nostalgia

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mi primera reacción

(cuando al decirle a Silvia
hay otro, ¿eh?

ella, poniéndose
roja, murmura
que sí,
cómo lo sabes
quién te lo dijo
cómo te enteraste,
sí, es verdad,
hay otro)

es mandarla directamente
a la puta mierda,
a tomar
por el culo
por ahí;

en cambio,
lo único que le digo es:
bueno, tía
(el término tía
significa también
ramera), tranqui,
no pasa nada,
podemos seguir
siendo amigos, ¿no?

y después
salgo del locutorio,
agachándome al pasar
por debajo de la puerta,
ya sabes,
por lo de los cuernos.

ya en mi celda, contemplo
una fotografía de Silvia.
es una foto
de cuando ella tenía
catorce o quince años
(ahora tiene
dieciséis o diecisiete).
un primer plano de su cara
sonriente.
utilizo el cigarro
que estoy fumando
para quemarle los dos ojos.
luego le tiro de los pendientes
hasta que le arranco
de cuajo las dos orejas.
inmediatamente le parto
la nariz en dos
y le rompo la boca
y todos los dientes.
lo que queda de su cara
lo arrojo por la taza del váter
y, acto seguido, hago encima
mis necesidades fisiológicas,
mis tres necesidades,
y luego tiro de la cadena.

más tarde, por la noche, en la cama,
pienso en ella.
la echo mucho de menos.
ahora que ya no la tengo
es cuando de verdad
la echo de menos.

la foto.

Autor: David González

Fotografía de una celda en una prisión abandonada de Filadelfia

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