La plaga (Neus Ballús, 2013)

STILL_Maria

“Todos tenemos algo excepcional. Si paras en el detalle y lo cuentas con cariño, al final cada persona tiene su pequeño drama que resulta interesante”  (Neus Ballús)

Sinopsis: Raúl, un campesino que intenta hacer producción ecológica, contrata a Lurie para que le ayude en el campo. Lurie es luchador de lucha libre, pero para ganarse la vida tiene que trabajar de lo que le salga. Poco a poco, las historias de estos dos hombres van entrelazándose con las de tres mujeres solitarias: María, una anciana que tiene que dejar su casa para irse a vivir a una residencia de abuelos; Rose, una enfermera filipina que acaba de llegar al país; y Maribel, una prostituta que cada vez tiene menos clientes. Los destinos de todos estos personajes se entretejen a medida que el verano avanza.

Se trata de una película con todo el encanto imperfecto de las óperas primas de los cineastas de fuste. Película de etimología documental, con una narrativa irregular, esbozo de un paisaje humano devastadoramente cotidiano, inundada de momentos insípidos, como si hubieran sido cocinados de relleno, pero con la habilidad para atrapar la quietud. Y unos diálogos concisos y reales, donde la palabra escasa expresa todo. La belleza de la película es que los personajes se interpretan a sí mismos, nace de la intensidad que compartieron con la realizadora, personajes que llevan su historia en cada arruga y gesto.

STILL_Rosemarie“Utilizando como pretexto narrativo la plaga de mosca blanca que arruina las cosechas durante un cálido verano, la película de Ballús reúne a un grupo heterogéneo de personajes que se interpretan a sí mismos en lo que funciona como un extraordinario western lírico: un payés, un peón de campo aficionado a la lucha grecorromana, una prostituta, una cuidadora filipina en una residencia de ancianos y una lúcida nonagenaria que se rebela contra las derrotas de la edad. La plaga plantea la posibilidad de una comunidad entre estos dispares personajes a través de gestos sutiles de comunicación y afecto que alcanzan abrumadoras resonancias. La plaga parece no estar contando nada para contarlo todo: las miradas del payés a la cuidadora filipina desde su coche podrían estar esbozando una historia de amor quizá nonata… El bombón con que la cuidadora premia a la anciana electrifica una escena que matiza los anteriores pulsos entre los dos personajes, al tiempo que marca un apreciable movimiento interior desde esa escena en que la chica ha confiado sus dudas y ansiedades a una compañera de trabajo. La visita del payés al convaleciente empleado luchador -un momento de lacónico afecto entre cowboys- y la climática lluvia que subraya la naturaleza esperanzada del relato de Ballús son otros relevantes nudos en un mosaico de personajes construido con la exigencia de quedarse con lo esencial y no permitir la entrada en el montaje final de ninguna imagen irrelevante.

Este supuesto western crepuscular acaba convirtiéndose en su aparente contrario: un relato fundacional sobre nuevas relaciones y resistencias, porque el sentido último de La plaga no es tanto el de registrar la desaparición de un mundo, sino el de proponer el fortalecimiento de uno nuevo, fundamentado en la comunicación y la comprensión del Otro, en lo que parece un territorio asediado.”
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/05/actualidad/1378403527_383741.html

Más información en: http://www.laplaga.cat/

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