la gitanilla (Hals, 1628)

Hals - la gitana (1628)
Frente a lo que podría ser un cuadro de género sórdido o de intenciones moralistas, este retrato de gitana, cuyo explícito gesto nos dice que es una prostituta, Hals ha realizado una obra naturalista y sensual, inmediata en el tratamiento pictórico y en la recepción visual, aunque bien podríamos encontrarnos con una referencia moralizante habitual en estas fechas en la pintura holandesa. Los retratos de género eran poco frecuentes hasta el Barroco, pero a partir del siglo XVII comienza el interés de los pintores por los personajes de la vida cotidiana, pobres o marginados que con frecuencia les acompañan en su trabajo.

Hals se complace en la figura, sonriente, próxima, lejos de juicios morales y mucho más próxima a un planteamiento completamente amoral para su época.

El pintor ha sabido interpretar la personalidad de sus modelos, centrando la atención en el gesto y la mirada de la joven prostituta, que de reojo parece invitar al espectador a disfrutar de sus encantos, algunos de ellos a la vista como el pronunciado escote resaltado por la potente iluminación empleada. Las pinceladas son rápidas y certeras, sin interesarse por detalles superfluos, concentrando su atención en el rostro de la provocadora joven.

La luz se centra en el rostro y busto de manera intencionada.

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