vía muerta (Anselm Kiefer, 1986)

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Esta pintura nos muestra un paisaje sombrío, gris, incinerado, en el que una vía de ferrocarril conduce desde el primer plano a un cruce en el que la pista se divide y sale en dos direcciones a ninguna parte. La evocación a los raíles en Auschwitz es evidente.

Anselm Kiefer nació en 1945 en Donaueschingen, al sur de Alemania. Su producción de las décadas setenta y ochenta gira en torno a la mitología, la historia, la religión y la simbología alemana, temas que el artista investiga profundamente y que utiliza de forma recurrente en sus obras como medio para evitar el proceso de amnesia colectiva ante las brutalidades y tragedias históricas de una Alemania desmembrada por la Segunda Guerra Mundial y en plena lucha por la restitución de su identidad como país. De esta forma, la cábala, los nibelungos, Adolf Hitler, el músico Richard Wagner o el arquitecto del nazismo, Albert Speer, son referencias comunes en su obra de este periodo que ha sido considerada un auténtico “teatro de la memoria”.

Sus trabajos, en los que se fusionan la pintura, la escultura o la fotografía, mediante técnicas como el collage subrayan la solemnidad y la naturaleza trascendente de su contenido no sólo por sus cualidades táctiles, sino por la violencia de su pincelada y la opacidad que transmite una paleta de colores casi monocroma, mezclada con materiales poco ortodoxos y endebles como plomo, alambre, paja, yeso, barro, ceniza o polvo, o flores y plantas reales, en contraste con la transparencia de su significado.

No es hasta comienzos de los años noventa cuando Kiefer, tras una serie de viajes por el mundo, comienza a explorar temas más universales, todavía basados en la religión, los simbolismos ocultos, los mitos y la historia, pero centrándose ahora más en el destino global del arte y de la cultura, así como en la espiritualidad y los mecanismos y misterios de la mente humana.

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En “Athanor” (1991) representa un edificio similar al Reichstag como un horno de ladrillo. El título se refiere al horno utilizado por los alquimistas para mantener la temperatura durante el proceso de convertir el plomo en oro, y la materia en el espíritu. Esta pintura es una metáfora de la turbulenta historia de Alemania, especialmente en lo que respecta a su arte y cultura. Creado en el momento de la caída del Muro de Berlín, el cuadro evoca los recuerdos de la destrucción de Berlín en 1945 y del fuego del Reichstag en 1933.

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