retrato de Sonia de Klamery (H. Anglada Camarasa, 1913)

Hermenegildo Anglada Camarasa - retrato de Sonia de Klamery (1913)
“Pavos reales azules, con su cola de fuego, legumbres líricas que herborizan entre los árboles, rosas blancas del tamaño de lo monstruoso y guirnaldas desconocidas como collares flojos en el cuerpo de la noche. La bella lleva el pelo en caracolillos sobre la frente, la ropa en una envoltura de objetos, miniaturas y colores, y ha hecho su hamaca de pájaros rayados y flores violeta. La bella lleva los hombros desnudos, los brazos y el torso blancos como la noche, tomados de luz de luna, y los ojos grandes, excesivos, ojos nocturnos que iluminan una nariz breve y una boca roja. La bella es Sonia de Klamery, condesa de Pradère”.

(Francisco Umbral)

A partir de 1897, año en que Anglada Camarasa viaja a París por primera vez, su pintura acusa una marcada influencia de artistas como Toulouse Lautrec, Gustav Klimt o Van Dongen.

La modelo aparece recostada, vestida con un elegante y decorativista traje largo que nos permite contemplar las sensuales medias de seda y los zapatos de tacón. El fondo está pintado en los mismos tonos que el vestido, resaltando el exotismo del conjunto gracias a la ubicación del colorista pájaro. Anglada se inspira en el fauvismo a la hora de utilizar los colores, recurriendo a tonalidades frías que contrastan con el blanco del rostro, del amplio y sensual escote y los brazos. El decorativismo que se respira en el conjunto se relaciona directamente con los trabajos de Klimt, obras que en aquellos momentos estaban causando sensación entre la sociedad más “chic” de Europa. La estrecha vinculación de Anglada con la Secesión vienesa le llevará a realizar obras modernistas de gran atractivo visual.

Sonia Klemery, Condesa de Pradère, es uno de los retratos más sensuales del autor y en el que se rastrean diversas influencias artísticas como el fauvismo, el simbolismo y el Art nouveau. La belleza formal de la mujer y su indudable carga erótica provocan una magnética atracción basada en detalles tan sugerentes como la silueta serpentinata, los labios rojos, la mirada penetrante, el tocado del cabello y la media sonrisa que en conjunto crea un halo misterioso y erótico agudizado por el entorno selvático que recuerda a Matisse.

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