centro comercial

Yuliya Sariy
No tiene más de dieciocho,
pequeñita, pelo castaño,
ojos bonitos y muy pintados.

Es casi la hora de comer
y el centro comercial
está vacío. Ella está
de dependienta en esta tienda
de ropa. Y nos atiende.

Tiene los ojos humedecidos,
la nariz roja y bosteza.

Le pregunto si tiene sueño
y ella me dice que tiene frío.
Le sugiero que se ponga
algo más sobre la camisa
del uniforme;

ella me dice
que no le dejan
y esboza una sonrisa.

Si tuviera alma,
se me partiría.

Pienso en el propietario
de la franquicia jugando
al golf.

Me cago en sus muertos.

Autor: Miguel Cabrera Pérez

Fotografía de Yuliya Sariy

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