besos en el andén

9 Abril 2017

paul-delvaux-el-viaducto-1963
“Me pregunto
qué se hace
cuando un beso
es la distancia
que separa
los labios
de los amantes”

(Eva Muñoz Senarriaga)

Un vagón de tren
con un único pasajero
que contempla la soledad.

El convoy no tiene prevista
ninguna parada
discurre en pos
de un futuro incierto.

En el andén de la estación
una muchacha espera.

Él podría apearse,
renunciar a ese viaje sin destino,
vestir el alma de la mujer
ahorcar el tiempo
cristalizar las lágrimas,
pero la prefiere así:
esperando siempre en la misma estación
el tren que nunca se detendrá,

Elige
un encuentro ficticio,
y de esta forma,
al cerrar los ojos,
seguir viendo viva a su amada.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Paul Delvaux, “el viaducto” (1963)

El pintar estaciones, trenes y mujeres desnudas que esperan en los andenes o en los vagones es un tema recurrente en la obra de Paul Delvaux. Nunca nadie supo captar la soledad en movimiento que anida en las estampas de los ferrocarriles nocturnos del pintor surrealista. En “El viaducto” están muchos de los elementos que pueblan su obra: la lámpara colgada que adornaba las casas de su infancia, el ambiente fantástico e insólito de las estaciones al anochecer, el misterioso tren que pasa y cierra el horizonte con sus extrañas humaredas, el espejo que devuelve la imagen de otro mundo, de otra realidad. Y también la ausencia. Todo está paralizado, inanimado, a la espera de un acontecimiento que no acaba de producirse y el cuadro asusta y fascina al mismo tiempo, pues lo habita la poesía. En las casas se ve luz, pero se diría que ningún ser humano vive en ellas. Ninguna vida anima esta composición construida como una escena teatral. Tenemos un primer plano, con la presencia irreal de ese extraño espejo situado en una calle o bajo una marquesina, y el decorado del fondo: un tren que pasa como si flotase en el cielo de la noche. Aunque todos los elementos del cuadro son realistas, el conjunto de la imagen no lo es. El mundo onírico y el mundo natural se funden uno en otro, engendrando de este modo lo extraordinario. Las diferencias entre la realidad y la ficción son ya extremadamente difusas, parece como la una alimentará a la otra.


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