Asesinato por placer (Otto Dix, 1922)

Otto Dix - asesinato por placer (1922)
El asesinato de índole sexual es un tema recurrente en la imaginería artística, bien recreando la época victoriana de Inglaterra o la posguerra alemana de la República de Weimar.

En los años veinte en Alemania rara vez pasaban tres semanas sin que se descubriera algún crimen espantoso. Ocurrían asesinatos sexuales en serie, como los cometidos por Wilhem Grossman, El Barba Azul del ferrocarril de Silesia, quién acostumbraba comerse a las mujeres que mataba. O el homosexual Fritz Haarman, quien liquidó a sus numerosos amantes ocasionales cortándoles la yugular con los dientes antes de preparar y vender su carne a carniceros desprevenidos. O Meter Kurten, que prefería beberse la sangre de niños y mujeres cuando sus cadáveres aún estaban calientitos. O Kart Denker, que coleccionaba recuerdos de sus víctimas, dientes, huesos o piel con la que confeccionaba objetos.

En las conversaciones de los berlineses Jack “el Destripador” o Lulú de “La Caja de pandora” eran un tema frecuente.

Este ambiente sórdido parecería ser común denominador de la época, sobre todo por la gran cantidad de mujeres enfermas dedicadas a la prostitución. Mujeres que debieron ser amas de casa dedicadas a la crianza de los hijos. Son las viudas, novias, hermanas, hijas de soldados muertos en la guerra. En contraposición del trabajo asalariado, duro y mal remunerado que ejercían en las ciudades un buen número de obreras alemanas, aquellas preferían prostituirse para mantener a sus hijos, hermanos o madres. Pobres y de origen humilde, no pertenecían a la burguesía ni a los despojos imperiales, por lo que no figurarían en la cinematografía alemana donde se anunciaba el nacimiento de los símbolos sexuales femeninos más representativos de la época, como Marlene Dietrich, objeto del deseo masculino, inalcanzable para el obrero común o el mutilado de guerra. Tampoco tendrían lugar en el cabaret donde bailarinas y cantantes recibían un salario por mostrar su cuerpo semidesnudo a los burgueses berlineses, ataviadas con llamativos y seductores vestuarios. Estos eran algunos de los versátiles perfiles de las mujeres alemanas que, sin embargo, despertarían los más oscuros instintos sexuales masculinos justificando así el crimen sexual, la coartada para dar rienda suelta a los más bajos instintos de una sociedad enferma, germen del nazismo.

En 1922, Otto Dix realizó “Asesinato por placer”, Dix genera una imagen grotesca que alude de manera impactante al asesinato contra homosexuales. En aquellos años de severa inflación y profunda crisis económica, muchos hombres se disfrazaban de mujeres y aprendían a cantar y bailar en los burlesques.

La imagen central es el cadáver asesinado con saña brutal de un joven rubio disfrazado de mujer. Aunque su cara está desfigurada intencionalmente por los golpes recibidos y el escurrido maquillaje, advertimos que su delgadez es masculina y carece de senos, está abierto de piernas y en ellas se aprecia el uso de medias oscuras arriba de las rodillas. Lo han degollado, castración simbólica de la cual ha sangrado abundantemente; medio cuerpo semidesnudo permanece fuera de la cama. El cuerpo se encuentra totalmente masacrado, lo cual permite deducir que el asesino agotó todos sus recursos violentos. El cadáver yace de espaldas, con la parte superior del cuerpo fuera de la cama; junto a la cabeza hay un charco de sangre y sobre su rostro hay un reguero de sangre que sale de la nariz y la boca. Los muslos también están manchados de sangre, que ha salpicado la pared.

Una silla tirada testimonia la violencia ejercida durante el crimen. La pequeña y rectangular habitación da cuenta de una asfixiante atmósfera y son curiosos los objetos pulcra y ordenadamente colocados encima de una mesita al fondo; una cartera de caballero, que no se sabe si perteneció al joven de rubia cabellera o a su homicida, y una toalla bien doblada sobre otro recipiente. Al centro de la habitación una lámpara cuelga como mudo testigo del descubrimiento fatal. Un espejo inclinado refleja los genitales masacrados, castración real donde queda enterrada la evidencia del crimen, el fálico puñal del criminal. Mientras una grieta en la desgastada pared, desgarrada, reflejo del ambiente sórdido del crimen.

Una ventana sin cortinas, alta y estrecha, muestra lo más desconcertante de la escena: una calle cualquiera que estremece por su patetismo. Una insípida calle de casas baratas. Una ciudad cuyos edificios son mudos testigos del crimen sexual. El Berlín indiferente e imperturbable, reflejo de una sociedad marchita, que agoniza cada día y vive con desilusión y terror los instintos desatados a través de noticias que informan sobre innumerables crímenes sexuales.

Otto Dix - asesinato por placer (1922) (01)
En otra versión de “Asesinato por placer” del mismo año, Dix podemos apreciar el interior de una habitación modesta, sucia y sórdida de un hotel barato. En la miserable cama yace el cuerpo semidesnudo de lo que parece ser una prostituta que ha sido asesinada, con los despojos de una vestimenta insinuante, medias de seda y botines de tacón alto que ni siquiera se alcanzó a quitar. Indumentaria que no portaban obreras ni campesinas. Pero también podría tratarse de un travestido, ya que en sus delgadas formas corporales no están acentuadas las caderas y en el tórax no se advierte el busto femenino. Recordemos que Dix fue enjuiciado por representar mujeres de la vida galante, por lo que en estas obras probablemente prefirió transformar su género. La intencionalidad y la denuncia era lo importante, ya que el asesinato sexual también se perpetuaba contra homosexuales.

El cuerpo de la víctima yace sobre la cama, colocado boca arriba; por la violencia que se percibe en la habitación, el personaje fue apuñalado y la sangre se esparce en forma desordenada y violenta. De la nada parecen surgir dos perros copulando, el macho es una sombra negra corpulenta y feroz, la hembra es pequeña y mira al espectador desconcertada y pasiva ante el inminente ataque sexual. Toda una alegoría de la ferocidad con la que son atacadas y ultrajadas las mujeres.

Munch - The Murderess (1906) la asesina
En la versión complementaria propuesta, “La asesina” (Munch, 1906) el rol de los sexos se intercambia, como corresponde un pintor fuertemente misógino y su visión de la mujer como un ser dominante y castrador.

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