mujeres de vida galante (Paul Delvaux, 1962)

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El mundo de Delvaux tiene un inconfundible carácter onírico. Sus figuras femeninas vagan como sonámbulas por escenarios nocturnos, ofreciendo a la mirada del espectador su desnudez a la vez fría y sensual.

Paul Delvaux nació en Bélgica (1897) y aunque se formó como arquitecto su interés siempre fue la pintura. En un comienzo realizó ante todo paisajes naturalistas, pero a finales de los años veinte y durante la década del treinta comienzan aparecer en sus cuadros escenas de mujeres desnudas en paisajes urbanos, un tema que será persistente hasta su muerte en 1994.

En Mujeres de vida galante (1962), vemos tres mujeres desnudas caminando. En un primer plano, un desnudo frontal que se dirige hacia nosotros, en un segundo, una mujer nos da la espalda alejándose, y al fondo, una mujer en falda con el torso desnudo camina acercándose. El ambiente urbano de la escena muestra la arquitectura de Bruselas donde predomina el ladrillo rojo y nos recuerda que el artista es arquitecto. Al fondo de la calle en que transcurre la escena vemos dos tranvías.

Lo que parecería en un principio una escena realista se revela como una situación extraña y alejada de la realidad. Las figuras desnudas de las mujeres en una noche evidentemente fría resultan desconcertantes, y sus cuerpos, que contrastan con los elementos de la arquitectura, parecen igualmente fríos. Lejos del “objeto del deseo” con el que es habitual identificar el cuerpo de la mujer, estas figuras aparecen lejanas, distantes, como sonámbulas. Estamos más ante un sueño que ante una impresión del mundo real; y este efecto viene reforzado por la nitidez de las sombras que deja el resplandor blanco de una luna que asoma entre las ramas de los árboles del primer plano. Es esta luz y no la del alumbrado eléctrico la que genera las sombras.

Este escenario marcado por la irrealidad o el absurdo es característico del arte surrealista al que se asocia la pintura de Delvaux, aunque él no aceptó que se lo clasificara dentro de este movimiento. Reconoció, sin embargo, la influencia de Giorgio de Chirico de quien dijo haber aprendido el tratamiento de las calles desiertas con sombras de figuras que no pueden ser vistas. La obra de Delvaux es entendida en esta medida como la negación del objeto del deseo, que pese a estar frente a nosotros no puede ser alcanzado, pues es totalmente irreal y se presenta en situaciones paradójicas o pertenecientes al mundo onírico.

Las mujeres de Paul Delvaux recorren todo un mundo de desnudez que protege la sexualidad, pues no existe carnalidad en el estilo. En Paul Delvaux la carne blanca de sus figuras femeninas tiene que ver más con el proceso de la muerte y el goce de la vida.

paul-delvaux-los-astronomos-1961Las relaciones entre hombres y mujeres son en Delvaux problemáticas, lascivas pero reprimidas. La imposibilidad de comunicación carnal queda reflejada en la profusión de pinturas donde mujeres desnudas confluyen con hombres vestidos. Ellas posan indiferentes o en montajes lésbicos. Ellos las miran (o las espían). En “Los astrónomos” (1961) la escena es extraña: unos científicos hablan de sus cosas mientras unas chicas posan desnudas a su vera sin que parezca importarles.

Lo ilógico, lo extraño, lo representado. Sus obras más reconocidas comprenden a mujeres desnudas, extrañas mujeres que parecen hipnotizadas o sonámbulas, también los esqueletos, las estaciones y la arquitectura clásica son esenciales en la iconografía del belga.

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Por eso, entre otras muchas, es representativa del autor la pintura “The Visit of Ephesus” (1973) pues en ella aparecen los tres elementos sustantivos de su obra (trenes, arquitectura, desnudo femenino).

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