la princesa Tarakanova (Konstantin Flavistsky, 1864)

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En 1867, el pintor Flavitsky, expuso en París un cuadro dramático.

Representaba a la princesa Aurora Tarakanova suntuosamente ataviada, de pie sobre un catre medio deshecho y junto al muro de una celda, mientras las aguas del Neva, desbordado, invadían el suelo de la prisión. La crecida inexorable del río y la imposibilidad de que sus carceleros se apiadasen de la suerte que le esperaba, daban al rostro de la prisionera una expresión de trágica resignación.

La luz del sol se filtra por la ventana e ilumina la figura de la princesa. La falda blanca resalta el cuerpo de la mujer y al dramatismo de su rostro se superpone un escote que confiere a la escena una sensualidad perversa.

Para reconstruir este hecho, acaecido bajo Catalina II y en el que la realidad y la leyenda se aliaron, es preciso remontarse a 1772, cuando una tal Aly Emeté Vlodomirskaya hizo su primera y sensacional aparición en París. Era una bellísima mujer de unos veinte años, con cabellos de un rubio ceniza y ojos de oscuro color azul. Cada gesto y cada palabra de la bella extranjera revelaban una educación, una cultura y unos gustos refinados, en tanto que el lujo de que le gustaba rodearse evidenciaban un origen noble, así como un patrimonio inagotable. Se expresaba correctamente en francés y alemán y afirmaba que en el transcurso de sus numerosos viajes había tenido ocasión de aprender también el italiano, el inglés, el árabe y el persa.

La aparición de la Princesa Tarakanova sacude los cimientos del trono de la emperatriz rusa Catalina II la Grande. La odisea vivida por la princesa pretendiente al trono encierra un misterio que es prácticamente desconocido en nuestros días.

En 1772 aparece en París una hermosa y misteriosa joven que se presenta entonces en sociedad con el título de Princesa Vlodomir, posteriormente conocida como Princesa Tarakanova. De ella nada se sabe apenas, sólo que afirma haber sido raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer, en Ispahan un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar el trono que le pertenece. Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que es hija de la difunta emperatriz Isabel I de Rusia, muerta diez años atrás, y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto.

Cuando la princesa impostora huyó súbitamente de París y apareció en Roma en 1775, la emperatriz Catalina, envió al Conde Alexei Orlov con la orden de llevarla de nuevo a Rusia. Orlov tuvo éxito en su misión, la sedujo y cuando la mujer subió al barco le anunció estaba arrestada.

Llegó a San Petersburgo en mayo de 1775. Fue encarcelada e interrogada pero su salud era muy frágil y fue diagnosticada de tuberculosis. Según la leyenda que el pintor reproduce falleció por una crecida del río, sola en su celda.

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