aquelarre


El ojo muerto
busca su cadáver
en las calzadas del aquelarre.
Sobre el tejado
el desorden de las luces
espera la sortija del muñón.
Las piernas marchitas en las criptas
no sueñan con las sillas
abrazadas a la soledad del hueco.
Aun así el baile está por comenzar
y las vírgenes exhiben su ignorancia
al final de una historia que no llega.
No hay más lugar para muertos
en la fiesta que consume sus entrañas.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Fuente original:

https://paramiuncortado.wordpress.com/2017/05/08/aquelarre/

Ilustración: Goya, “El aquelarre o El Gran Cabrón” (1823)

El aquelarre o El gran Cabrón como también se le conoce, representa una reunión de brujas y brujos frente a satán que ha sido representado como un macho cabrío de gran tamaño. Parece ser que la obra representa la iniciación de una nueva bruja que sería la mujer que está junto al cabrón ataviada con una túnica blanca que le cubre incluso la cabeza. El demonio por su parte queda en la penumbra y al situarse de espaldas al espectador tampoco se hace visible su rostro. En el extremo opuesto encontramos una mujer sentada en una silla y ataviada con una especie de toquilla negra cuyo rostro también queda desdibujado. La obra consigue una gran sensación de movimiento circular con la posición del grupo.

Todas las figuras tienen aspecto grotesco y sus rostros están fuertemente caricaturizados, hasta el punto de haber animalizado sus rasgos. Por otro lado, la paleta es, como en todas las Pinturas negras, muy oscura, con abundante uso del negro. Algunas manchas de blanco muy veladas traslucen sombras también oscuras, y el resto de la gama va desde los amarillos y ocres hasta las tierras rojas con alguna pincelada a manchas azules.

El hecho de que esta pintura haya sido realizada por un anciano, amargado, solo y sordo, acentúa la expresividad, el dramatismo, y la monstruosidad de la obra, típicas características de las Pinturas Negras. La obra se mueve únicamente en tonos oscuros y negros, y representa una reunión de brujas, presidida por el Cabrón.

Nos produce la sensación completa de un espectáculo macabro, que representa el mundo de los miedos, pesadillas y emociones del artista, características precedentes del Romanticismo. La paleta sucia, colores mezclados con el negro y un fondo desasosegante de tono oscuro y marrón. La luz es expresiva y se centra en las figuras de delante, dejando al Cabrón oculto en las sombras.

Goya expresó de modo estremecedor su visión del mundo. Una multitud deforme y sombría adora al mal. Va más allá de una imagen aterradora.

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