naves


He abierto el balcón.
No te asustes,
no es esto el vértigo que anuncia la caída
sino permanecer inmóvil, dentro, tras los muros.
El vértigo es no saltar.
Es mi gesto de todas las mañanas; abrir el balcón,
leer el periódico, escuchar las noticias
y reunirme, quizá no del todo, conmigo misma
en esta elección diaria de permanecer aquí, todavía.
La realidad, a primera hora, ya está sellada.
Con el balcón libre y despejado,
asomada a un abismo que siento dentro
me pregunto cómo puede esta calma
formar parte del naufragio.
Es el tiempo del temblor,
del canto en este borde difuso al mediodía
donde la luz no vence y es la lluvia
la que dicta su palabra sin pausa:
lo malo es lo que anuncia.
Este es el equilibrio
en el que sostengo no sólo mi taza
sino el mundo golpeando
una y otra vez en los cristales.
He abierto el balcón.
Pero yo… miro hacia arriba.
Imagino el peso del espacio.
Estoy sosteniendo el aire.
Miro hacia arriba.
Estoy esperando, siempre,
a que vengan a buscarme.

Autor: Tulia Guisado

Fotografía de Noell S. Oszvald

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