Verdades verdaderas (Nicolás Gil Lavedra, 2011)

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Sinopsis: Retrata la vida de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. El film refleja los años en los que Estela era una señora de clase media que repartía su tiempo entre su familia y la docencia, y no tenía ninguna militancia política. Tras el secuestro de su hija Laura en noviembre de 1977, y su posterior asesinato a finales de agosto de 1978, apropiándose los captores de su nieto Guido, su vida cambia por completo.

El film muestra a Estela sin ningún tipo de vínculo con la militancia política, intentando preservar y cuidar a sus hijos como podía. Su esposo, Guido, hacía lo mismo. Nadie desalentaba la lucha por los ideales, pero ante el golpe de Estado de 1976, las cosas cambiaron notablemente. Sus hijos estaban siendo perseguidos y amenazados. A Guido lo secuestraron tres semanas y luego lo arrojaron a la puerta de su casa como un despojo lleno de golpes. Claudia debió exiliarse. Al esposo de Laura lo mataron. Ella fue detenida estando embarazada, dio a luz a su hijo, al que llamó Guido, en honor a su padre, y luego fue asesinada.

El tono de la película es emotivo y dramático, sustentado en un guión equilibrado para seguir tanto los largos momentos de calvario y lucha, como los fugaces momentos de felicidad hogareña y las pequeñas alegrías que fortalecen el alma para seguir adelante.

Funciona a la perfección la brillante interpretación del matrimonio, con una progresión en los personajes bien trazada. Especialmente emotiva y llena de matices es la evolución del marido, así como el despertar colectivo de las abuelas.

Ahora bien, a Lavedra aún le queda rodaje en esto del cine y se nota su bisoñez con una cinta que avanza con aspereza, falta de tono y con subrayados musicales repetitivos e innecesarios ante tanta tragedia.

verdades-verdaderas-la-vida-de-estela-029El uso de un flashback que es casi una antigualla narrativa, una estilo plano y un deliberado tono neutro que parece demasiado respetuoso con los verdugos.

El intento de evitar un tinte melodramático es correcto en ocasiones pero, en su conjunto, ofrece una visión demasiado timorata; hay un intento deliberado por usurparnos el realismo y el dolor. Los silencios son elocuentes, la utilización de la elipsis sutil pero podía haberse rehuido el tono panfletario sin naufragar en el tono neutro.

La neutralidad cinematográfica, descubre entonces, la neutralidad política que viene a ser la insinceridad histórica. Las posiciones equidistantes son siempre demasiado peligrosas.

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