Amanecer en las montañas (Friedrich, 1811)

Friedrich - Morgen im Riesengebirge (1811)
“Sin dinero, sin posesiones
Sin dientes
Totalmente a solas”

(Taneda Santôka)

Friedrich realizó diferentes viajes por el Riesengebirge y gracias a ello en diferentes momentos realizó allí obras, una de las cuales es este Amanecer en el Riesengebirge, ejecutado a poco de su regreso, entre 1810 y marzo de 1811. Friedrich expuso este lienzo sucesivamente, con gran éxito, en las academias de Dresde, Weimar y Berlín en marzo y noviembre de 1811 y en 1812 respectivamente.

La obra ofrece una posible doble lectura, patriótica y religiosa, como la mayoría de las del artista en esta época. Por una parte, las altas montañas habían sido empleadas con frecuencia por el romanticismo como símbolo de la libertad. El caminante que alcanza sus cimas se ha liberado de las limitaciones del presente, es poderosa e infinitamente libre.

Ante él se extiende, como el mar, un espacio ilimitado, inconquistable. Allí se expresa el poder inmenso de la naturaleza, en el que, como indica la cruz, se reconoce el plan divino de la Creación. Lo cual nos lleva al plano religioso. En el pico de la montaña, una mujer, representativa de la fe, aferrada a la cruz, ayuda a un hombre a alcanzar la cima. Friedrich poseía la noción de que lo amado eleva al sujeto hasta Dios. Ambos visten de ciudad; el artista crea así una tensión entre el realismo de la pareja y la idealización alegórica del paisaje. En torno a ellos el espacio pictórico se estructura de una manera novedosa en la pintura alemana. La niebla, un símbolo básico para el pintor, domina todo el espectro compositivo, sumergiendo la tierra. Es la alegoría de la existencia terrestre y la búsqueda de la luz divina. Esta composición renueva la iconografía precedente. El tema de la Crucifixión aparece subordinado a la inmensidad del paisaje, sometido al tema de la luz y su influencia en el aspecto físico y espiritual de las cosas.

Friedrich - Amanecer en las montañas (1811)
Ese mismo año, con el mismo título, este otro paisaje ofrece la misma solemnidad y esboza una naturaleza teutónica, pero los perfiles son más amables y bucólicos y se diría que una serenidad apacible acompaña a la pareja de pastores.

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