bosque y alacena

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La memoria de los ausentes
crece como el musgo,
en la cara norte de los objetos que dejan.

En un tiempo preñado de verde
se intuye el paso,
el perfil de las huellas recientes.
Se queda su contacto en la agenda del móvil,
el dentífrico, los jerséis
y todo cuanto nunca le dijimos.

Permanecen en orden
por pura inercia,
prendidos en la obstinación del aire.

Autor: Maribel Tena

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