el aguador de Sevilla (Velázquez, 1620)

Velásquez, Waterseller of Seville 1623.jpg
Este lienzo produce gran impacto en el espectador, uno ante él ya no se fija en los personajes individuales o en su paleta de colores mesurada, sino que queda atrapado ante el realismo con el que está ejecutada la escena

En la escena nos encontramos ante tres figuras situados en un claro primer plano, un aguador y un niño, y al fondo un hombre bebiendo en un jarro, por lo que se ha insinuado que podría representar las tres edades del hombre. El aguador, un anciano, ofrece una copa con agua a un chico joven. Esa copa simbolizaría el conocimiento.

Protagonistas del cuadro son un anciano aguador vestido con un capote pardo, bajo el que asoma una camisa blanca y limpia, y el muchacho que de él recibe una copa de cristal fino llena de agua. El muchacho, vestido de negro y con amplio cuello blanco, inclina la cabeza, en un escorzo semejante al del joven recadero de La vieja friendo huevos, para recoger la copa con gesto grave, sin cruzarse las miradas. Entre ellos, casi confundido en las sombras del fondo de color tierra oscuro, otro hombre de mediana edad bebe en lo que parece una jarrilla de loza. El brazo izquierdo del anciano se proyecta en escorzo hacia fuera del cuadro, apoyando la mano en un cántaro grande de cerámica en el que se dibujan las marcas del torno, cortado en su parte inferior y sin apoyo dentro del lienzo. En su superficie rezuma el líquido y brillan algunas gotas de agua. Ante él, sobre una mesa o banco, aparece otra alcarraza de arcilla de menor tamaño, cubierta por una taza de loza blanca.

El detallismo hiperrealista que se puede observar en la obra es de una maestría absoluta.

Prueba de su genialidad es la veracidad a la hora de representar la mancha de agua que aparece en el cántaro de primer plano o los golpes del jarro de la izquierda. Al igual que nunca se había pintado tan atentamente el cristal, consiguiendo al mismo tiempo la sensación de volumen y a la vez de fragilidad de la copa.

Un realismo que lleva a sus cotas más altas en el tratamiento de las dos figuras principales que se recortan sobre un fondo neutro, interesándose el pintor por los efectos de luz y sombra. Utilizando la técnica del claroscuro, iluminando una zona del cuadro con un foco de luz desde la parte izquierda y oscureciendo el resto del lienzo, consiguiendo de esta manera que las figuras destaquen.

Llama la atención como representa al aguador a través de su rostro arrugado y su viejo capote, en el que destacan los destellos luminosos que produce su camisa blanca. Pero al mismo tiempo dirige nuestra mirada hacia el expresivo rostro modelado con tal pasión en el carácter que va más allá de la mera representación de los rasgos físicos.

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