la morfina (Santiago Rusiñol, 1894)

Santiago Rusiñol Prats - La Morfina (1894)
CON LA AYUDA DE DIOS

Esa mujer
dice que está curada
con la ayuda de dios
esa mujer
tomó su quimioterapia
con la ayuda de dios
esa mujer
se sometió a cirugía
con la ayuda de dios
esa mujer contrajo el cáncer
con la ayuda de dios.
A mí me pasó algo
muy parecido
eso sí
sin la ayuda de dios.

Autor: Felipe Zapico

La morfina es una de las obras más importantes de Santiago Rusiñol (1861-1931), pintor y dramaturgo catalán del Modernismo.

Esta pintura de 1894 desarrolla un tema bien conocido para el autor, puesto que él mismo fue morfinómano entre 1889 y 1899.

A fines del siglo XIX, la morfina se había convertido en la droga de moda entre las clases altas, lo que no quiere decir que estuviese bien vista. Normalmente, empezaba utilizándose como analgésico para paliar en pocos minutos los dolores de enfermos o heridos, dejándoles sumidos en una somnolencia de lo más placentera. El problema era que la morfina es muy adictiva y acabó recetándose sin control a muchos yonquis que alargaban durante años y años los achaques de una enfermedad pasada, o que directamente se inventaban la enfermedad para poder inyectarse la droga sin levantar sospechas entre sus conocidos. Eso es precisamente lo que está haciendo la protagonista de esta obra de Santiago Rusiñol, que se ha acostado en la cama para disfrutar de un chute. Es un cuadro incómodo, que nos obliga a mirar una escena íntima que no deberíamos estar observando. La carga erótica es evidente: una chica joven y guapa en camisón, con el tirante medio caído, el cabello suelto y revuelto, con el cuerpo en tensión, la mano agarrando con fuerza las sábanas y un rictus de placer en el rostro. Sabemos que es obra de la morfina, pero sus gestos son los mismos que si estuviese en pleno orgasmo. Y ese detalle sutil, junto a la sordidez de la escena, es precisamente lo que nos perturba de esta imagen tan bella.

Otros estudiosos dulcifican esta visión del cuadro alegando que Rusiñol recurre al subterfugio de representar a la joven como una enferma pero que lo hace de manera deliberada, como si fuera verdaderamente la estampa decrépita de la enfermedad y el dolor. Para ello se sirve del color de la manta que la cubre, el amarillo, que en el Simbolismo representa precisamente la enfermedad. La mano de la joven aparece todavía en tensión, agarrando dramáticamente la sábana, pero su rostro delata que el alcaloide ha empezado ya a hacer efecto y se nos muestra plácidamente relajado, haciéndonos ver que la mujer ha iniciado ya su viaje por los mundos de Morfeo.

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