el pecado (Julio Romero de Torres, 1913)

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Una de las obras más famosas de Julio Romero de Torres es la titulada El pecado, parte integrante de una trilogía también formada por La gracia y Las dos sendas, trilogía en la que Romero plantea el binomio virtud-pecado. La mujer es, como suele ocurrir en la obra de Romero, la protagonista absoluta de esta dualidad.

Esta obra de 1913 es producto de la época de madurez artística del pintor. La protagonista de la escena es una mujer que, de espaldas, yace desnuda sobre un lecho. Su rostro puede apreciarse reflejado en un espejo, en el cual la mujer se está mirando. Rodeando el lecho se encuentran cuatro mujeres vestidas de luto, conversando entre ellas y sosteniendo el espejo y una manzana, símbolos del pecado.

La escena se desenvuelve en un verdoso atardecer, con el castillo de Almodóvar al fondo y en primer plano la iglesia de San Hipólito. El pecado está representado por una atractiva mujer de espaldas, -recordando en su postura a la Venus del espejo de Velázquez- contemplándose en el espejo, indiferente a la escena que se desarrolla a su alrededor: cuatro enlutadas ancianas alcahuetas razonan sobre la conveniencia y la ocasión del pecado, discutiendo animadamente sobre la honra de la mujer desnuda. Las celestinas llevan en sus manos los símbolos del pecado: la manzana y un espejo para que la mujer pueda contemplar su belleza.

Reflejado en un espejo ovalado se presenta un marco de rica decoración, aparece el rostro femenino. El espejo tiene carácter mágico. Además de recordarnos el mito de Narciso, el espejo es un icono lunar, pues necesita recibir la luz al igual que el satélite de la tierra y los espejos de mano son símbolos de la verdad. Como la luna, para el pensamiento del siglo XIX la mujer era un simple reflejo del mundo que la rodeaba. La femineidad era una fuente continua de fascinación para la propia mujer, porque mirarse a sí misma era su único contacto con la realidad. La coquetería femenina es la vanidad. A los pies aparecen rosas -belleza efímera- Y en el suelo los zapatos son elegancia y fetichismo.

Respecto a la técnica, destaca el perfecto dibujo en el iluminado cuerpo de la joven, produciéndose un interesante contraste lumínico con la zona de las ancianas, con menos luz. También encontramos otro contraste en el colorido oscuro de éstas y el desnudo nacarado, el mismo color que las sábanas. Un nuevo contraste aparece entre el bello rostro de la modelo y los rostros de las celestinas. Romero otorga especial importancia a los detalles: zapatos, collares, flores o telas, interesándose especialmente por los cabellos. A pesar de que la escena se desarrolla en un interior, el maestro se interesa especialmente por los fondos, con los que consigue crear un espacial efecto de perspectiva. Romero de Torres ha conseguido reunir en esta obra sus principales características: sensualidad, simbolismo, excelente dibujo y atrevido contraste entre luces y sombras.

Por el contrario, en La gracia (1915) Julio lo concibe como una oda a la virtud.

Una mujer semidesnuda es sostenida por dos monjas, una de pie y la otra de rodillas. Detrás, una anciana contempla la escena y, a la derecha, una joven seca sus lágrimas con un pañuelo que lleva en la mano mientras que porta una azucena en la otra, ambas mujeres visten de luto.

julio-romero-de-torrer-la-gracia-1915La gracia es una piedad profana donde el cuerpo de Cristo ha sido sustituido por el de una mujer. El cuerpo, ya sin vida, presenta la suave caída de los miembros y del brazo. La pesada gravedad de lo inerte invade las formas femeninas, constituyendo, en su abandono, uno de los más bellos y excitantes desnudos del pintor. Las obras referentes a la deposición de Cristo en la que pudo inspirarse son numerosas. Cercana parece en la composición, El entierro de Cristo de Rafael, que a su vez se había inspirado en la Piedad de Miguel Ángel. Aunque es conocido que en el taller del pintor en Córdoba había una reproducción de la Piedad de Villeneuve les-Avignon, atribuida al pintor Engerrad Quarton, por la excesiva rigidez de la figura, parece que su obra está más cercana a los ejemplos anteriores.

No es la primera vez que el cuerpo de Cristo era sustituido por el de una mujer.

julio-romero-de-torres-las-dos-sendas-1912En el centro del lienzo Las dos sendas (1912) aparece una joven desnuda, recostada sobre rasos y sábanas de seda. Tiene que decidirse por uno de los dos caminos que muestran las mujeres que están situadas tras ella: una monja, que representa la castidad, y una mujer madura, que lleva en sus manos una bandeja repleta de joyas como símbolo de la voluptuosidad. La expresión del rostro de cada una de ellas es completamente diferente. La religiosa posee una serena belleza, la celestina, cuya modelo una expresión dura y contrariada.

Tras el personaje principal aparece un jarrón con unas azucenas, imagen alegórica de la pureza.

Al fondo dos arcos de medio punto dejan ver Córdoba, escenario del gran teatro de la vida de Julio Romero de Torres. El de la derecha muestra un palacio donde se desarrolla una fiesta flamenca. El otro arco representa una escena interior de un monasterio donde dos monjas están arrodilladas ante una cruz.

2 respostes a el pecado (Julio Romero de Torres, 1913)

  1. sheilar56 ha dit:

    una estupenda descripción de la pintura .lastima que no aparezca la imagen gracias

    Mariposa

  2. deborah ha dit:

    una descripción estupenda de la pintura un gran tema ,con su planteamiento lo hizo mas hermoso
    gracias

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