Camino de la cruz (Dietrich Brüggemann, 2014)

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“Que no se asusten los creyentes: no es una película atea, ni siquiera agnóstica. Es, en fin, una película de terror”

(Sergi Sánchez)

“El mártir espera la muerte, el fanático corre a buscarla”

(D. Didetot)

Sinopsis: María se encuentra atrapada entre dos mundos. En el colegio, esta chica de 14 años, tiene los típicos intereses de una adolescente, pero cuando está en su casa debe seguir los dictados de la Sociedad de San Pío X y su tradicional interpretación del catolicismo. Todo lo que Maria piensa y hace debe ser examinado ante Dios.

Espectacular. La película comienza con la primera de las catorce estaciones del Vía crucis: Jesús es condenado a muerte. Un plano fijo, un cura y seis adolescentes recibiendo la catequesis para su confirmación. Nada raro en el horizonte, excepto un fundamentalismo religioso que produce pánico. Sacrificio, represión, contención… todo un programa. Esto tiene pinta de acabar mal.

La película, que podría integrar un provocador —y, sobre todo, muy estimulante para el debate— programa doble con Camino (2008) de Javier Fesser, narra con implacable frialdad el proceso de sacrificio y autosantificación que emprende una adolescente, nacida en el seno de una familia católica integrista, con el fin de sanar a su hermano pequeño del autismo.

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Uno de los aspectos que resultan más llamativos de la propuesta es su riguroso planteamiento formal: 14 planos secuencia —en su mayor parte estáticos— que corresponden a los sucesivos pasos del vía crucis y que, sin embargo, no convierten este trabajo en una de esas películas de dispositivo cuyos universos se revelan incapaces de respirar y alzar el vuelo más allá del corsé de su forma. Ya desde la primera secuencia, en la que el espectador asiste al estremecedor adoctrinamiento de un grupo de jóvenes por parte de un seminarista, Brüggemann consigue que sus planos sean ventanas abiertas a una realidad ajena, patológica, pero viva, orgánica y verosímil, en cuyo seno la protagonista se enfrentará más de una vez a las inconsistencias y fracturas entre realidad y deseo. La ejecución, tanto por parte del cineasta como de su elenco, es asombrosa y todo temor de estar ante un pie forzado que condicionará el conjunto se diluye pronto.

Es un acierto colosal esta estructura ciñéndose a las 14 estaciones de la práctica piadosa del Via Crucis, de modo que cada uno de los 14 fragmentos del film adquiere un carácter simbólico por cierto contenido paralelo al de las estaciones; las 14 partes del film están rodadas como “tableaux”, en un único plano, casi siempre con la cámara completamente inmóvil, ésta sólo se desplaza en contados casos. Una solución formal rigurosa que aúna perfectamente la sobriedad y exactitud en el planteamiento ético y estético de un film que resplandece durante el visionado pero que su fulgor permanece con igualdad intensidad al finalizar el film.

Más información  en:

http://cine-invisible.blogs.fotogramas.es/2014/11/07/camino-de-la-cruz-kreuzweg-alemania-2014/

http://labutacaazul.com/camino-de-la-cruz-dietrich-bruggemann-2014/

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