días de invierno

15 febrer 2018


“Cuántas noches aún, en sueños,
me abro el vientre
para volverte a él”

(Begoña Abad)

Mi madre me obliga
a estirar las piernas
y doblar los brazos
ejecutando los ejercicios
prescritos por el fisioterapeuta
pero yo sé
que ya no comeré
que mi voz es un susurro
inaudible
que no caminaré
ni volveré a bailar

que son estos los últimos latidos

que la vida que me queda
es ya nada.

Madre,
deja que descanse,
no sigamos con mentiras.

Antes de cerrar los ojos
vi que me mirabas.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “Las hilanderas” (ISBN 978-84-9160-877-6)

Ilustración: Marianne Stokes, “La muerte y la doncella” (1908)

Marianne Preindlsberger Stokes (855-1927) fue una pintora austriaca que se formó en París, y más adelante estableció en Inglaterra.

La cara de la doncella es impresionante: se sabe enferma ¿tal vez tuberculosis?, se sabe con los días contados y, de repente, son pocos minutos los que le quedan de vida. Miedo, delirio, angustia, ¿un último suspiro de paz? Todo ello se refleja en su rostro.

La Muerte, representada simbólicamente como un ángel negro con cara de mujer, está sentada en su cama. La mano izquierda la tiene levantada, en señal de saludo o quizá de mensaje tranquilizador. En la mano derecha, lleva un farol…. símbolo que indica el camino… Y una de sus alas abraza a la doncella en un gesto de compañerismo. La cara de la Muerte no expresa ni alegría, ni pesar. Tampoco compasión. Desde mi punto de vista, es la fría cara de la Justicia o, expresando el pesar de quien cumple una difícil tarea.

Todos los artistas se han sentido fascinados por el culto a la Muerte; la belleza de las obras pictóricas es notable desde el medievo. Para el simbolismo será una seña de identidad.


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