el dios en el que creo


Ese dios en el que creo,
suele mostrarse ante el mundo,
como uno más.
Tan mortal y vulnerable,
tan de carne, hueso y deseos,
como una más.
Le diferencian del común,
la predisposición, la lucha,
el querer y poder
y un altruismo de serie
que despiertan incluso temores.
No tiene símbolos, los detesta.
Ni fervientes seguidores, es el quien sigue.
No camina sobre las aguas, teme ahogarse.
No ofrece sermones en las montañas, cree en la palabra.
No requiere sacrificios, ni delirantes penitencias.
Ni tesoros, ni plegarias ,
Ni palacios donde escenificar su obra.
A ese dios en el que creo,
lo encontrarás desescombrando Alepo,
deteniendo un ballenero,
en las aguas del Antártico,
empujando la silla de Miquel
para que pueda ver la mar,
deletreándole a Elina su nombre,
en una pared de Cabo Verde.
Combatiendo contra el olvido,
junto a los desheredados de otros dioses.
Ese dios en el que creo,
suele mostrarse ante el mundo
como uno más.
Tan mortal y vulnerable,
tan de carne, hueso y deseos,
como una más.

Autor: Txema Anguera

Ilustración de Silvina Berenguer

Los ángeles de Silvina Berenguer (Valencia, 1965) son ángeles actuantes que descienden del cielo, deambulan por la tierra transmitiendo mensajes de paz, sienten la nostalgia de su procedencia edénica o retornan al paraíso luego de haber derramado por doquier gracias abundantes. Herederos de los ángeles del simbolismo y del surrealismo, su muchacha-ángel que esgrime una espada, lejos de herir a nadie anuncia buenas nuevas como el fin de la violencia, el hambre o las guerras.

Custodios del alma y centinelas de luz, su inefable presencia catártica, enigmática, pero nunca inquietante, tranquilizadora más bien, inunda de mística serenidad paisajes oníricos de profundos horizontes impregnados de una iluminación crepuscular en los que predominan aterciopelados verdes, azules y malvas-

Sus ángeles sólo tienen en común con los de textos evangélicos, el halo envolvente y la hermosura de un cuerpo hierático presto a emprender el vuelo aunque sea con una sola ala. Perfectas figuras con la nuca desnuda ofrecida a la caricia, ya que siempre de espaldas miran al infinito cósmico, prestos a desplazarse allá donde haga falta un mensaje de esperanza, una confirmación de amor, un profundo deseo de paz interior. No amenazan, no hieren; son criaturas celestes que, como afirma el filósofo italiano Máximo Cacciari son seres de mediación que inspiran y conducen del misterio de lo visible a lo invisible. La atmósfera del Renacimiento italiano está bien presente en estos cuadros de Silvana Berenguer.

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