Los Sirgadores del Volga (Ilia Repin, 1873)

Ilia Repin - Los Sirgadores del Volga (1873)
“Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzando
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
voy
avanzando lentamente, hundiendo los brazos
en sangre,
algunas
veces tragando sangre,
voy sobre Europa
como en la proa de un barco desmantelado
que hace sangre,
voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada”

(Blas de Otero, fragmento del poema “Crecida”)

En el cuadro de los sirgadores vemos como un grupo de trabajadores, desde la orilla del río, con cuerdas entorno a sus torsos como si fuesen animales de tiro, remolcan a contracorriente una pesada embarcación. El día es soleado y los hombres, agotados, arrastran con lentitud pero sin descanso la pesada carga a la que están atados. Sus cuerpos se inclinan hacia delante por el esfuerzo, avanzando en diagonal, hacia la izquierda del cuadro, como si fuesen a pasar justo al lado del espectador. Al fondo de la pintura podemos ver otras embarcaciones navegando y la otra orilla del río, pero la línea del horizonte queda tapada por los sirgadores y su barco, reclamando toda la atención de la obra. Todo el conjunto está bien iluminado por la luz del sol, aportando una fuerte claridad sobre el agua del río y la orilla de la arena. Claridad que contrasta con el tono oscuro de los remolcadores, sucios y harapientos, logrando que destaquen con mayor fuerza.

Esta obra es el fruto de un viaje del pintor a lo largo del Volga, donde pudo comprobar de primera mano la ardua tarea de los sirgadores, dejándole fuertemente marcado, tanto por la dureza inhumana de la labor como por la fuerza que mostraban al remolcar las embarcaciones. Realizó varias bocetos al natural, retratando a sus protagonistas, además de tomar notas con sus reflexiones. Aunque en el cuadro sólo aparecen hombres, era frecuente que las cuadrillas estuviesen formadas también por mujeres. Con esta pintura Repin pretendió denunciar la situación de estos obreros y a la vez rendirles un pequeño homenaje, pero no mediante una imagen patética que inspirase lástima, sino mostrando su resignación y fortaleza al ser capaces de realizar una tarea hercúlea más propia de héroes que de hombres.

De todos los trabajadores, solamente uno de ellos mira directamente hacia el espectador. Gracias a las anotaciones del pintor, sabemos que se trata de un antiguo sacerdote excomulgado. El hecho de que un religioso hubiese acabado como sirgador, sorprendió a Repin, por lo que le dio un papel especial en el cuadro, convirtiéndole en quien nos lanza una mirada tan expresiva, estoica y resignada.

Hay una figura en el centro de un joven que destaca; lleva una pequeña cruz de madera al cuello y parce decidido a liberarse de sus ataduras.

Sobre el barco que los sirgadores arrastran, podemos ver a un par de marineros maniobrando para evitar quedar encallados en la orilla. En lo alto del mástil la bandera del Imperio Ruso ondea agitada por el viento, curiosamente aparece al revés, con los colores invertidos. Sin duda no se trata de algo casual, Ilya Repin la pintó así con toda intención, quizás para criticar a un estado ruso anclado en el  pasado que permitía la explotación de sus ciudadanos en trabajos tan inhumanos. Esa idea parece corroborarse cuando vemos en la lejanía una embarcación de vapor, símbolo de la revolución industrial, un progreso técnico que podría liberar a los sirgadores de su extenuante quehacer.

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