigue que la angustia de los personajes se traslade al espectador, que la historia emocione y enganche, que los actores borden sus interpretaciones y remata, sin concesiones de ningún tipo, con un duro, realista y creíble final que completa esta humana, desgarradora y complicada película.

Es un impresionante experimento visual que sumerge al espectador en el descenso a los infiernos más aterrador jamás proyectado. Es la “Divina Comedia” contada al revés. El film es uno de los más deprimentes de la historia del cine, descorazonadora y brutal; una película que deja cicatrices.

El final es antológico, sin un atisbo de esperanza; adquiere entonces el titulo pleno sentido. Todas las ilusiones se han desvanecido. No hay espacio para la esperanza; todos los personajes acaban en posición fetal. El desenlace es cruento como pocos. 

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Réquiem por un sueño narra dos historias, una sobre una viuda llamada Sara que está sola, y la otra en torno a Harry, el hijo de Sara, su novia Marion y su mejor amigo, Tyrone. Harry es el único hijo de Sara y la única persona que deja en este mundo. Temerosa de perderle, opta por ignorar su desagradable actitud, autoconvenciéndose de que todo acabará arreglándose.

Entretanto, Harry y Marion depositan sus respectivas esperanzas el uno en el otro, abrazando el ideal romántico de un amor que se eleva por encima de cualquier otra cosa de la vida. Compartiendo confidencias entre susurros, Harry, un oportunista que vive la calle, y Marion, sofisticada y serena, descubren que son seres humanos vulnerables que han pasado la mayor parte de sus existencias sintiéndose solos e inseguros. Ahora es como si finalmente estuvieran viviendo en plenitud, y experimentan la sensación de haber hallado a esa persona en el mundo que les hace sentirse completos. Con tal de tenerse mutuamente, creen que el mundo real poco importa. Harry y Marion son gente incomunicada tratando de permanecer juntos.

Pero cuando el mundo real muestra su fealdad, la romántica utopía de Harry y Marion empieza a desmoronarse; con gran celeridad, se sumen en las disputas, la traición y la desesperación. Las heridas que se infligen mutuamente tergiversan cruelmente sus momentos más íntimos. Harry, que en una ocasión hizo que Marion se sintiera “como una persona”, le pide que se prostituya cuando insiste en que Arnold el Psiquiatra le preste dinero. Marion, de quien Harry creía que estaba dispuesta a “hacer lo que fuera” por él, le reprueba ferozmente y le culpa de todos sus problemas. Enojados, heridos y asustados, Harry y Marion se alejan el uno del otro. Las posibilidades de detener la espiral que les hunde se les escurren entre los dedos avivándose en su lugar sus mutuas tendencias autodestructivas.

Las relaciones de estos personajes constituyen el corazón del filme. Aronofsky apunta: “Réquiem por un sueño versa sobre muchas cosas. En su mayor parte, trata sobre el amor. Y más específicamente, acerca de lo que ocurre cuando el amor se estropea.”

La tragedia de Réquiem por un sueño está en que Harry y Marion nunca dejan de amarse, de hecho, incluso cuando se están destruyendo; su amor no se ha extinguido, se ha desperdiciado.

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Por otra parte, la película es visualmente puro nervio, con un montaje impactante y un estilo efectista herencia directa de los videoclips. El director aplica el denominado “montaje de rap” (hip-hop montage), inspirado por la cultura rap de los años 80. La subjetividad del relato y de los cuatro personajes principales se presenta mediante la división de la pantalla pero también con efectos especiales novedosos en la época (heat-cam, vibrator-cam y snorri-cam). El montaje muy ágil y rápido. La edición rápida y la multiplicidad de planos aumentan el dinamismo y ayuda al espectador a vivir la locura y lo que sufren los personajes.

Ahora bien, es cierto que los hallazgos visuales de la película a mi entender han envejecido de manera notable y que la preocupación por una estética fascinante termina yendo en contra de la película. Transcurrida una década, el film se revela ahora artificial y aparatoso aunque es precisamente esta irregularidad su mayor atractivo pues lo sublime radica siempre en lo genuinamente desbocado. Puro chute de cine en vena.

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“Darren Aronofsky deposita todo el peso de la narración en un vibrante montaje paralelo y en recursos fílmicos arriesgados (división de la pantalla, alteraciones del ritmo dentro de un mismo plano…) que funcionan a la perfección para ilustrar el descenso a los infiernos, sin posibilidad de escape, de un grupo de personajes sin voluntad y paradigmáticos de los tiempos que corren. El director culmina su obra con un golpe contundente, un gancho directo al mentón del espectador, que se convierte en diez minutos agobiantes, inteligentemente suavizados por la música de cuerda de Kronos Quartet, que ejerce de perfecto contrapunto para el trabajo tecnológico de Clint Mansell (‘Pi’) para el resto de la película. Sin concesiones, Aronofsky plantea el mensaje de ‘no hay salida’ hasta sus últimas consecuencias y consigue una obra sórdida y de difícil, aunque muy recomendable, digestión”  (Fernando Bernal)

“Aronofsky pone el dedo en la llaga al denunciar las falsas esperanzas que generan las adicciones escapistas de la realidad, que conducen a tanta gente a oscuros agujeros de inhumanidad. Sin embargo, su mirada resulta demasiado desesperanzada y algo morbosa en su cruda recreación de la locura, la violencia y la sexualidad salvajes que delimitan la degeneración moral de los personajes. Al guión le hubiera venido muy bien algún contrapunto luminoso, y a la agobiante y paranoica realización, plagada de delirantes efectismos, algún momento de reposo, para poder digerir el cúmulo de desgracias que se describen”  (J.J.M.)


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