red de pesca (Sorolla, 1893)

9 Juliol 2017

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Los barrios pescadores, las casas y aparejos de este trabajo duro y primitivo, ofrecían a un pintor de vocación realista y técnica impresionista un tema excelente. El Cabañal era un reducto de tipismo que no pasó desapercibido ni a la escritura de Blasco Ibáñez ni a la pintura de Sorolla.

Las paredes encaladas de sus humildes moradas le brindaban la posibilidad recrearse en el complicado juego de blancos que origina la luz solar sobre ellas y sobre el resto de elementos, desde el brillo cegador del dintel o de la parte anterior del patío hasta las tonalidades blanquecinas y azuladas que dibujan en el suelo las sombras de un emparrado.

En este oasis de tranquilidad, perfumado por el aroma de un pequeño vergel -apropiado contrapunto cromático donde se exaltan los complementarios – una joven que usa la pañoleta y el delantal tradicionales y luce una flor en el moño ayuda a un viejo pescador a preparar las redes. El portal de acceso permite observar las barcas varadas en la arena y una minúscula porción de mar; sin embargo, otros detalles igualmente reveladores como la jaula para el pajarillo, el arbolito que pegado a la pared se eleva tras la mujer- probablemente un jazminero- o la cuerda sobre la que se dobla la ropa tendida, evidencian la familiaridad y el conocimiento de quien está acostumbrado a deambular por la zona e incluso veranear en ella.

Tampoco la postura encorvada del pescador no es indiferente y marca el esfuerzo y la tarea ardua en el cuerpo ya vencido del anciano.

Acerca de Las redes se ha dicho también y no sin razón que establece un muy digno antecedente de Cosiendo la vela, que pinta tres años más tarde.

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La escena describe a unos pescadores remendando una vela en el patio interior de una casa en el Cabañal, bajo la sombra de un emparrado. Sorolla juega con la luz, tan peculiar del Mediterráneo, que atraviesa la frondosidad de las hojas e ilumina con diferentes tonalidades todo el ambiente, aunque sin grandes contrastes. Tanto la lona como las enjalbegadas pilastras del emparrado, los muros del fondo, la tierra y el verde exaltado de la fronda, reflejan una luz que inunda el ambiente con centelleo cristalino, rebajando los contrastes de tal modo que apenas has y diferencia tonal entre las luces y las sombras.

Cosiendo la vela es otra obra importante de Sorolla, como solución de problemas técnicos de luminosidad. A la derecha del cuadro, varias jóvenes, algunas bellísimas, cosen la vela; a la izquierda, un pescador, con su gran sombrero de paja, la sostiene; al fondo, otra mujer, sentada en tierra, cose también, y un anciano pescador examina lo hecho.

Un cuadro en el que las flores están alineadas en un orden geométrico, las dos partes del jardín de la entrada a la casa y hasta la perspectiva muestran un modernismo que, sin desdecirse en sus presupuestos principales , alberga un representación típicamente costumbrista, la de los pescadores y sus mujeres separando una vela del barco: pero al mismo tiempo modernismo y costumbrismo aparecen como una especie de marco de exaltación de lo que es el principal protagonista del cuadro, el color blanco, que explota en sus muchos matices ante el ojo del espectador y en esta prodigiosa red que es casi un portentosa vestido.


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