la clase de danza (E. Degas, 1874)

Degas - la clase de danza (1874)
Una de las obras más representativas de Degas. Así es como es conocida esta pintura para una gran parte de los aficionados al arte, para los que su autor ha pasado a la historia como el pintor de bailarinas. Realmente, los que conocemos al artista un poco más, sabemos que su trayectoria abarcó más temáticas, como el retrato, el estudio de los caballos, el mundo del espectáculo, las modistas, las mujeres ocupadas en sus quehaceres, las mujeres en el tocador y los desnudos. De entre ellas, una de sus favoritas era la danza por ser un mundo lleno de contrastes, movimiento y colorido, que responde perfectamente a la complejidad de sus ideas.

Todos estos temas mencionados tienen algo en común para Degas: el gusto por la representación del natural. Sin embargo, él no estaba interesado en los espacios exteriores, el aire libre, los paisajes y los efectos atmosféricos, a diferencia del resto de los artistas impresionistas. Degas sentía poderosamente la influencia de las estampas japonesas y la fotografía.

En esta pintura vemos el resultado de esas influencias y de su experimentación. Degas representa a un grupo de bailarinas y su profesor en una gran sala, que no es un escenario sino un lugar algo más privado. Parece que se trata de uno de los salones del Teatro de la Ópera de París, ubicado en la calle Le Peletier, donde Degas acudía gracias a que conocía a varias personas que allí trabajaban.

La escena gira en torno al profesor de la clase, Jules Perrot, un famoso coreógrafo y bailarín francés que aquí ya contaba con más de sesenta años. A su alrededor, un grupo de bailarinas están dispuestas en una especie de semicírculo. La mayoría de ellas se muestran en posturas relajadas, algo ajenas a los comentarios de Perrot, como si la clase ya hubiese terminado y ahora sólo les interesase estirarse y recolocarse los atuendos y peinados. Sólo la joven que está situada a la altura del espejo parece estar ensayando, según las instrucciones del maestro, quien la mira fijamente.

La figura central, el único varón de la sala, es un anciano Jules Perrot, famoso bailarín de la época que en su madurez fue maestro de danza y coreógrafo de la Ópera de París. Sostiene en sus manos el bastón con el que marca el ritmo y corrige los movimientos de las muchachas. Lleva un discreto traje gris que parece mimetizarse con el entarimado y quedar en segundo plano frente al blanco de las bailarinas, algo que no le impide ser el centro de la composición.

Mientras el maestro de danza da algunas explicaciones, las jóvenes se muestran en actitudes muy naturales, una de ellas se rasca intensamente la espalda, una postura muy poco convencional para un cuadro. Mientras otras compañeras se ajustan un pendiente, se abanican distraídamente o se muerden nerviosas las uñas.

En el fondo del cuadro junto a las bailarinas aparecen sus madres, vestidas con trajes oscuros o rojos. Asisten a los ensayos desde un segundo plano, pero también están allí para proteger a sus hijas, ya que el oficio de bailarina no estaba bien considerado en aquella época y era frecuente que las jóvenes fuesen atraídas por desaprensivos a la prostitución.

Degas logra una gran sensación de profundidad uniendo varios recursos. En primer lugar con las líneas diagonales del suelo y las pilastras de mármol oscuro adosadas a la pared que se suceden desde el lado izquierdo hasta el fondo de la estancia desde un punto de vista o de encuadre nada tradicional. En segundo lugar, el espejo en el que se refleja una ventana que estaría en el lado derecho. En tercer lugar, el tamaño de los personajes, que va disminuyendo conforme se alejan en el espacio. De esta manera el artista consigue una profunda sensación de espacio. Pero además, hay algo curioso en La clase de Danza: Degas llena de personajes un lado del salón creando una sensación de vacío en el lado contrario, que apenas podemos ver, con esta composición descentrada, y además corta el vestido de la bailarina situada en el lado izquierdo y también a la bailarina de la derecha con el límite del lienzo. Y esta es la clave de la influencia que tuvo en su obra las estampas japonesas y la fotografía, en las que hay elementos que parece que continúan fuera de la imagen representada.

Además de la marcada perspectiva, la naturalidad y el detallismo de La clase de danza, se destaca en esta obra la luz, que entra en el salón desde el lado derecho creando un espacio muy luminoso. Sin embargo, no se ve la fuente de luz sino el efecto que ésta produce, y aunque Degas era un gran dibujante, crea geniales efectos atmosféricos mediante el difuminado de pinturas al óleo en tonos muy claros donde el toque de color vivo lo ponen los lazos de las bailarinas.

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