Stories we tell (Sarah Polley, 2012)

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Sinopsis: Articulado a través de entrevistas e imágenes familiares, Sarah Polley busca la respuesta a uno de los grandes enigmas que rodean a su familia. “Stories We Tell” es un film de investigación por el que desfilan padres, madres, hermanos y amigos cuyas contradictorias declaraciones conforman un mosaico emocional.

Todo cultura, todo país, toda región tiene sus historias, sus mitologías. Lo mismo cada persona, y la versión de cada persona que tienen los demás. Y, por supuesto, lo mismo ocurre con las familias. Cada familia tiene sus historias, sus mitologías y sus versiones.

Como una pieza de investigación detectivesca, el documental Stories We Tell (2012) de la directora y actriz canadiense Sarah Polley se adentra en la intimidad de su familia y socava sus más profundos secretos.

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“La ficción se construye partiendo de realidades, o mejor, de recuerdos (¿no es así como ocurre siempre?). Historias que se van pensado, armando y re-construyendo, todo al mismo tiempo y sin pretensión más allá que el placer por el hacer, por el ir descubriendo. EnLos Ilusos, Trueba crea pequeñísimas historias inspiradas en la vida que él conoce, la del cine. Algunas más elaboradas, otras menos, pero siempre liberado de artificios. En el caso de Stories We Tell, Sarah Polley se reúne con miembros de su familia en busca de una inquietante verdad. Su madre, que murió cuando ella tenía apenas once años, dejó una vida cargada de misterios e historias por contar. Contar, narrar, rememorar historias, de eso trata todo esto. Sarah Polley plantea la misma cuestión a cada una de las personas de las que se sirve: “Cuéntame la historia de mamá tal y como la recuerdes”. Es a partir de entonces donde comienza la ficción,ya que cada personaje contará su relato desde perspectivas dispares correspondientes a la experiencia del mundo de cada uno. También ella se despoja de tretas y artimañas sirviéndose únicamente del lenguaje cinematográfico como salvador de recuerdos, como herramienta fundamental para estructurar, expresar y hacer presente algo que ya no está, que ya pasó. De tal manera que, paralelamente a lo que se cuenta, Polley recrea a través de la nostalgia de una cámara Super-8, las imágenes y escenarios narrados, haciendo de lo incierto de cada historia un retrato hiperrealista de lo que pudo haber sido, de lo imaginado.

A base de entrevistas a los diversos miembros de su familia y amigos de la misma, la guionista y directora habla de su madre, la también actriz Diane Polley, a quien ella a duras penas llegó a conocer antes de que un cáncer acabara con su vida. Como narrador emplea a su padre, escritor que apartó su carrera como tal para dedicarse por completo a buscar el mejor futuro para su familia, pero que recientemente realizó una suerte de memorias que son empleadas como material de partida. Todo ello muy canónico: entrevistas, declaraciones y voz en off al servicio de una trama que bien podría valer, únicamente, para un vídeo familiar de nula distribución. Y para echar más leña al fuego, Polley recurre a imágenes grabadas en su día en Super 8, y reconstruye escenas del pasado empleando técnicas similares con actores dobles, cuando no dispone de las originales. Una de las primeras violaciones de una película que tarda bien poco en ir adquiriendo cuerpo mediante fogonazos de interés que bien pronto compensan lo intrascendente de su partida.

Porque en seguida se descubren las verdaderas intenciones de su responsable: al tiempo que el argumento va adoptando las formas de un thriller dramático (se van sabiendo importantes secretos en relación, sobre todo, a la propia Sarah Polley a quien hace un momento colocábamos en el centro del huracán), el film va multiplicando sus puntos de vista, ofreciendo visiones distorsionadas en función del miembro de la familia que las dé, y por tanto suponiendo un retrato complejísimo tanto de la madre como, indirectamente, del padre y demás afectados. Emprende así un estimulante discurso sobre las perspectivas y las afecciones de lo sentimental sobre la narración de una historia, que casa a la perfección con el jugueteo metalingüístico que se instaura desde el principio; por no hablar de la maravillosa prosa que se gasta Michael Polley, el profundo respeto que sienten unos hacia otros, y un hecho innegable: resulta imposible no sentir gran simpatía hacia la cinta por la explosión de vívida sinceridad, por el cariño que se tienen todos, y que tarda bien poco en rebasar los límites de la pantalla.

De manera que lo que apuntaba a revoltijo de trapos sucios sin importancia para el espectador, tarda poco en descubrirse como un delicioso ejercicio meta cinematográfico, sumamente controlado por una directora perfectamente conocedora de lo que se trae entre manos.” (Carlo Giacome)

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“Las memorias de Sarah Polley dan como resultado una película conmovedora, divertida y apasionante, que desafía las nociones de la memoria y la mitología familiar” (Claudia Puig)

“‘… tiene bastantes virtudes transparentes, incluyendo su humor y su diseño formal, aunque su cualidad más admirable es el profundo sentido de la ética personal que hay en las elecciones de planos de la dirección” (Manohia Dargis)

Ampliar información en:

http://www.jotdown.es/2013/06/juanjo-m-jambrina-stories-we-tell/

http://www.cinemaldito.com/stories-we-tell-sarah-polley/

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