la cabaña

Jozef Israëls - Pensamientos sombríos (1896)

DESPERTÉ una vez. Hoy sé
que no fue trigo la ternura de entonces
ni, la mañana, primavera.
La noche llegó antes de tiempo
y comprendí que no eran ciertos el amor y la alegría.
Pero qué hermoso, entonces,
ser inocente lo mismo que una niña
y tener padres puros como una inundación de almendros.
Qué hermosas esas calles de antaño
donde los novios prematuros se besaban.
Qué hermoso era el colegio
y las batallas de los abuelos sentados en sus mecedoras.
Luego me desperté; nos despertamos todos
y vimos sólo las islas perdidas,
los puertos solitarios,
el verano arrasado por un torrente de desilusiones.
Y qué triste era todo; qué triste era todo:
el dolor, como un fantasma que no podíamos ver;
pero sentíamos,
entró en nuestro corazón y se hizo una cabaña;
y no quedó sitio para la alegría
ni para los abuelos, ni para la ternura.
Ya no quedó sitio para nadie.

Autor: Maria Luisa Mora Alameda

Ilustración de Jozef Israëls, “Pensamientos sombríos” (1896)

Una resposta a la cabaña

  1. Junior escrigué:

    Me encanta la imagen, me recuerda a mi abuela. Es preciosa la poesia.

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