En la sombrería (Degas, 1882)

Degas, que siempre se consideró un pintor realista, se afanó en representar en sus obras la realidad que le rodeaba, por lo que tuvo en la vida parisiense su principal fuente de inspiración. No es de extrañar, por tanto, que se sintiera interesado por el incipiente mundo de los comercios de la capital francesa. Sus visitas a las boutiques de moda le llevaron a pintar un grupo de obras en las que nos adentra en el París de la alta costura, en ese mundo de las nuevas tiendas de variedades que corresponde a la alta burguesía.

Las jóvenes burguesas de París serán las protagonistas de estos cuadros de sombrererías, en los que Degas es casi un “voyeur”.

Dos mujeres se están probando diferentes modelos de un rico surtido de sombreros; una de ellas se presenta de espaldas y apoya su delicada mano derecha en una sombrilla; podría ser la pintora norteamericana Mary Cassatt, que sirvió de modelo en algunas obras de Degas  y que acudía acompañada del pintor cuando iba a adquirir sus sombreros. Su compañera se ajusta el sombrero y se mira en el espejo con gesto de satisfacción.

Respecto a los colores, se aprecia un interesante juego entre los naranjas y marrones, colores complementarios, junto a los azules y blancos, que producen un alegre conjunto.

La escena, tomada desde detrás de la mesa y con una de las damas de espaldas a nosotros, contemplando a la otra que se prueba el sombrero, nos remite una vez más al encuadre fotográfico, tan característico en Degas. El espectador no mira la tienda desde fuera, sino que está situado dentro de la estancia, detrás del mostrador, en el sitio en el que estaría la sombrerera atendiendo a sus clientas. En el muro del fondo, el escaparate de cristal con un marco dorado es el único elemento que proporciona profundidad al cuadro, al tiempo que permite que se introduzca en la tienda la luz de la calle.

El pintor, fascinado por la belleza femenina, no la pinta como fin último de sus cuadros. Responde a la lógica mercantilista del momento encontrar en la pintura de la segunda mitad del siglo XIX artistas que adulan la exquisitez de sus clientes burgueses retratando estampas mundanas de su mundo de lujo y sofisticación.

Estas jóvenes burguesas podían lucir bonitos vestidos en estampadas sedas gracias al trabajo de otras jóvenes proletarias que cosían las telas.

El origen social de las costureras y modistas retratadas por Degas es confuso; en sus obras la mujer trabajadora, aquella que se veía obligada a trabajar sin cesar para poder mantenerse, pasa a ocupar el primer plano. Ahora bien, la postura de Degas vuelve a presentarse de manera borrosa, indefinida. No sabemos si quiere reflejar la mujer independiente, emancipada, o bien nos muestra a una mujer atrapada.  ¿Por qué atrapada ?

Atrapada por los hombres ricos que podían fácilmente comprarlas.  Aunque estos oficios estaban socialmente bien considerados, se creían profesiones más adecuadas para mujeres pobres y también podía dar lugar a malentendidos cuando éstas entregaban los encargos en casa de los particulares.

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