Therese soñando (Balthus, 1938)

Balthus - Therese soñando (1938)
“Las niñas para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado” (Balthus)

Perturbador y escandaloso entre ciertos sectores sociales dados a ejercer la censura con ánimo vocacional, el pintor Balthus -nombre artístico de Balthasar Klossowski de Rola (1908-2001)- se defendió de quienes veían una sombra de suciedad en sus niñas impúberes y abandonadas sosteniendo que nunca se acercó a las modelos con intenciones morbosas.

Las jovencitas -ninfas perturbadoramente asexuadas- de Balthus, seres situados a las puertas o en los primeros estadios de la adolescencia a las que el pintor muestra en actitudes hieráticas pero de un lenguaje corporal que puede ser entendido como sexual…

Vinculado al surrealismo, pero con pinceladas expresionistas. La pintura de Balthus es clásica en muchos aspectos. Si algo surrealista poseen sus pinturas es esa luz plana, esa atmósfera de límpida espiritualidad. Por lo demás su pintura es diametralmente opuesta a la estridencia surrealista. Su pintura es sosegada, llena de silencios y en las que muchas sutiles sugerencias nos asaltan como espectadores

Su pintura siempre tuvo un toque de locura aristocrática. Una inclinación aleatoria sobre lo clásico. Había una luz erótica, inquieta, en sus cuadros. Tensado en un clasicismo autodidacta  imprimió a su pintura un ritmo personal. Muchas de sus dibujos y cuadros están cargadas de una tensión sensual algo insana, poseen como una atmósfera surrealista, misteriosa, a pesar que el tema, trivial por lo demás, sea una calle con personas, una sala de estar con chimenea o una niña desnuda frente al espejo. En buena cantidad de sus cuadros una constante: ninfas, Lolitas, niñas a punto de estallar en mujeres.

Balthus - Therese (1938)Algunos de sus retratos más célebres son los de su vecina Thérèse Blanchard, una niña de once años a la que retrató de manera casi obsesiva en los tres años siguientes. Era su musa parisina.

Entre los óleos pintados en París están el bellísimo Thérèse (1938), donde la cría, recostada en una silla, vestida con ropas de adulta y con un gesto de austera dignidad o aburrimiento -los niños de Balthus nunca sonríen- mira hacia la nada con los muslos descubiertos y el mucho más explícito en guiños eróticos Thérèse soñando (1938), con la modelo con los, ojos cerrados, adormilada o perdida en sus pensamientos y mostrando la blanca ropa interior mientras adopta un ademán de letargo sensual. Un gato, a sus pies, lame leche de un platillo en una metáfora sexual nada oculta.

Las menores pintadas por Balthus me remiten a la Lolita de Vladimir Nabokov. El libro está lleno de sugerencias y sutilezas como la pintura de Balthus. Tienen algo de ángeles sobrevolando nuestro oscuro deseo, nuestro voyeurismo.

Balthus nunca pudo quitarse de encima el aura de voyeur. En 1996, cinco años antes de morir declaró: “Algunos periodistas creen que mi obra es pornográfica ¿Qué significa eso? Todo es pornográfico hoy en día. La publicidad es pornográfica. Las modelos de productos de belleza parecen tener un orgasmo”.

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