testament

Albert Bertelsen - 10
Ya es hora de admitir la derrota,
porque el tiempo se ha vuelto
mucho más frágil.

Es hora de admitir la añoranza
de ese punto de luz sobre el río
que, alguna vez, bien pudo ser la vida.

No es cuestión de memoria,
sino de fracaso.
La soledad se elabora a base
de ir juntando pequeñas ganancias,
de acumular sin certeza las minúsculas
anécdotas de una ciudad a medianoche.

Por el día, también yo
caminé por extramuros,
y sentí la ausencia como una muestra
impalpable de la densidad del territorio.
Recorrí calles en deuda con el frío,
falsas avenidas en donde el hielo
no era más que una presencia
vaga de la sombra.
Y volví, sin saberlo, al hogar más vacío.

Yo también pensé en reconstruir
las ruinas, y como todos volví
a escribir sobre el agua que tarde o temprano
situaría los límites.
Oí las mismas voces, intentando
equipararlas al sonido de mi propia boca.

Por eso, cuesta ahora imaginar
que cada tramo pueda olvidarse.
Se perderá –no me cabe duda –,
como la luz del tabaco se escapa
en cada poso de ceniza.

Ahora lo sé.
Sólo escribí para morir con cierta dignidad.

 

Autor: Alex Chico

Ilustración de Albert Bertelsen

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