la mujer árbol


Una mujer es como una casa cuajada de brazos
que le nacen desde su tronco al árbol,
donde los pájaros hacen habitaciones
y tejen sus ciudades las arañas.

La mujer es un árbol que crece por donde quiere el tiempo
y tiene las paredes sembradas de ventanas
desde las que con toda libertad salen y entran los deseos
para aprender a volar desde sus espejismos.

Alguna vez la casa se derrumba
cuando algún viento excitado la azota impetuoso
y entonces se organiza la mudanza
desde la casa al árbol,
desde el suelo a las ramas,
desde la rama al tronco.
Y se edifica nueva sobre el solar vacío.
Y la casa que estaba a punto de derrumbe
es un palacio nuevo
donde cabemos todos los espíritus.
Una mujer es como un árbol que tiene muchas casas
donde viven los seres deshabitados de los bosques,
y en sus ramas anudan los lazos que abrazan fantasías
y las hojas son las manos delicadas o rudas
que acarician la piel a las estatuas.

Una mujer es una multitud de mariposas
empeñadas en parecer orugas
y es un proyecto inacabado siempre
y el puzle que muchos no quieren resolver.

Una mujer es una solución para un problema.
Como un reloj de precisión encaja
toda la pieza menuda en su estructura
y el engranaje de sus firmes mecanismos
sostiene la maquinaria de su agenda
almacenando amores y proyectos
en el complejo computador de su memoria.
Hay mucho proyectil y mucha baba suelta
dispuestas a disuadir su trayectoria
con el vuelo rasante de la desesperanza.
Pero esta mujer es una casa enorme
cuajada de puertas y ventanas
por donde entra la brisa y sale la desgana.

Autor: María D. Almeyda

Ilustración de Jeanie Tomanek

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