familia de acróbatas con mono (Picasso, 1905)

2 Juliol 2017

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“Todo empezó en 1887, cuando Picasso aún adolescente sucumbió al encanto de Rosita del Oro, amazonas del Circo Tívoli de Barcelona, quien le abrió las puertas del mundo mágico del circo, no sólo del espectáculo, sino de su trastienda, de la vida cotidiana de payasos y saltimbanquis, con sus incesantes entrenamientos, sus dificultades y alegrías.
Sus obras de entonces aún no reflejan este entorno que tanto le atrae. Será sólo tras su llegada a París y su encuentro con los artistas y bohemios, que frecuentan las compañías ambulantes instaladas en los bulevares, cuando los personajes circenses, voluntariamente mezclados con los de la Commedia dell´Arte, se convierten en un referente constante de sus obras y Arlequín hace su entrada triunfal en la iconografía picassiana.

Los dibujos de saltimbanquis y amazonas, trazados con líneas sutiles y certeras, surgen de la penumbra, realzados por las paredes azul oscuro de un montaje, que evoca el ambiente circense con luces que parecen cuerdas de tramoyas o látigos para los caballos.” (Roberta Bosco)

1905 fue el año en el que Picasso empezó a introducir en sus lienzos las variedades cromáticas del rosa. Desde el invierno del año anterior, el pintor vivía ya en París de una manera más o menos permanente, en el Bateau Lavoir, edificio situado en la colina de Montmartre. A la denominada Época Azul siguió la Época Rosa.

La temática de esta etapa de la obra de Picasso es la vida circense, que encuentra su justificación en las frecuentes visitas al circo Medrano, que sustituye al mundo de los desamparados de la época azul. En el circo se encuentra con un mundo de color, protagonizado por saltimbanquis, acróbatas y arlequines, pero que, lejos de llenar sus lienzos de alegría como muchos suponen en este periodo, no dejan de imprimirles ese halo de misterio y tenebrosidad que hallábamos en su anterior periodo. El notable cambio en este ciclo, apartando la temática, se encuentra también en su paleta, que abandona los tonos fríos para refugiarse en los cálidos, sobre todo en el color rosa.

Sin embargo, estos arlequines, payasos y acróbatas están impregnados de un sentimiento de melancolía que los acerca a los personajes del periodo anterior. Muchas de estas obras están ejecutadas en una técnica mixta de aguada, acuarela y tinta. La elección de estos nuevos medios fue inducida por las dificultades económicas, que en aquellos momentos impedían a Picasso adquirir telas y colores al óleo. No era, con todo, ésta la única razón: deseaba volver a un estilo más clásico, y para lograrlo se valió de las técnicas que había aprendido en su época de la Academia.

En la Familia de acróbatas con mono, este nuevo lenguaje se obtiene por medio del orden geométrico de la composición, la correcta utilización de los llenos y los vacíos, el dibujo elegante y armonioso y una atmósfera más serena, si bien en los rostros de los acróbatas se percibe una cierta melancolía. Y es precisamente en el modo de tratar los rostros y la composición de las figuras donde esta obra recuerda algunas obras maestras renacentistas, como algunas Sagradas Familias de Rafael.

Un arlequín demacrado sentado junto a su esposa con su hijo. A la derecha de la mujer hay un animal, un mono, contemplando atónito -escéptico- a la pareja.


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