insensatos relojes esperando


El tiempo se vuelve a veces
una suave guitarra melancólica.
Intocada y serena, incomprensible como
la sonrisa en un sueño,
el misterio tremendo,
la terrible dulzura
que trae de no sé dónde cada recién nacido.
Y mis ojos mirando hacia tu casa.
Todo lo que en el fondo jamás entenderemos.
Los ríos de estupor, horas de piedra
que se parecen tanto a tu silencio.
Que importa lo que hagas:
tú no eres lo importante.
Pues mi amor es más terco que la forma
de un cuerpo de mujer que se repite
en cada mujer nueva; en cada hombre
veo un pequeño dios desde que callas.
Mi amor gotea sobre los relojes,
cada gota de arena, cada segundo en cada
grano de tempestad
martillea tejados que no existen.
Lo ingobernable siempre, lo esperado,
lo que gasta la vida, lo que espera,
y un vago presentir
y un desconsuelo.

Autor: Olga Bernard

Fotografía de Rachael Putt

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