la Venus dormida (Paul Delvaux, 1944)

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Tras haber experimentado con el realismo, el fauvismo y el expresionismo, Paul Delvaux (1897-1994) descubre la obra de Magritte y Giorgio de Chirico. El surrealismo se convierte en la revelación más decisiva para el artista, aunque él mismo no llega nunca a considerarse propiamente un pintor surrealista. Le interesa más la atmósfera poética y misteriosa del movimiento que su lucha iconoclasta, por lo que, a partir de la década de 1930, crea un universo propio y original, libre de las reglas de la lógica universal, y que se sitúa entre el clasicismo y la modernidad, entre el sueño y la realidad.

Su obra destaca por la unidad estilística y está marcada por un ambiente extraño y enigmático. Sus protagonistas, de la mujer a los trenes, pasando por los esqueletos y la arquitectura, son parte de este universo, seres aislados, ensimismados, casi sonámbulos, que se ubican en escenarios a menudo nocturnos y sin relación aparente; el único vínculo entre ellos son las propias vivencias del artista.

En una urbe antigua iluminada por la luna, Venus yace dormida en un estilizado diván. Observan a la bella, un maniquí y un esqueleto. Al fondo se ve a un grupo de féminas desnudas agitando las manos al cielo nocturno y más a lo lejos una más, abrazada a una alta columna. En primer plano, además, otra mujer- muy parecida a Venus durmiente- agita el brazo ansiosamente haciendo una señal.

El maniquí -representando a Venus vestida- mira hacia el esqueleto. Y el esqueleto -¿la muerte?- mira hacia Venus dormida en el diván.

En este paisaje clásico nocturno un grupo de mujeres desnudas secundan a Venus; hay una mujer desnuda con el brazo levantado. ¿A quién llama? Su mirada es indescifrable. Al fondo hay tres mujeres de las cuales no se sabe si ejecutan una danza macabra al modo de las brujas o suplican como plañideras. Una cuarta mujer, más atrás, está arrodillada y abraza una columna que algunos críticos han interpretado como símbolo fálico de inequívoca influencia freudiana.

El desnudo pertenece a lo íntimo, a lo erótico, pero nunca a lo cotidiano (irónicamente). En el caso de la obra de Delvaux el desnudo está asociado a la muerte, a universos siniestros, surreales.

paul-delvaux-venus-dormida-1932El interés de Delvaux por el motivo de la Venus dormida se remonta a 1932, cuando visita el Museo Spitzner, una de las principales atracciones de la Feria de Midi de Bruselas, que exhibe figuras de cera para mostrar avances quirúrgicos, enfermedades y deformaciones humanas, junto a otras curiosidades conservadas en botes de formol. Le impresiona sobre todo una pieza que se titula precisamente La Venus dormida y, ese mismo año, pinta su primer lienzo sobre el tema, reinterpretándolo después en múltiples ocasiones con variaciones sorprendentes.

En esta versión de 1932 la ejecución es especialmente original. Delvaux estaba entonces próximo al expresionismo y en ella puede verse la influencia de James Ensor, sobre todo en el recurso a lo grotesco y en la atmósfera extraña que lo invade. Todavía no ha creado su universo surrealista, pero ya muestra algunos elementos esenciales como la mujer, el esqueleto, lo insólito, la angustia…

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