Paterson (Jim Jarmusch, 2016)

1 Mai 2017


Sinopsis: Paterson trabaja como conductor de autobús en Paterson (Nueva Jersey). Cada mañana, el joven Paterson se levanta temprano, sin necesidad de utilizar despertador, y da un beso a su mujer, su amada Laura. Luego conduce el autobús y escribe en una libreta algunos poemas. Por la noche, visita el bar de un amigo donde se rinde homenaje a las figuras claves de la ciudad, como Lou Costello, Allen Ginsberg o Iggy Pop. Paterson, poeta en su tiempo libre, vive tranquilo en su discreta y rutinaria existencia. Las repeticiones marcan su vida cotidiana, su único compromiso diario es con la escritura de unos poemas que dan cuenta de su visión del mundo, mientras vive una bella historia de amor junto a su mujer.

“Paterson” es la película más luminosa que ha firmado Jim Jarmusch hasta el momento, la primera en que deja prácticamente aparcada esa actitud cool de estrella del rock de vanguardia que le pesaba tanto a la anterior “Solo los amantes sobreviven”.

“Ninguna de sus películas anteriores hacía prever el torrente de sencillez, de profundísima sencillez, de esta obra maestra que titula “Paterson”, el nombre de una ciudad afable y tranquila, y el nombre de su personaje protagonista, afable y tranquilo, un conductor de autobús en cuyo interior se fragua una poesía cotidiana, espontánea y directa que vuelca en un cuadernillo guardado junto al «táper» de la comida.

La película es una crónica en minúsculas de siete días de vida de este hombre y sus circunstancias, una joven esposa llena de encanto, imaginación y sueños que comparte con una vitalidad y una espontaneidad comparables en trazo poético a los de Paterson…

La cámara de Jarmusch es tan jugosa y está tan atenta al exterior y al interior de sus personajes que todo en la película, en su liviana pero húmeda historia, es fascinación y emoción. Los paseos matinales hacia el lugar de trabajo, la vuelta a casa, la salida con el perro al pub del barrio, los habitantes de existencia tenue y cercana, los guiños, tics y gestos del día a día…, un elogio pleno de naturalidad a lo hipnótico de lo cotidiano, con el hilo del argumento conectado al interior de Paterson, a su elemental y sentimental proceso de creación poética y a todos esos contornos de lo que es una vida sin más, aunque también sin menos, como si fuera habitual y lo más deseable del mundo que las corrientes del impulso lírico, el amoroso y la rutina laboral y vital se interrumpieran sin molestarse, y se solaparan con un orden que en la pantalla no es difícil confundir con “la felicidad”.

“Paterson” está impregnada de magia exquisita, irreproducible casi con palabras, y llena de momentos gloriosos por su sencillez, un sutil y elegante sentido del humor, y una cercana oratoria, con el perro de la casa (en una interpretación memorable), con los habitantes de ese mundo nocturno del bar, con la propia ciudad a la que uno pertenece (cómo habla por los codos esa gran imagen de las Grandes Cataratas del río Passaic que adornan el pueblo y la imaginación de Paterson), con un japonés que pasa por allí…, con toda esa trama de ilusiones, aficiones y sueños del magnífico personaje de la esposa, que lo encarna con un intolerable atractivo y finura la actriz iraní Golshifteh Farahani. (Oti Rodríguez Marchante).

“Una auténtica joya fílmica, compuesta a partir de la vida cotidiana, poesía que sigue la pista a un poeta urbano que a su vez lee y ama la poesía, de nombre Paterson, igual que la ciudad del medio Oeste estadounidense donde se gana la vida conduciendo un autobús de línea. Allí tiene su hogar con su esposa Laura, a la que ama tiernamente. Es muy comprensivo con los afanes artísticos de ella, algo veleidosos, sus diseños en blanco y negro, o su deseo de aprender a tocar la guitarra para llegar a ser cantante country, aunque tengan que comprarla con un curso que para su economía se acerca un poco al lujo; o con la mascota de la casa, el bulldog Travis, al que le toca sacar a pasear.

Estructurada la trama rítmicamente a lo largo de una semana, con la rutina diaria de Paterson, dentro del ciclo habitual en que consiste la jornada –levantada, paseo hasta el trabajo, intercambios dialógicos con los colegas, conducción, vuelta a casa, paseo del perro, cerveza en el bar…–, siempre hay elementos que aportan la novedad –comentarios de uno u otro pasajero, una avería, sucedidos entre los que frecuentan el bar, ir a ver una película de cine en blanco y negro…–. En cualquier caso, el observador Paterson se muestra inspirado por lo que ocurre a su alrededor, y en su cuaderno secreto de notas, escribe sus poemas, que sólo conoce Laura, que los aprecia mucho” (José María Aresté)

“La belleza de las cosas simples. Suena a tópico, pero así es. El arte de la repetición, o como construir un relato lúcido (y a ratos también lúdico) a partir de la reincidencia no solo de las mismas situaciones, si no en la manera de encuadrarlas y modularlas. Porque el tono es esencial en el cineasta, más que en cualquier otro, y esta vez el tono es cinematográfico pero pautado por la creación poética. Otro detalle precioso: los sonetos de Paterson son leídos por él mientras los escribe y Jarmusch sobreimpresiona el texto en la imagen, dos informaciones al mismo tiempo que, lejos de ser retóricas, nos acentúan el placer de mirar y el de escuchar” (Quim Casas)

Más información:

http://cineytodolodemas.com/paterson/

http://www.jotdown.es/2016/12/una-semana-paterson/


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