Mujer planchando (Picasso, 1904)

La aparición en el arte del trabajador empobrecido de las ciudades, el proletario, es una nueva figura social que ya retrato Courbet o Daumier en muchas de sus obras.

Pero los cuadros de la época azul no son primariamente un alegato contra la explotación o contra el desamparo al que la sociedad moderna condena a muchos hombres y mujeres, sino que se centran en una reflexión sobre la condición humana. Sus personajes delgados, bañados de incertidumbre, tristes de expresión, están más cerca de la poética de Puvis de Chavanne que de la rebeldía de Daumier. En Mujer planchando hay debilidad y fuerza, fatiga y esfuerzo, pero sobre todo desamparo.

Esta pintura es dramáticamente dura, expresiva y lacerante, y evidencia la imagen del esfuerzo cuando se sobrepasan todos los límites del agotamiento físico y moral.

Es una visión de penuria y depauperación en la que un cuerpo femenino de cortantes ángulos, demacrada estilización y alteradas proporciones se inclina de tal modo que, al apoyar todo su peso en las manos, se obliga a realizar una contorsión reveladora del grado del cansancio que su desalentadora tarea entraña.

El autor renuncia a cualquier forma de ambientación doméstica para resaltar la soledad y la dureza de una vida agobiante. Unas formas angulosas y unas líneas incisivas crean una figura inquietante. La delgadez enfermiza, las enormes ojeras y el cuerpo encorvado de la mujer dan una sensación de agotamiento infinito.

La composición formal radicaliza el mensaje y eleva la angustia de manera ilimitada. Se sobrepasa así el mundo del puro trabajo para entrar en el ámbito de un universo doliente al modo del que inunda las actitudes de santos y penitentes del Greco o de Ribera, con la diferencia de que lo que en las pinturas del Siglo de Oro se elevaba al misticismo aquí se mece en un abatimiento y melancolía, en una gélida derrota devastadoramente desesperanzada.

La obra pictórica ha inspirado un poema que el autor ha publicado en su blog:

Alfil de la tristeza vas secando
lágrimas seculares con la plancha

da una pasada más
para alisar la arruga de los tiempos
para marcar el lino con tu anónimo
que es un prófugo grito almacenado

no cejes de planchar el blanco lienzo
como un leve sudario
azulado estandarte del olvido

no desfallezcas

la fuerza de tu espíritu
es un cauce en la sombra
que vas a derramar sobre la sábana
y con ella seguro
se ha de cubrir tu amor y dormirá el deseo
anidarán tus sueños de vuelos migratorios
y vestirás de muerte tu azulada pureza

Autor:  Juan Carlos Gómez Rodríguez

http://jcarlosgomezpoemas.blogspot.com.es/2009/03/la-planchadora-pablo-picasso.html

Antes de la visión intensamente patética de Picasso el pintor francés Degas había abordado el mismo tema.

Quizá sea “Las planchadoras” (1884) la más dura de las escenas pintadas por Degas. Siguiendo la estética realista de Coubert o Daumier nos presenta a las planchadoras en su duro trabajo, ajenas a los buenos modales; una de ellas bosteza y se rasca el cuello mientras agarra una botella de vino con la que ahogar las penas de su triste vida. Su compañera se esfuerza por eliminar las arrugas de una camisa, sin tener tiempo para quitarse el mechón de rojizo cabello que se le ha caído hacia adelante. En el fondo se nos presenta la soledad y tristeza de los lugares donde trabajaban estas pobres mujeres.

Podría existir cierta relación entre la soledad de estas personas y el alcoholismo, destructor de las vidas de estas mujeres como ya había hecho el pintor en La absenta, siguiendo la estela de la literatura realista de la época.

Técnicamente, resulta sorprendente la rapidez de la factura, a través casi de manchas, aunque existe una excelente base de dibujo como podemos apreciar en los brazos o en los rostros. Esta rapidez puede estar causada por el deseo del artista de obtener un efecto vaporoso motivado por el calor del trabajo y el vapor de las rudimentarias planchas. La estancia está iluminada por un foco de luz procedente de la derecha que impacta en la mujer con camisa rosa, mientras que la que bosteza está en una zona de menor claridad. Los tonos azules se adueñan de la composición, acompañados de blancos, verdes, marrones o rosas. El tedio de la planchadora está perfectamente captado, demostrando la capacidad como retratista de Degas.

Captadas de lleno en el trabajo, agotadas de cansancio, ambas planchadoras de Degas testimonian de la mirada sin complacencia, pero no sin ternura, que el artista parece echar sobre la clase obrera.

Los gestos de cada una de las planchadoras parecen haber interesado particularmente el pintor, que pretende fijar los movimientos efímeros y cotidianos, en una representación ni heroica ni caricatural.

Renato Guttuso - 07Unos años más tarde Renato Guttuso retoma el tema -nada novedoso en la historia del arte- pero capta a la perfección el tono desolado de Picasso con una mujer que trabaja desnuda, con los pechos caídos:  la ropa se amontona arrugada en un cesto de mimbre. Las pinzas de la ropa confieren realismo a la escena. La placha es eléctrica; el progreso no soluciona, en verdad, la penosidad de la tarea.

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