luz cenital

everett-millais-ofelia-1852
“Tal vez es una suprema arrogancia de nuestra parte suponer que podemos distinguir con fiabilidad el reversible del irreversible, o el rescatable del no-rescatable”
(Bruce Ben, doctor)

El tiempo expirado en la clepsidra
la cerca en el camino impidiendo proseguir
el sempiterno silencio del reposo.

Una mujer joven desnuda bellísima
descansa sin vida sobre una mesa.

La reanimación cardiovascular ha fracasado,
no habrá resucitación ahora
ni resurrección más tarde.

El enfermero que besa sus labios
rozando con frenesí sus senos
sabe que nada le devolverá la vida,
ni la cópula con el cuerpo inerte
ni las caricias de Lázaro.

El semen depositado en la vagina
no dará germen alguno.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “La casa del silencio” (ISBN 978-84-9095-522-2)

Ilustración: Everett Millais, “Ofelia” (1852)

La “Ofelia” de Millais, está inspirado en el personaje ficticio del “Hamlet” de Shakespeare. Ofelia, después de la muerte de su padre se vuelve loca y sube a un árbol. Una rama se rompe y Ofelia cae a un arroyo donde se ahoga.

Millais creó esta obra maestra entre 1851-1852, después de buscar arduamente el paraje natural perfecto para retratar la muerte del trágico personaje de Shakespeare. El sitio finalmente escogido fue cerca de Ewen en un remanso del río Hogsmill. La modelo para la obra (Elizabeth Siddal), había sido encontrada por Deverell mientras trabajaba como modista de sombreros en una tienda de Londres. La belleza de la joven, con el rostro inmaculado y frágil y el pelo cobrizo encandiló a los prerrafaelitas.

La paciencia de Elizabeth Siddal fue inmensa. Se pasó todo el invierno sumergiéndose diariamente en la bañera de la casa de MIllais. Se enfundaba el mismo vestido y penetraba lentamente en el agua que la acogería durante horas…

El hermoso rostro de Elizabeth, que cautivó a todos los miembros de la hermandad, se retrata ausente con la sombra del gesto patético de la muerte sobre él. Los labios entreabiertos y las manos en posición de ofrenda mientras va dejando escapar las flores subrayan la trágica historia contada a pinceladas.

La muerte de Elizabeth llegó demasiado pronto. Ella solo contaba con 31 años. Las causas de su fallecimiento nunca se pudieron llegar a saber a ciencia cierta. Se especuló con un posible suicidio, con una profunda anorexia o incluso con la adicción al láudano.

El cuadro es altamente perturbador por lo fantasmagórico que hay en él, por la presencia de la Muerte en una Naturaleza también un tanto siniestra…por la expresión de la joven con los labios entreabiertos y la mirada perdida, por las flores que se escapan de sus manos inertes. Hay algo poéticamente perturbador que el lienzo sugiere: una Naturaleza radiante, que rebosa flores y exuberancia y parece definitivamente aliada con la peor enemiga de la Vida.

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