Mañana de Pascua (Friedrich, 1833)

Friedrich - amanecer en las montañas (1833)
“Tres mujeres caminan rígidamente hacia el cementerio por la mañana muy temprano. Todavía no ha amanecido y la luna, alta en el firmamento, aún permanece, aunque ya no ilumina el paisaje y no arroja sombras. Los viejos árboles al lado del camino están echando yemas y en los campos se ven los verdes brotes que han sobrevivido al invierno. La naturaleza celebra su despertar” (W. Wegener)

Un camino serpenteante y empinado que desaparece en un recodo, ante una inmensa arbolada. La nieve ha hecho acto de presencia cubriendo el suelo y dejando su rastro en las hojas de los pinos.

Este amanecer con una tenue luz fría todavía está presidido por la luna.

En esta pintura, unas figuras calladas, casi de espaldas al espectador, están detenidas en el borde de un sendero que arranca del primer término del lienzo. Los recodos de este camino, que nos introduce en los campos, se aprovechan para insertar dos grupos más de mujeres en actitudes también de silencio.

Los paisajes de Friedrich, silenciosos y de una honda quietud, contienen un simbolismo. Todo parece indicar que el mensaje religioso permanece oculto en el paisaje.

EFÍMERO INSTANTE

Cuando el día despunta
la muerte encuentra siempre
almas fatigadas cuerpos abatidos ilusiones extenuadas
revoluciones sistemáticamente silenciadas.

La madre, la esposa, la hija
esperan en el camino
que recorría cada día
un hombre muerto
con la esperanza vana
del reencuentro.

Este efímero instante
que delimita
vida y muerte
certeza o duda
viene presidido
por la luna,
la última amante
que vio con vida
a los hijos, a los esposos, a los padres,
antes del último grito
en mitad de la noche.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Mañana de Pascua

Las mujeres, calladas, contemplan el camino
que se pierde en el páramo espectral y brumoso.

Esqueleto del alma, los árboles desnudos,
como dos urnas negras, enmarcan el paisaje.

Y, aunque las ramas tienen algunos brotes tiernos,
no pueden impedir la profusión de espinas.

Bajo la luz dudosa del recuerdo de un sueño
se esfuman a lo lejos ciertas sombras extrañas.

Todo es simple y solemne como el astro radiante
que enciende en el espacio una pálida hoguera.

Por su altura en el cielo debe de ser la luna,
parece, sin embargo, un sol recién nacido.

Pero no canta el gallo y aún dormitan las bestias.
¿Amanece? ¿Anochece? Algo está sucediendo.

La muerte esta mañana es débil e imprecisa,
el frío está pintado de forma minuciosa.

Autor: José María Jurado

Fuente original:

http://lacolumnatoscana.blogspot.com.es/2012/02/manana-de-pascua-por-caspar-d-friedrich.html

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