la cosecha del heno (Giovanni Segantini, 1898)

Giovanni Segantini - la cosecha del heno (1898)
“Entonces vi cómo un rayo de luz se iba haciendo cada vez mayor, hasta que tomó forma humana, la forma de una mujer. Pero del mismo modo que se había formado la figura, casi viva y comprensible a la vista, se deshizo de nuevo, se descompuso en colores brillantes de color rosa. Sin embargo, miré fijamente hacía ese punto, y volvió a aparecer, siguió estando fluida, pero reconocible en su forma transparente y brillante … La bella figura divina se rodeó de un cuerpo plateado que se extendía y desplazaba las oscuras sombras de la nube”  (Segantini )

Giovanni Segantini (1858-1899) es un pintor italiano de paisajes alpinos. En 1880 se instaló en Brianza, donde se concentró en pintar escenas de la vida campesina en las montañas, incluyendo algunas grandes vistas panorámicas. En 1886 se trasladó a Suiza. Segantini fue en gran parte un autodidacta y desarrolló su propio método de divisionismo, aplicando los colores al lienzo en pequeñas áreas de pigmentos no mezclados más que en su paleta. Además, la pintura fechada en los últimos cinco años de su vida está dedicada en algunos casos al ideal de la maternidad y al tema de la muerte, mostrando su interés creciente por el simbolismo.

Un hombre que pintaba desde las cumbres de las montañas, absorbido por la manifestación tremenda de la tierra, quizás en busca de la curación milagrosa que le hiciera olvidar el dolor y sufrimiento padecido en la infancia.

En “La cosecha del heno” pinta una sola figura en el primer plano; el cuadro despierta compasión y nostalgia, al modo de las pinturas impresionistas de Millet. Segantini trataba a diario con campesinos y pastores y estas experiencias individuales quedaban plasmadas en representaciones con una transcendencia colectiva.

El pintor comenzó La cosecha del heno hacía 1889 en Savognin, con un formato apaisado. En esta primera versión, el artista pintó un horizonte plano y uniforme, por encima del cual sobresalía el tronco de la campesina de igual modo que las pequeñas figuras de campesinos y almiares que rompían la línea del horizonte

En 1898 Segantini añadió en la parte superior una pieza de lienzo, de modo que el formato pasó a ser casi cuadrado. Completó la cadena montañosa y el cielo en la forma actual con lo que le dio un significado simbólico a la luz  radiante y divina hace desaparecer las negras nubes de amenaza. Hay en el enfoque luminoso una devoción mística por el paisaje, una superioridad metafísica sobre la esforzada figura humana. Es, ciertamente, un impresionismo simbolista.

Giovanni Segantini - ave maria en el lago (1886) Esta hábil conjunción para elaborar imágenes tan poéticas como religiosas ya había sido expresada en “Ave María en el lago” (1886) donde un hombre viejo rema al tiempo que reza, y una madre joven que sostiene cariñosamente un niñito en brazos, conducen un rebaño de ovejas a la lejana orilla.

La balsa, sus arcos de madera, sobre los que se puede tener una carpa, se refleja en la clara luz del sol.

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